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miércoles, 13 de mayo de 2009

UN MÁGICO AMANECER

-¡Qué hermoso amanecer querida amiga, lástima que lo estropean esos que pasan por debajo de nuestra ventana peleando como perro y gato! - Pensó Gustavo sin mirar a Zulma
-Creo que se llevan peor que eso - contestó ella, adivinando lo que su amigo pensaba y sin ánimo para emitir sonido a esa hora de la mañana.
- Aún tenemos un rato más para estar juntos y admirar esa hermosa luna llena que se va poniendo tras los edificios – se decía él
- Es un disfrute estar así en tu compañía, me llena de serenidad, eres un encanto - elucubraba ella mimosa.
- No me gusta quedarme mucho tiempo quieto, pero es muy agradable disfrutar a tu lado, así, en silencio – pensaba Gustavo sin mirarla
Ella entendía muy bien lo que quería decir.
Todo era quietud.
El momento era maravilloso, de ellos y nada más.
Ninguno de los dos emitía sonido, solo se oía su respiración.
La hora mágica del amanecer los envolvía, se quedaron inmóviles.
No se tocaban, pero su postura en una rara simbiosis era la misma.
Se quedaron así por un largo rato, mirando esa quietud que los contagiaba de una gran placidez que los dos parecían disfrutar.
Ninguno hizo ademán de moverse, sabían que el otro estaba atento.
No querían romper ese momento donde flotaba entre los dos el cariño que se profesaban.
Las primeras horas de la mañana trajeron algo de niebla antes de que la luna se escondiera totalmente.
Un rayo de luz los iluminó de pronto.
Ninguno se inmutó, todavía vivían la magia de ese instante compartido.
Zulma pensaba – Qué lástima que ya se levantaron…
Mientras Gustavo se decía – Siempre nos interrumpen en nuestros momentos de solaz, ¡qué pesados!
En la calle, la pareja seguía peleando como perro y gato.
Ellos la miraban con pena y sabiduría.
La niebla iba dejando lentamente paso al sol.
Gustavo y Zulma siguieron así un rato más.





Foto de Gus y Sula, izquierda y derecha respectivamente, cedida por Pedro. http://enserioenbromayenlacocina.blogspot.com/

domingo, 12 de abril de 2009

PERROS VAGABUNDOS

La lluvia y el viento son intensos. Los caminos del parque están casi desiertos, los bancos solitarios.
Delante de mí un hombre sube la cuesta con dificultad. Su aspecto es oscuro. Su ropa, su mano izquierda y su paraguas siguen una línea sin interrupción. Parece mayor. ¿Cómo será ese rostro? Lo imagino dulce y arrugado por el paso del tiempo.
El viento me empuja hacia atrás, me retiene. Desacelero el paso pues la cuesta es bastante pronunciada. Las intensas ráfagas mueven mi paraguas que oscila como un trompo invertido a punto de detenerse. Mientras me afirmo observo varios perros que pasan a mi lado; el último, desafiante y fuerte, mira mi paraguas con gesto amenazador. Su pelo liso y negro brilla como sus ojos fieros.
- Quieto.... no pasa nada...- digo - Me mira recio. Le sostengo la mirada, esbozo una sonrisa sin mostrar los dientes. Gira y sigue hacia arriba. Cada tanto se vuelve y nuestras miradas se enganchan, al fin se mete entre los árboles y desaparece...
Ya no llueve. Sacudo y ajusto el paraguas, las varillas están torcidas, lo fuerzo un poco. Los árboles del parque dejan caer sus gotas sobre mí. Ráfagas de viento los sacuden sin piedad. También retrasan mi avance. Tendría que volver, no siento el paisaje igual que siempre. Entre los setos diviso los perros que siguen trotando hacia su destino.
El viento azuza al viejo que delante de mí camina con paso vacilante. Cabeza y hombros bajo el negro hongo mojado. Parece agobiado. Después de una leve indecisión, se sienta. Paraguas, mano, persona y banco en completa unión. Su aspecto introvertido me conmueve. Algo despierta mi curiosidad, no sé que es. Llego al banco y en un arranque de solidaridad me siento a su lado. No veo su cara, su paraguas está ladeado. Mientras acomodo las varillas del mío hay gran agitación en lo arbustos. Oigo gruñidos amenazantes.
Es entonces cuando observo inquieta a mi vecino quien en ese momento descorre el negro telón que lo cubría. Veo su rostro. Es un rostro crispado. Ojos abiertos, vidriosos, fieros. En su mano derecha un revólver. Instintivamente me pongo de pie y retrocedo. Grita con voz amenazante, ronca, dura:
- ¡Quieta! - ¡El dinero! - ¡El bolso!
Un feroz gruñido me sobresalta tanto como su gesto y el arma. Desde atrás de los arbustos una cabeza brillante y negra se acerca veloz. Los blancos dientes en actitud de ataque. El negro cuerpo se precipita hacia el hombre del paraguas, que gira su arma hacia él. Un...
- ¡¡Noo!! - profundo sale de mi garganta, al tiempo que tiro el paraguas a la cabeza del rufián. El perro es rápido y la sorpresa hace que el arma caiga mientras se dispara. Giro sin mirar y corro, corro barranca abajo.
El viento me empuja haciendo más fácil el descenso. No miro atrás. Los ruidos se mezclan. Viento. Ladridos. Gritos. Aullidos. Salgo del parque. Cruzo la calle y entro rápido en la cafetería. Llamo a la policía desde mi teléfono. Mi respiración agitada no me permite hablar coherentemente. Describo la situación como puedo. El camarero solícito me quita el móvil de las manos y continúa explicando:
- Ella está bien... - Siii… Cafetería Plaza...
Llueve en la calle y en mis ojos. Espero con un sollozo sin sonido.
- En la calle Industrial… Frente al Parque Santa Margarita -
Un grupo de perros vagabundos sale del parque.
Le digo quedo al camarero
- El perro negro no está -

El camarero informa al policía:

- Dice que mató a su perro -
Yo lo recuerdo:
Negro.
Fiero.
Amigo.

Deseo que no esté muerto.

El viento arrecia.
La tarde llora.
Yo también.

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...