No llovía, y aun así, él mantenía el
paraguas abierto como si en ese pequeño espacio pudiera retenerla. En la otra
mano las flores para su hija.
La avenida Santa Fe bullía de gente, él era el único que iba en dirección contraria y eso la obligó a detenerse.
Él la
miró con añoranza y ternura. Ella estaba más tranquila que sorprendida, como si
supiera que en algún momento de la vida se encontrarían nuevamente.
Las flores pasaron a manos de ella. Las
aceptó, y así quedaron mirándose debajo del paraguas que quedó abierto
para impedir que la gente los llevara en dirección contraria.