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sábado, 28 de septiembre de 2019

CONVERSACIONES CON EL PAPEL 12

La vida da satisfacciones, alegrías, momentos entrañables que hacen más llevaderas las dificultades que puedan presentarse.  Mira que hermoso elefante papel:

Lo hizo mi sobrina que vino de Alemania... Qué hermoso fue verla después de tantos años! Entre tantos paseos por la ciudad se animó a venir a casa. Una reunión informal llena de cariño y sonrisas.
Sanwiches veganos y de los otros. Ensalada vegana de lentejas con tomate, cebolla y apio concasse. No entiendes nada papel, es que hoy es un escrito  informal, lleno de fotos que atesoro en el corazón. Te cuento que el elefante torta también es vegano, riquísimo, preparado por Melanie. 
Luego de dar cuenta de todo, nos fuimos a la terraza. Estaba fresco papel, pero la recolección de plantas se hizo rápidamente.
 También algunas explicaciones...
y la foto para la posteridad 
 Esta foto es más artística. Qué me dices papel, hoy no hubo charlas filosóficas, solo compartí contigo momentos mágicos y entrañables...
Seguro no esperabas esta sorpresa verdad? Puedo seguir contándote más cosas pero ya sé  papel, ahora termina mi verborragia (linda palabra) será hasta la próxima y gracias por tu paciente escucha.

jueves, 19 de noviembre de 2015

A LA LOCA ALEGRE


A la loca alegre
que un día
se llevó el viento
quiero decirle
esté donde esté
que mis recuerdos
todos los días
se la comen a besos.

lunes, 28 de julio de 2014

ES BUENO TENER MEMORIA...


Hoy acuden a mi mente innumerables anécdotas.
La salida del baile, ¡cuánta euforia!
El plantón en la esquina, ¡que decepción!
El encuentro en la estación de trenes,¡qué alegría!
La llegada a casa y la excusa tonta, ¡qué sensación de culpa!
La sonrisa inteligente de mamá, ella es fabulosa, ¡todo lo entiende!
La duda de si llamará o no llamará, uff... ¡qué alegría!
El reencuentro, el cine, el primer beso,
Cuánta dulzura, cuánta inocencia, qué timidez, ¡¡pero que gusto..!!
Las confidencias con las amigas,
tres inseparables ahora con menos tiempo de estar juntas.
El amor, dulce y tierna aventura...
La cena de presentación y el pedido de mano,
¡Cuánta inquietud!
Compromiso.., casamiento.., el misterio desvelado...
Los suegros y las comidas tediosas de los domingos.
Excusas, excusas...
Los hijos, otra experiencia más, qué dulzura, qué ternura... ¡qué trabajo!
El dolor.., ¿cómo fue que sucedió? ¿Porqué..? ¿Cuándo..?
La separación, la rabia.
El tiempo que pasa y el perdón que llega.
El olvido que se lleva lo malo y más tiempo que sigue pasando.
Nietos: más dulzura, más amor.
La satisfacción de ver a los hijos realizados empezando el camino.
El camino que todos recorremos;
que aún pasando por otras sendas lleva a la misma meta:
vivir cada uno lo suyo como le corresponde, como lo elige.
Ahora toca época de serenidad y  paz interior.
Flashes de épocas pasadas. No hay anécdota.
La vida hasta aquí es una anécdota en sí misma.
No hay final aún falta mucho por hacer.
Esto solo es recordar... recordar...

Es bueno tener memoria...

ROSA MARÍA FAVALE

miércoles, 3 de febrero de 2010

EL TROZO DE TUL

Bella, tan bella estaba…
Flamante esposa con su tul al viento
junto a la fuente la fotografiaban.
Hermosa, mientras su tul ondeaba.

Era el marido que el velo arreglaba.
Desde lejos vi como se besaban.
Mientras la seguía con tierna mirada
el tul la envolvía, él se la llevaba.

Fotos y más fotos con su tul al viento.
Dolor en el pecho, quise acariciarla.
Más dejé cobarde que se fuera un día
decisión errónea que tomé en mi vida.

Un trozo de tul que a mis pies cayó
trajo a mi memoria recuerdos lejanos.
Bella, tan bella estaba… tiempo que pasó.
Un velo muy leve mis ojos cubrió.

lunes, 2 de marzo de 2009

LAS HORAS VIVIDAS

¿Puede una película ser el detonante que haga emerger momentos importantes de nuestra vida?
Al salir del cine recordé mi cuarenta cumpleaños, ascendiendo al Cerro Otto en Bariloche. Eran las seis de la mañana. Seguí mis estudios de mayor.. Mis compañeros de estudio mucho más jóvenes dormían y yo, afuera, bajo ese cielo, mirando la luna despedirse de las estrellas y sintiendo el frío del deshielo en la cara.
Estaba emocionada ante el espectáculo, y curiosamente no me sentía sola.Mientras el sol empezaba a iluminar mi día, hablé con el corazón a mis hijos: “Estoy aquí, pero estoy con ustedes, no necesitamos estar juntos para estar juntos…”
Mis ojos se unían al deshielo, porque el amor se desbordaba en ellos. Suavemente, entré y me acosté en silencio. Al rato se encendió la luz y las voces somnolientas de mis amigos, empezaron a cantar el cumpleaños feliz. Hubo torta y ya bebiendo el chocolate caliente mi niña afloraba al sentirme querida, mimada.
El profesor nos recordó que teníamos tarea.
¡Nuestro último examen!: Vida en la Naturaleza.. Seguir escalando el Cerro
- ¡Vamos Nona! - Me decían los veinteañeros en el ascenso a la cima.
Fue arduo, especialmente el descenso, pero mi fuerza de voluntad y mi tesón estaban allí. Lógico que sin la fortaleza física no lo hubiera conseguido. Pero mi empeño en vencer los obstáculos se impuso ante las dificultades. Salvo dos chicas que no pudieron cumplir las consignas, todos aprobamos.
Al final de la cena hubo cantos y un hermoso ramo de flores. ¡Me encantan las flores! Coloridas, con ese olor silvestre, que solo se da en la pureza natural de la montaña. ¿Puede transportar un recuerdo a otro?
El flash es rápido como mi mente.
Me encuentro en Escobar. Terminó el recorrido por la exposición de La Fiesta Nacional de la Flor. ¡Qué exhuberancia! ¡Cuánta belleza! ¡Cuánto color! ¡Qué deliciosos aromas! ¡Me sentía agradecida a la vida por poder disfrutar de ello..!
En el viejo Renault doce, los cuatro: mi hija, mi sobrina, Francisco y yo. A la derecha del camino el sol, que en todo sus rojos, se escondía en el horizonte.
Él dijo: - ¡Vamos a contemplar este espectáculo! -
Desvió a la derecha enfilando hacia los pastos del costado de la carretera. Mi vista y mi intuición sintieron que el coche andaba distinto. La trompa descendió levemente, mi cuerpo percibió el cambio enseguida. Francisco miraba el horizonte fascinado, su pericia de conductor lo hacía despreocuparse. Yo no podía despegar mis ojos del capot que suavemente seguía avanzando y bajando. Estaba muda, no quise darle indicaciones El atardecer se reflejaba en el metal. El coche seguía bajando y deslizándose sin avanzar. Francisco reaccionó asombrado cuando el ángulo se agudizó. Las chicas daban grititos de quince y dieciséis años. -¡Agua! ¡Agua!- decían.
Sin duda era agua que los pastos cubrían totalmente. Al abrir las puertas el coche se deslizó un poco más. ¡Barro y agua hasta las rodillas! Coches parados en la carretera, hubo alguien que ayudó a Francisco a sacar a las chicas en brazos.
El estaba petrificado mirando su coche.
Un camionero dijo: - Hace falta un tractor…
- ¡Ya vengo! - dije decidida dejando a Francisco que empujaba inútilmente el auto desde adelante. Caminé hasta una casa cercana. El barro de mis piernas secándose al calor.
Golpeé en la entrada. No había nadie. Al darme vuelta, vi el tractor verde, reluciente, nuevo, enfilando hacia la tranquera.
El conductor me preguntó que quería. Le expliqué la situación. Bajó diciendo: - Voy por unas cuerdas... –
Al volver con los elementos traía un hermoso ramo de flores recién cortadas. “Tome, quédese tranquila” -
- Estoy tranquila… Gracias… - Dije aspirando el olor que automáticamente me recordó al Cerro Otto.
El tractor dio la vuelta hacia el camino. Montada en el guardabarros verde, al lado del conductor y con el ramo de flores en el regazo me sentía la Reina de la Flor de Escobar.
Regazo…
Es una hermosa palabra, las palabras me llenan con su significado, no pasan ante mí de forma intrascendente.
Regazo... puede contener placer, dolor, alegría, varios significados profundos. También puede contener arrogancia, orgullo, y... Pudor; aquí recuerdo una situación embarazosa.
¿Qué es lo que permite saltar de un recuerdo a otro siendo estos tan diferentes?
Mi capacidad de asombro no tiene límites ante las situaciones insólitas que me ha tocado vivir.
Estaba amamantando a mi pequeña de pocas semanas. Sus ojitos en los míos. Ternura más ternura. Por la ventana, el sol calentaba más nuestra tibieza.
Miro hacia la puerta del dormitorio y observando mi pecho desnudo, el plomero decía:
- ¡Señora, terminé con la cañería! –
Bochorno mutuo ante la interrupción de la dulce intimidad compartida. Solo atiné a cubrirme con la mano.
- Pe..pe.. perdone señora! - decía mientras se limpiaba las manos con los trapos sucios.
Mi sentido del humor afloró recién cuando se fue.
Hoy ya es un recuerdo tierno.
¿Qué mecanismos extraños de la mente me recuerdan en este momento al padre de Ricardo?
Con Ricardo tuve una breve relación después de mi primer divorcio.
Sus padres eran mayores, italianos como mi familia paterna. Yo solía amasar fideos y llevarlos algún domingo a su casa. Disfrutaba cocinando y viendo la alegría de los tanos compartir el placer por la buena comida casera.
El padre falleció de repente. Ricardo, agobiado, tenía que hacer trámites e ir a buscar a su madre. Como siempre impetuosa y solidaria, me ofrecí para acompañar al señor en su ataúd hasta el velatorio.
Sola con él en ese salón aún desnudo de ornamentos y flores, me senté en un rincón. Pasados los primeros momentos de respetuoso silencio me fui acercando. En uno de mis arranques empecé a hablar con él sin darme cuenta.
Le dije que se fuera tranquilo. Que su hijo cuidaría de su madre, que la señora no sufriría porque habían sido muy felices. Que yo había disfrutado con nuestros almuerzos, en fin, que descansara en paz.
Me invadió una gran tranquilidad porque sentí que él me había escuchado.
Y me mente voló.
Voló a unos pocos años después, cuando mi hermano tuvo que hacer los trámites por el fallecimiento de nuestro padre y se repitió la situación.
A solas con él antes de que lo llevaran y sobreponiéndome al dolor de la pérdida, con la voz quebrada por el llanto. le di las gracias por haberme enseñado a amar la música, a bailar, a respetar y a hacer que me respetaran, a ser independiente aún comprometida en relaciones y obligaciones y, por sobre todo a ser feliz con todo lo que hago y con las pequeñas cosas cotidianas.
Ya no recuerdo qué mas le dije pero reiteré las gracias…
Ahora, mientras acomodo las flores en el jarrón, agradezco al infinito por las horas vividas.

martes, 23 de diciembre de 2008

EL VIEJO PARAGUAS

Lo cerró tratando de no mojarse. La lluvia era intensa, miró el cielo con ojos blandos. Entró en la estación. Quería llegar pronto a la casa de su infancia. Miró su billete, aún faltaba una hora para la salida.

Entró a la cafetería de la estación y dejó el chorreante paraguas en el paragüero.

Pidió un café con leche caliente y dos tostadas. El cristal empañado no dejaba ver hacia el exterior.

Se adentró en sí mismo rememorando el clásico olor de los desayunos de su niñez. El padre en una punta de la mesa, su hermano menor, él mismo con su pelo liso y reluciente, la madre solícita...

El camarero trajo lo pedido. No cabían las comparaciones, aunque también fue reconfortante beber ese café con leche. Pagó, salió, subió al autobús. Su pelo blanco y raleando se reflejaba en el cristal de la ventanilla.

Al llegar a su ciudad natal y bajo la llovizna implacable se acordó de su viejo paraguas. El también pasaría a ser parte de sus recuerdos.

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...