DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (Argentina 1811 - 1888)

Recuerdos de provincia (fragmento)

"Las publicaciones periódicas son en nuestra época como la respiración diaria; ni libertad ni progreso, ni cultura se concibe sin este vehículo que liga a las sociedades unas con otras y nos hace sentirnos a cada hora miembros de la especie humana por la influencia y repercusión de los acontecimientos de unos pueblos sobre otros. De ahí nace que los gobiernos tiránicos y oriundos necesitan, para existir, apoderarse ellos solos de los diarios y perseguir en los países vecinos a los que pongan de manifiesto sus inseguridades. "

domingo, 9 de agosto de 2009

LA OTRA CARA DEL DÍA DEL NIÑO

Hoy va de copiar un relato que por verídico sucede en todo el mundo, e inclusive con consecuencias y vivencias más graves aún.

Texto extraído de la revista ADN del diario La nación de hoy.

Daniela tiene 13 años y está en 6º grado en una escuela del norte argentino. Cuando forman en el patio de tierra colorada para izar la Bandera de la Patria, ella es la más alta. Se atrasó dos años porque ayuda en casa cuidando a sus hermanitos y a algunos hijos de los vecinos. Es una tarea que desarrolla muy bien y le gusta. De grande dice que va a ser maestra jardinera.
Una vecina le contó a su mamá de una sobrina que trabaja en Buenos Aires cuidando los hijos de una familia de plata: "A Verónica le va muy bien. Gana unos pesos y le hacen estudiar el secundario. Si sigue así, dicen que va a ir a la facultad".
La oferta era buena. A la Rusita -así le dicen a Daniela por sus cabellos rubios y ojos claros- le gustó la idea. Además, también en esos meses se habían sumado para probar suertes parecidas Maribel, Celeste y Guanda, que eran de familias conocidas de unos pueblos cercanos.
La despedida fue sencilla y sin mucha emoción. Daniela llevaba puesto un vestido rosado con puntillas blancas y los zapatos de la comunión, que le apretaban un poco, pero eran los únicos que tenía. Como estaba lloviendo mucho fue inevitable salpicarse con barro colorado. Las habían ido a buscar dos matrimonios en dos autos. Antes de partir se sacaron varias fotos con toda la familia y algún vecino.
Daniela llevaba un bolso pequeño y un osito "aviador" de peluche. Desde chiquita soñaba con poder mirar cómo serían las casas y los árboles desde el cielo.
Después de andar unas 5 horas pararon en una estación de servicio. Mientras compraban unas galletitas, sonó el celular de uno de los matrimonios. Con cara de preocupación uno de los hombres les dijo que las familias de Buenos Aires habían tenido que viajar de urgencia por unos días, y que esperarían en una casa por ahí cerca hasta que regresaran. Ya estaba entrando la noche. Hicieron dos horas más de viaje y algunas se durmieron. Llegaron a una casa rara y oscura cerca de una ruta, y allí las dejaron. Nunca más vieron a esos matrimonios.
Dos hombres y una mujer grandes llevaron a las cuatro chicas a una pieza con dos camas. Allí iban a dormir. Les dijeron que para pagar la comida de "esos días" y mandar plata a casa iban a tener que acostarse con algunos hombres y hacer lo que ellos les pidieran. Cuando Maribel dijo que no con un grito, la mujer le dio un sopapo que le hizo salir sangre de la boca, y uno de los hombres le pegó con el cinturón. Después se la llevaron, dijeron que a otra casa.
A las tres les sacaron la ropa que tenían puesta y les dieron ropa de "mujeres grandes", que ellas no conocían. Ellas sabían que dejar que los hombres les hicieran cualquier cosa estaba mal. Una vez la mamá de Guanda le contó que un vecino había violado a su sobrina y cómo le había arruinado la vida a la pobrecita. Ellas también habían escuchado que alguna compañera de la escuela o alguna vecina era sometida sexualmente por el papá o el padrastro o por alguno de los hermanos, y nadie las protegía.
Esa noche, ya muy tarde, las sacaron a patadas de la pieza y las hicieron "trabajar" por primera vez en otros sucuchos. Había mucho olor a vino, a cigarrillo, a humo. Se veía muy poco y la música estaba muy fuerte. Fue horrible.
"Sus leves huesos en cruz /meciéndose en suave luz/ el tipo que la acaricia / y ella novicia llorándose", tomado del tema Novicia, de Víctor Heredia, parece escrito para ellas.
A las dos semanas las separaron a las tres, y ya no volverían a verse. Permanecían unidas por el horror y el espanto.
Les retuvieron los documentos. Cada tanto las atormentaban mostrando la foto de la familia y amenazando con hacer mucho daño a alguno de sus seres queridos ya tan lejanos. Noche tras noche les hacían sentir la humillación.
A Daniela la llevaron a otro lugar y a los 3 meses, a otro; así, cada tanto la cambiaban. Varias cosas ella recuerda como "una vez". Y es así que "una vez" una de sus compañeras logró escaparse. A los tres días la encontraron y "la pagó cara". Le pegaron un buen rato delante de algunas, y otras cosas que la Rusita prefiere no contar. Era castigo para la fugitiva y advertencia para las otras.
En otra ocasión "una vez" escuchó en la radio una propaganda por el Día del Niño y se puso a llorar. Cada tanto le pasaba. Para el Día de la Madre, Día del Padre, Navidad... ¡Cuántos recuerdos arrancados y robados!
Como a los dos años la hicieron quedar embarazada. Así nació Lautaro. Una mujer grande se encargaba de cuidarlo mientras ella trabajaba. Si alguna vez se quejaba, ahora la amenaza era con "la luz de sus ojos".
Dos o tres veces al año caía la policía. Ella nunca supo cómo en esos lugares se enteraban antes y a las que eran más chicas las sacaban rápido en un auto que siempre estaba listo para escapar.
También la obligaron a drogarse y la hicieron adicta para tener un modo más de retenerla y obligarla a "portarse bien" con los clientes. Se acordaba de que cuando "era chica" portarse bien era otra cosa.
Una noche "falló" el aviso o no arrancó el auto, y llegó la policía.
La Rusita tenía 17 años. Algunos de los clientes se fueron. A los "dueños" del local los llevaron presos. No se sabe si por mucho tiempo.
Daniela no se acuerda en qué "casa de tolerancia" quedó su oso "aviador" de peluche. No se acordaba de sus sueños de maestra jardinera o de mirar las casas o los árboles desde el cielo. Había estado viendo la vida y los hombres desde el infierno.
La vergüenza y el miedo son sus compañeros permanentes. La primera le impide volver a casa y encontrarse con su gente. El segundo es por si la vuelven a secuestrar. Le cuesta mucho vencer la adicción. Y como una ventana hacia la esperanza, la mirada y la sonrisa de Lautaro le dan fuerza cada día.
Conoció días y días, horas y horas de pasillos y salas de espera: comisarías, hospitales, juzgados, oficinas, psicólogos, trabajadores sociales... En un par de ocasiones reconoció a dos de sus "clientes". No sabe si ellos la reconocieron.

A los 3 meses el prostíbulo volvió a abrir sus puertas con el nombre "Tus sueños hoy". Y aquí no ha pasado nada. ¿No ha pasado nada? ¿Podemos decir que aquí termina la historia de la Rusita?
Daniela, Maribel, Celeste, Guanda y cientos por año -también varones- son secuestrados con engaño o con violencia, y dedicados a la explotación sexual en las rutas o ciudades para la diversión (?) y el placer (?) de enfermos o sanos cómplices del secuestro, la tortura y la humillación de niños, niñas y adolescentes. Dinero, poder manchado con sangre que brota de los cuerpos frágiles y las ilusiones vulneradas. De víctimas y victimarios
La trata no es "un tema". Son vidas destruidas. Derechos pisoteados.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Internacional de los Derechos del Niño, la Constitución Nacional, las constituciones provinciales y hasta los libros sagrados de las diversas religiones son tirados al retrete más lleno de excremento con cada niño o niña que es secuestrado y torturado para el comercio sexual.

Durante el año pasado, en operativos policiales fueron rescatadas de las redes dedicadas a la trata de personas 257 mujeres, de las cuales casi 80 eran adolescentes. ¿Es esto todo? ¿O será la punta del iceberg y lo más grueso aún está oculto? ¿Pensaste, lector? Yo pienso lo mismo.
Con ocasión de la reciente sanción de la ley nacional Nº 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas ha habido excelentes artículos e investigaciones periodísticas que nos acercan esta realidad que nos duele.
Vivimos en una sociedad esquizoide o farisaica. Al decir de Jesús, "filtramos el mosquito y nos tragamos el camello". ¿Cómo?: prohibimos el uso de animales en el circo para diversión de los niños, pero no se controla y condena el uso de los niños para divertir a algunos adultos; o parece aceptable si son mayores de edad. Qué loco, ¿no? Y, además, a los lugares donde tales cosas suceden se les llama "casas de tolerancia". ¿Puede creerse?
En todo esto hay una "lógica" (?) perversa, que es la de pensar -o aceptar- que la sensación de vacío y soledad o de frustración afectiva de alguno deba ser "consolada" o saciada por una mujer (joven o adulta), obligada a hacerlo por dinero o por violencia.
O que ese "hombre", que suele comer en casa o reunirse con amigos, alguna noche "necesita" que alguien (una mujer) con poca ropa le sirva una copa, y que además por lo que paga esté habilitado para acariciar o reclamar caricia genital u otro sometimiento. Y que esto sea aceptado socialmente como "normal". ¿No será tiempo de proponer y legislar para que quien esta carencia tenga se arregle en casa como pueda? Para esos "hombres" que viven en la ciudad o trabajan en la ruta y se sienten solos y necesitados de afecto, ¿no habrá que pensar en construir en cada estación de servicio de combustible un gabinete psicológico para quien esté deprimido, y una máquina que expenda bebidas y le susurre cosas chanchas al oído? ¿Parece ridículo esto? A mí también. Pero me parece más horrendo lo de ahora.
Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Ya vemos qué producen los cobardes y corruptos.
Y nosotros, los adultos -todos-, debemos cuidar a nuestros pequeños con montones de ternura.
Los peluches deben ser guardianes de los sueños en tiempos de blanca inocencia, pero en casa.
Por Mons. Jorge Eduardo Lozano
El autor es obispo de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos

10 comentarios:

Nerim dijo...

Uno de los crímenes más horrendos que se pueden cometer es este precisamente. El abusar de niños y prostituirlos.
Y yo que estoy segura que las autoridades saben muy bien quienes son estos traficantes de niños.. y mi pregunta es ¿porqué lo permiten?, ¡¡Dios mio!!, es que no tienen sentimientos? ¿Como es posible que puedan reabrir un prostíbulo al de pocos días de haberlo cerrado? Hay tantas preguntas que no tienen respuesta.

Un abrazo

Manel Aljama dijo...

Es algo terrible que sucede en todo el mundo y quizá agrabado aún más por la globalización. Mientras en los países civilizados se libera y legaliza la prostitución y, con ello, se quita el yugo de las prostitutas locales: Alemania, Holanda, por contra se acaba de enterrar a miles de muchachas menores que, sin ningún tipo de control o prohibición son vendidas como esclavas y llenan los burdeles de media Europa.
En el tráfico de niños hay demasiada gente influyente implicada. Esa es otra pata del problema.
La ecuación: pobreza+ignorancia=esclavitud se cumple aquí y en la India. La esperanza es que alguno de estos bandidos de tanto en tanto muere a manos de los suyos...

Roberto Malasquez dijo...

eso sucede en mi pueblo.en mi pais en cada rincon del mundo.los padres que realmente aman a sus hijos son los unicos que pueden evitar estas historias de miseria humana.solo los padres .no las leyes.pero aun en lo mas terrible , siempre hay una luz d e esperanza .

tia elsa dijo...

Pensar que si no existieran quienes buscaran ese tipo de placeres con simples niñas, no habria trata de personas, por eso es tan condenble el rapto como quienes buscan este tipo de placeres. Son historias muy tristes que también tienen que ver con la pobreza. Besos y gracias por difundirlo tía Elsa.

Abuela Ciber dijo...

Relato espeluznante.

Pero duele más la descidia de las autoridades de todo tipo y de la sociedad que da vuelta la cara cuando pasa frente a un ser marginado.

Saludos

Otro mono del montón dijo...

¿No se le ocurrió al obispo charlarlo con Dios en lugar de escribir a un suplemento del diario La Nación?

JAVIER AKERMAN dijo...

Tremendo, dramático y realista relato, querida Rosa María,
Reflexionar sobre él ser sentir el peso del dolor y la vergüenza en el alma.
Un fuerte abrazo.

Eli dijo...

¡Hola RosaMaria!

Cuando vi el título de tu entrada en nuestra lista del castillo pensé que hablarías de pobreza...pero hay una miseria peor que la pobreza y es aquélla de la que trata el texto.

Me dolió doblemente leer cada palabra. Y hubo un comentario que me dejó pensando: "¿No se le ocurrió al obispo charlarlo con Dios en lugar de escribir a un suplemento del diario La Nación?".

Amiga: Tenés un comentario a tu poema en mi página.
¡Un Abrazo!

RosaMaría dijo...

AMIGOS...AMIGAS...
GRACIAS POR SUS COMENTARIOS.
POR SU COMPAÑÍA Y CARIÑO
a veces me pregunto porque no se hacen estas reflexiones los que tienen el poder de mejorar, sancionar, encaminar y poner coto a tanto desatino.
GRACIAS. BESOS PARA TODOS

Anónimo dijo...

La decisión la tenemos todos! Reaccionemos contra las autoridades corruptas, cómplices, contra un estado ineficaz...

Sin clientes no hay trata