domingo, 25 de noviembre de 2012

ALGODÓN DE AZÚCAR


La vi entrar, alta y delgada,
en su cabeza un batido
como de algodón de azúcar
pero tirando a amarillo.

Una sonrisa esbozó
con su boca botulínica,
que por el grueso pensé:
¡Recién sale de la clínica!

Con sus uñas puntiagudas
revolvía las revistas,
los ojos de un todo verde
sólo los chismes leían.

Tocó el turno de lavarle,
su amor propio estaba herido,
en la silla se achicó
cual pollo recién nacido.

¡Menudos ruletes eran
los que la chica ponía!
¡La misma Torre de Pisa
su cabeza parecía!

Lo malo fue el secador,
¡Qué el diámetro no les daba!
Empujando a cuatro manos
pudieron por fin entrarla!

La boca se abrió impaciente
cual rojo culo de mono
que en el zoológico vi
siendo yo una adolescente

Pagué, saludé y me fui,
aunque me hubiera gustado,
estar otro poco allí
para ver el resultado.

Se iría, alta y delgada
en su cabeza el batido
como de algodón de azúcar,
pero tirando a amarillo.

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A PESAR DEL TIEMPO

Rosas a la espera, nobles. Aún sin agua siguen abriéndose al sol, a la luz, esperando que alguien se asome a esa puerta añeja y despintad...