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domingo, 28 de octubre de 2018

LITERATURA FEMENINA

Hiragana u Onna-de,"escritura femenina"


UNA DE LAS OBRAS LITERARIAS JAPONESAS MÁS VALIOSAS DEL PERÍODO HEIAN
(SIGLOS VI A X)

Los autores más conocidos de la literatura japonesa  son varones, desde Rampo Edogawa hasta Kenzaburo Oe –ganador del Premio Nobel en 1994-  pasando por  Soseki Natsume o Yasunari Kawabata.

En esa época, las mujeres tenían prohibido el estudio de los ideogramas chinos y su único modo de expresión escrita se limitaba  a un alfabeto simplificado  y cursivo, el hiragana. Durante el período Heian los hombres se dedicaban a escribir prosa y poesía en chino, copiando modelos antiguos. A las mujeres no se les permitía el acceso a los mismos niveles de educación que a los hombres, entonces ellas hicieron suyo el hiragana que era muy útil para describir sentimientos,  se conoce  con el nombre alternativo de onna-de, "escritura femenina". Hay que decir que también algunos hombres empezaron a componer poemas utilizando el hiragana, cuando se dirigían a las mujeres como parte del galanteo.
Sin embargo,  si  nos retrotraemos hasta el período Heian –año 794 al 1185-  descubriremos que quienes se
destacaron y produjeron los textos  más valiosos de la época, han sido dos mujeres: Sei Shonagon, que
escribió “El libro de almohada”, una serie de apuntes personales guardados en los cajones de la almohada de madera que las mujeres utilizaban para reclinarse, y Murasaki Shikibu, autora de la novela “La historia de Genji”.


Sei Shônagon, era un apodo, su nombre lo desconocemos, era hija del poeta Motosuke y se
desempeñaba como dama de la corte de la emperatriz Sadako, se casó varias veces y cuando la
emperatriz murió, permaneció entre siete y diez años aún en la corte y, posteriormente, se ordenó religiosa budista. Hasta el final de su vida vivió errante, manteniéndose gracias a las limosnas.
Bajo el título de "El libro de la almohada" -"Makura no soshi"-, escrito en  el año 996, Sei Shonagon
retrató la vida palaciega,  mediante distintos géneros literarios, en anotaciones y pequeños cuentos
que ilustran sobre la sensibilidad  japonesa. Breves reflexiones sobre aspectos de su vida que
escribía unas pocas líneas cada día, al final de la jornada, justo antes de dormir.
Su obra, como género literario - zuihitso o “miscelánea” - tuvo amplia raigambre posterior en Japón.
Encontramos allí numerosas impresiones personales y poéticas, referidas especialmente al cambio
de estación y a todo tipo de apreciaciones estéticas.

En sus escritos es muy potente la presencia  de la naturaleza, Su texto está plagado de anotaciones
sobre la floración, el tiempo, la belleza o rareza del entorno natural. También sobre las mutaciones
inesperadas y repentinas de esa naturaleza que observa, de las que aprende, y que pone en relación
con sus estados anímicos y con su propio yo.
"En el tercer día del tercer mes, me agrada ver el sol que brilla sereno en el cielo de primavera, afirma
 en un momento dado. Es entonces cuando florecen los duraznos. ¡Qué espectáculo nos brindan!".

Por otra parte, la vista del amante se reseña en el libro con una habitualidad que nada tiene que
envidiar a la pasión francesa por los escarceos amorosos. No en vano Sei Shonagon apunta:
"Cuando trato de imaginar cómo puede ser la vida de esas mujeres que se quedan en casa,
atendiendo fielmente a sus maridos, sin vísperas de nada, y que a pesar de todo se creen felices,
me lleno de desprecio".

Dada su experiencia en asuntos galantes, la autora hace algunas reflexiones muy jugosas:
"En verdad, el amor que se siente por un hombre depende en buena parte de sus despedidas.
Cuando salta de la cama, va de un lado para otro, se ajusta la faja del pantalón, levanta las mangas
de su capa de corte, o de su traje de caza, se mete sus pertenencias entre su ropa y asegura su faja
exterior, una ya empieza a odiarlo".


"El libro de la almohada" abunda en listados de cosas "agradables" o "elegantes" o "inconvenientes",
y trasluce lo importante que era en la Corte el conocimiento de poemas chinos, sobre cuya correcta
 memorización se llegan a realizar encarnizados concursos.



Lo más brillante del libro es la narración de los supuestos retos que el Emperador de China hizo
al Emperador de Japón. En cierta ocasión, mandó un leño redondo, lustroso y hermosamente
trabajado, de unos dos pies de largo y preguntó: ¿Cuál es la base y cuál es la parte superior?
Como no era posible saberlo a simple vista, se consultó a un anciano. Éste recomendó ponerlo
en la corriente de un río, de modo que la parte que quedara río abajo, la más ligera, sería la superior.

Además del  Makura no Sōshi, compuso la colección de poemas Sei Shonagon-shu.  Es, también,
una de las poetisas del  Ogura Hyakunin Isshu,  juego de cartas tradicional en el que son
 fundamentales la memoria y los conocimientos poéticos de los participantes.
Jorge Luis Borges seleccionó, anotó y tradujo la obra con ayuda de María Kodama.
Octavio Paz,  admirado ante la belleza y la transparencia de su prosa, descubre en ella un mundo
milagrosamente suspendido en sí mismo, cercano y remoto a un tiempo, como encerrado en una
esfera de cristal.

ANOCHECE

Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis
notas por completo, haciendo un último esfuerzo.

Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser
conocidas por nadie. Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer
malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas.
Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice
el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme.

Un día, el ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz
 me preguntó:"
¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de Historia".
Entonces yo le contesté:
"Si fueran míos, los usaría como almohada". La Emperatriz me dijo: "Entonces, quédatelos", y
me los dio.

Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos.
Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles.
Si hubiera elegido temas que las demás personas consideran interesantes o espléndidos,
o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar
mis escritos, tendrían derecho a afirmar "conocemos sus sentimientos".
En otras palabras, la crítica sería admisible.

Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente
lo que sentía.
Nunca esperé recibir, sobre estos escritos casuales, comentarios tan importantes como los que se
dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores
aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así:
conozco la mentalidad de aquéllos que hablan bien de lo que detestan, y critican lo que les gusta.
Por eso todavía lamento que hayan leído mi libro.


Sei Shonagon, con un lenguaje refinado, a veces cínico e incluso pueril, nos devuelve siempre un incisivo retrato del modo de vida y las costumbres japonesas de su tiempo. Abundan las enumeraciones de cosas:
     COSAS QUE EMOCIONAN

Pichones de gorrión.
Pasar por un lugar donde juegan niños de pecho.
Ver un espejo extranjero con su luna manchada.
Una persona de alta condición detiene su carroza, y ordena a su sirviente que solicite una cita.
Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
Lavarme el cabello, maquillarme y vestir ropas perfumadas.
En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento,
sin motivo y de repente me sobresalto.

COSAS ODIOSAS

Tengo prisa y mi visitante me impide partir al quedarse charlando. Si es alguien sin importancia, me 
desembarazo de él diciendo: "Me hablará de eso la próxima vez", pero si es de esas visitas que          
 merecen mi mayor cortesía, la situación se torna verdaderamente odiosa.

Encuentro un cabello pegado al suzuri (piedra en que se frota la barra de tinta, y se moja el pincel) 
en el que estoy frotando mi sumi (barra de tinta) o arena depositada en éste, la cual produce un ruido desagradable, chirriante.
Un hombre sin ningún encanto especial discute sobre toda suerte de temas al azar, como si lo supiera
todo.
Odio el espectáculo de los hombres borrachos que gritan, se meten los dedos en la boca, 
se mesan las barbas, y pasan el vino a sus vecinos gritando "Toma otro poco, bebe". Y tiemblan, 
sacuden sus cabezas, desfiguran sus caras, y gesticulan como niños que cantaran 
"Vamos a ver al gobernador". 
Vi cómo personas bien nacidas se comportaban de este modo y me repugnó.
Envidiar, compadecerse de la propia suerte, hablar de los otros, mostrarse inquisitivos por los 
asuntos más triviales, ofenderse, insultar sin motivo, o en caso de haber estado sonsacando 
información sobre cierto hecho, divulgarla después del modo más detallado a otros, como si se 
hubiera sabido todo desde el principio. Odioso.
Alguien nos va a contar alguna novedad interesante, y un bebé empieza a llorar.
Una bandada de cuervos vuela en círculos con estridentes graznidos.
Un admirador llega en visita clandestina, el perro lo avista y ladra. Una desearía matar al animal.

He cometido la locura de invitar a un hombre a pasar la noche en un lugar poco conveniente, y 
comienza a roncar.
Un caballero nos visita en secreto, y si bien lleva un eboshi (sombrero de la época, levantado y 
angosto), recela que alguien pueda reconocerlo, tan aturdido está que al retirarse golpea contra

algo con su sombrero.
Realmente odioso. 


Igualmente irritante es que al levantar la celosía que cuelga a la entrada de la habitación, 
la deje caer produciendo un fuerte ruido. Y tanto peor cuando es pesada y el estruendo es mayor. 

Descuidos como éstos no merecen perdón. Si se levantan con delicadeza las cortinas, al entrar o 
salir, no ha de producirse el más mínimo ruido. Pero, si nuestros movimientos son rudos, hasta las 
puertas de papel se torcerían y chirriarían. Hay que levantarlas apenas y empujarlas de modo que se 
deslicen silenciosamente.
Me he acostado y estoy por adormecerme, cuando se presenta un mosquito, con estridente zumbido.
Y hasta me parece sentir la corriente que levanta con sus alas. Aún sabiendo que es un ser insignificante, 
lo encuentro detestable.

Un caballero que va solo en su carruaje para ir a una procesión o algún otro evento. ¿Qué clase de 
hombre es? Aun sin ser un individuo de rango muy alto, bien podría llevar a algunos muchachos 

ansiosos por asistir al mismo espectáculo. Pero no, se instala solo –pues puedo distinguir su silueta 
a través de las cortinas– con aire de ensimismamiento, y se reserva todas sus impresiones.
Un carruaje pasa rechinando. Me irrita pensar en sus ocupantes que no se percatan de eso. Si yo 
viajara en un carruaje ruidoso, detestaría no sólo el carruaje sino también a su dueño.
Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que 
es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona. Como lo son también quienes, 
niños o adultos, intentan adelantarse dando empujones.

Estoy contando una historia sobre los tiempos antiguos, y alguien me interrumpe para agregar un 
detalle que casualmente conoce, el cual da a entender que mi versión es inexacta. 
Abominable proceder.
Algunos niños han venido de visita a mi casa. Los mimo y les doy juguetes para que se distraigan. 
Los niños se acostumbran a este trato y comienzan a venir regularmente, y sin pedir permiso entran
en mi habitación y desparraman mis accesorios y objetos. Detestable.
Cierto caballero a quien no deseamos ver nos visita en casa o en palacio, y simulamos dormir. Pero 
una sirvienta viene a avisarnos y para despertarnos nos sacude, con una mirada de reproche por 
nuestra pereza. Sumamente odioso.
Un novato se pone a la cabeza de un grupo, y con mirada vivaz, establece la norma e impone su 
parecer sobre todos. Aborrecible.
El hombre con quien estoy viviendo una aventura alaba a otra mujer. Incluso si se trata de una relación 
del pasado, es desagradable. Cuánto más si todavía la sigue viendo. Aunque a veces creo que no es 
tan desagradable.
Una persona que se desea salud a sí misma después de estornudar. En verdad abomino de todo 
aquel que estornuda, excepto si es el dueño de casa.
Las moscas también son odiosas. Cuando vuelan cerca de nuestras ropas, parecieran estar 

agitándolas.
El ladrido de los perros cuando es prolongado y a coro es de mal agüero y odioso.

Y cómo detesto a los maridos de las nodrizas. No tanto si la criatura que cuida es una niña, pues 
en este caso el hombre toma su distancia. Pero si es un varón, actúa como si fuera el padre, y sin
permitir que el niño se aleje de su lado, insiste en controlarlo todo. Mira a los otros servidores de
la casa como si fueran menos humanos, y si alguno intenta regañar al infante, lo desacredita ante el
amo. A pesar de su conducta ignominiosa, nadie se atreve a acusarlo, de manera que camina a 
grandes zancadas por la casa, con un aire engreído y vanidoso, dando órdenes a todo el mundo.
Un hombre sin ningún encanto especial habla de modo afectado y adopta poses de elegante.
Cortesanas deseosas de estar al tanto de todo.

Muchas veces, sin motivo, alguien me desagrada, y tiempo después hace algo detestable.

Un amante que se retira en medio de la noche se vuelve para decirnos que olvidaba su abanico
y papel. "Los he puesto por algún lugar anoche", dice. Y, a pesar de la oscuridad total, camina a
tientas por la habitación, golpeándose contra los muebles y rezongando.
"Extraño. ¿Dónde diablos podrán estar?". Hasta que por fin los encuentra. Se mete el papel en el
pecho con crujido, y abre con brusquedad su abanico, aventándose con movimientos bruscos.
Recién entonces se decide a partir. ¡Qué proceder falto de gracia! Odioso resulta un calificativo
demasiado suave.
Igualmente insufrible es el hombre que, al irse en medio de la noche, se demora atando el cordón
de su sombrero. Acción innecesaria, pues bien podría marcharse encasquetándose el sombrero
sin amarrarlo. ¿Por qué pierde el tiempo arreglándose la capa? ¿Piensa acaso que alguien puede
llegar a verlo a esas horas de la noche y criticarlo por no estar impecable?
Un buen amante se conducirá con elegancia tanto en la oscuridad como en cualquier otro momento.
Se deslizará de la cama con una mirada de consternación. La mujer suplicándole: "Vete, amigo, está
aclarando. Nadie debe verte aquí". El lanzará un hondo suspiro revelador de que la noche no ha sido
suficientemente larga y que abandonar a su dama lo hace sufrir. Ya de pie, no se vestirá de inmediato,
sino que acercándose a su amada, le susurrará todo lo que ha quedado sin decir durante la noche.
Inclusoya vestido, se demorará ajustándose el cinturón con gestos lánguidos. Luego levantará la
celosía y permanecerá con su dama de pie junto a la puerta, diciendo cuánto lamenta la llegada del
día que los apartará, y huirá. Verlo partir en ese momento será para ella uno de sus más deliciosos
recuerdos.

La elegancia de la despedida influye enormemente en el apego que tengamos por un caballero. Si salta
de la cama, ronda por la habitación, se ajusta demasiado el cinto, se arremanga y se llena el pecho
con sus pertenencias, asegurando enérgicamente su cinturón, comenzamos a odiarlo.

COSAS ENCANTADORAS

-Los objetos que se utilizan al jugar con muñecas de papel.
-Arrancar las hojas pequeñas de un loto que flota en el estanque.
-Las hojas de la malva pequeña son también deliciosas. Cualquier cosa, si es diminuta, resulta grata.
-El rostro de un niño dibujado en un melón.
-Un pequeño gorrión que viene saltando al imitar alguien el chillido de un ratón.
-También es delicioso cuando al atar a un gorrioncito con un hilo, sus padres le traen insectos o
lombrices y se los entregan en el pico.
-Una niña a la que están cortando los cabellos como a una monja, de manera que los ojos quedan
cubiertos, despeja su cara sin usar las manos, inclinando su cabeza a un costado pues quiere ver algo.
 Realmente encantador.
-Ver los tasukigake blancos y limpios de las niñas, ¡qué agradable sensación!
-Un paje de Palacio, todavía muy joven, camina con traje de ceremonia.
-Pollitos blancos con largas patas caminan de una manera graciosa; parecen vestidos con kimono
demasiado cortos, pían muy fuerte, y van tras las personas o rodean a la gallina. Ver esto es
sumamente grato.
-La flor de clavel silvestre.


COSAS SÓRDIDAS

El revés de un bordado.
El interior de la oreja de un gato.
Crías de ratón, todavía sin pelo, que salen retorciéndose de su guarida.
Las junturas de un abrigo de piel, que no han sido todavía cosidas.
La oscuridad en un lugar que da la sensación de no estar demasiado limpio.
Una mujer poco atractiva que cuida muchos niños.
Una mujer que enferma y permanece doliente durante largo tiempo. En el recuerdo de su amante no especialmente devoto de ella, debe de parecer casi sórdida.

PERSONAS QUE PARECEN SUFRIR
La nodriza que cuida a un bebé que llora de noche.
Un hombre que tiene relaciones con dos mujeres, y las ve disgustadas y mutuamente celosas.
Un exorcista, que tiene que habérselas con un espíritu obstinado, espera que sus encantamientos
surtan efecto de inmediato, pero varias veces frustrado, debe perseverar, rogando que sus esfuerzos
no acaben convirtiéndose en objeto de mofa.
Una mujer locamente amada por un hombre absurdamente celoso.
Los hombres poderosos que sirven en los primeros puestos, y cuya vida ha de ser tan placentera,
nunca se ven tranquilos.
Las personas nerviosas.



En el último fragmento de sus escritos, dice:
"Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e 
incluso peligrosas a otros, por eso he tenido cuidado en no divulgarlas”

El cineasta Peter Greenaway se inspiró en el Makura no Sōshi de Sei Shōnagon para la realización en
versión libre de su película “The Pillow Book“, un film de carácter iniciático en el que Nagiko
-narradora y protagonista- va contando su proceso de aprendizaje, simbolizado en el pasaje de ser
soporte de escritura a convertirse ella misma en “pincel”; y que tiene, como etapas intermedias, el
conocimiento del amor, de la muerte y de la venganza.  Hacia la mitad de la película, se hace una cita
del Makura no Sōshi que, en cierto modo, la resume: 

“Dos cosas no nos han de faltar: las delicias de la carne y las delicias de la literatura” 





Fuentes:
www.elmundo.es
correctoresenlared.blogspot.com.ar
es.wikipedia.org
www.terrazared.com.ar
http://www.revistadeartes.com.ar/revistadeartes36/literatura_sei_shonagun.html

lunes, 24 de octubre de 2016

HOMENAJE A GARCILASO DE LA VEGA: PRIMER ESCRITOR INDÍGENA AMERICANO





Octubre - Diciembre 2016 |
Museo del libro y de la lengua

La exposición conmemora los 400 años del fallecimiento del primer escritor indígena americano, el Inca Garcilaso de la Vega, y de Guaman Poma de Ayala, cronista peruano que recorrió el virreinato a principios del siglo XVII reconstruyendo la visión indígena del mundo andino.
Dos mestizos, que se reivindicaron como "indios", el Inca Garcilaso de la Vega y Guaman Poma de Ayala recogieron los restos de la memoria oral de sus pueblos, arrasados por el genocidio que supuso la conquista y colonización ibérica. Sus textos son un entramado de lenguas. Al quechua materno de Garcilaso se le suma su pasaje por la lengua toscana. Por su parte, Guaman Poma de Ayala ofrece una versión sincrética del texto bíblico, en la que el español convive con el quechua, el cañari, el aymara, y otras lenguas americanas. Letras incaicas ofrece entonces un recorrido por las transmutaciones que asumió la memoria indígena en una nueva configuración moldeada por dos de sus más conspicuos cultores.

La exhibición Letras incaicas intenta mostrar las dos formas de transmisión de las lenguas habladas en el incario. Si la llegada de Pizarro y sus huestes acabó con la posibilidad de desencriptar los archivos incas, hubo dos mestizos que se reclamaron a sí mismos “indios”, y que recogieron los restos de la memoria oral que aquellos sostenían. Así, compilando las voces de los quipucamayocs (los archivistas del Inca, especialistas en la escritura secreta de las quilcas, los nudos en cuerdas y los cálculos matemáticos realizados con la yupana), el Inca Garcilaso de la Vega y Guaman Poma de Ayala lograron reconstruir gran parte de la historia precolombina correspondiente a los Andes centrales y septentrionales. Pese a la evidente pérdida cultural, producto del genocidio que supuso la conquista y colonización ibérica, y asumiendo la nueva conformación cultural dominante, cifrada en la lengua española y la religión católica, hay una zona de continuidad entre el antiguo oficio del memorialista que detenta su código y las crónicas ofrecidas por estos dos estrictos contemporáneos de Cervantes y Shakespeare.



Su nombre de pila fue Gómez Suárez de Figueroa, hijo de un militar español, Sebastián Garcilaso de la Vega y de una princesa Inca, Chimpu Ocllo (quien fue hija de Huallpa Túpac, cuyo tío era Huayna Cápac y cuyos primos fueran Huáscar y Atahualpa), nació un 12 de abril de 1539 en el Cusco.

Letras incaicas se inaugura el 14 de octubre de 2016.

La exposición se podrá visitar hasta diciembre de 2016, de martes a domingos de 14 a 19 hs. en el Museo del libro y de la lengua.

miércoles, 18 de marzo de 2015

RAFAEL OBLIGADO (27-1-1851--- 8-3-1920)

EL ALMA DEL PAYADOR

Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando su alfombra
con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo
que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna
para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha, y un velo
va sobre el agua formando,
mientras se goza escuchando
por singular beneficio
el incesante bullicio
que hacen las olas rodando.


Dicen que, en noche nublada,
si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo
deja de intento colgada,
llega la sombra callada
y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto
entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas
como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche de aquellas
en que la Pampa se abisma
en la extensión de sí misma
sin su corona de estrellas,
sobre las lomas más bellas,
donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño
entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa
las blandas alas del sueño.


Mas si trocado el desmayo
en tempestad de su seno,
estalla el cóncavo trueno
que es la palabra del rayo,
hiere al ombú de soslayo
rojiza sierpe de llamas,
que, calcinando sus ramas,
serpea, corre y asciende,
y en la alta copa desprende
brillante lluvia de escamas.

Si entonces cruza a lo lejos,
galopando sobre el llano
solitario, algún paisano,
viendo al otro en los reflejos
de aquel abismo de espejos,
siente indecibles quebrantos,
y, alzando en vez de sus cantos
una oración de ternura,
al persignarse murmura:
¡El alma del viejo Santos!


Yo, que en la tierra he nacido
donde ese genio ha cantado,
y el pampero he respirado
que al payador ha nutrido,
beso este suelo querido
que a mis caricias se entrega,
mientras de orgullo me anega
la convicción de que es mía
¡la patria de Echeverría,
la tierra de Santos Vega!


Nació Rafael Obligado en un hogar de antiguo cuño porteño, el 27 de enero de 1851. Su infancia y su adolescencia transcurrieron, casi íntegras, en una estancia de sus padres - don Luis Obligado y Saavedra y doña María Jacinta Ortiz Urién - a orillas del río Paraná. Inicia estudios en la Facultad de Derecho, pero los abandona en breve. Su vocación lo lleva al estudio de los clásicos, antiguos y españoles, "ansioso de lograr, dice su hijo Carlos, el dominio de la expresión sobria y limpia, que no solía preocupar suficientemente a los jóvenes poetas de su generación".
Pasó gran parte de su infancia en la casa que la familia tenía a orillas del Paraná, donde aprendió a querer al paisaje, a sus criaturas y a la naturaleza.
El paisaje familiar deja en él huella muy honda, tal como la vemos en las Poesías, aparecidas en 1885, que se ampliarán más tarde. Muy corta, es verdad, pero ella basta para discernir a Rafael Obligado un lugar alto y de honor en Hispanoamérica.
Ya entrado en años se casa en 1886; tres años después, en 1889, le nombran correspondiente de la Academia Española. Viaja muy poco, sin alejarse mucho de su patria, y, en uno de estos viajes por las provincias mediterráneas argentinas, recoge los elementos de sus Leyendas.

Es uno de los fundadores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y su consejero y vicedecano en varias oportunidades. De ella recibe, en 1909, el doctorado Honoris Causa. Sus últimos treinta años nos lo muestran alejado de toda labor literaria. Siente vacilar su salud y se traslada a Mendoza hacia fines de 1919. Su existencia, dividida entre el estudio y la meditación, el hogar y el manejo de sus posesiones rurales y su fortuna, se extingue allí el 8 de marzo de 1920. Sus restos descansan en su ciudad natal: Buenos Aires.

(Fotos tomadas desde el AutoBus a mi paso por La Pampa)

domingo, 19 de septiembre de 2010

POÉTICA

de JOAQUÍN GIANUZZI (click en el nombre)

La poesía no nace.
Está allí, al alcance de toda boca
para ser doblada, repetida,
citada total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas,
aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil,
una taza azul.
Vio cada cosa solitaria y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano,
otro par de ojos,
otra flauta?
No agregue.
No distorsione.
No cambie la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...