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| Turner, Storm, 1823 |
Algunos mezclando
pintura, música, escultura, poesía, locura, amor, humor, protesta, observación
especial del mundo que les tocó vivir.
Vidas con locuras parecidas a las de esta época, aunque
en otro contexto.
Viajes tortuosos, penosos y hasta trágicos por las
mencionadas condiciones que no
impidieron sino al contrario, propiciaron creaciones en todas las artes.
Artistas incomprendidos y perseguidos.
Increíblemente el artista surge y renace para concretar en obras magníficas inolvidables
e inigualables.
El poderío de la mente haciendo de todo ello el objetivo
principal de su vida transformándolo en
maravilla y utilizando el sufrimiento placer u observación para deleite de las
personas sensibles de las generaciones posteriores.
Obras que pueden gustar o no, que comprendamos o no, pero que es indiscutible que transforman y
muestran al mundo nuevos enfoques, cualquiera sea la disciplina que desarrollan.
Algunos se horrorizarán, otros las mirarán con
indiferencia, otros verán en ellas un cambio que quieren transmitir al mundo, otros
tendrán un acercamiento más rápido a ese cambio, un punto de vista diferente
que sin duda llevará a pensar e interactuar puesto que no solo existe lo
llamado “bello”, sino lo que expresa dolor, injusticia, reclamos, realidades
que no vieron, ni vemos, ni queremos ver.
¡Cuánto debemos al arte!
Lo cómodo y lo incómodo.
Lo incómodo sería
lo destructivo, que ya no es lo mío, prefiero quedarme con el arte de vivir
bien, que es el verdadero arte
Superación, empuje, pasión y atención puestos al servicio
del arte.
Sin ser artistas o creadores sobresalientes, medianos o
sin haberlo descubierto, solo el dedicar lo mejor de nosotros a lo que sepamos
hacer ya es una obra y un legado que no por ser poco grandioso es menos
importante.
Lo importante es
no dejar de lado la curiosidad por saber, experimentar o hacer.
Manos a la obra.













