lunes, 26 de enero de 2015

VIDAS ANÓNIMAS 4

El 9 de Enero de 2015, mi amigo- poeta-bloguero TORO SALVAJE, escribió esta poesía, casi prosa, haciendo una semblanza de vida que en pocas líneas refleja fielmente el aislamiento en el que están sumergidas ciertas personas.

Generalmente leemos poemas románticos, de paisajes, políticos, de protesta, de grandes pasiones…

Pero este me pareció fuera de los tópicos acostumbrados.




VIDAS ANÓNIMAS 4

Lucía no sale hoy.
No quiere.
No tiene ganas.
Y aunque quisiera
tampoco saldría.
Está sola.
Y no le gusta salir sola.
Ya no tiene amigas de verdad.
Tiene sucedáneos
de amigas
a las que no aguanta.
Tiene una hermana
viviendo en Bélgica
de la que hace años
no sabe nada.
Sus padres
están internados
en  una residencia.
Y ella
está internada
en una vida
cada vez más horrorosa.
Nadie la llama.
Excepto de vez en cuando
un par de conocidos
tan falsos  o más que ella
a los que no le apetece ver.
Una vez estuvo
a punto de casarse
pero no se decidió
porque el pretendiente
era poco para ella.
Tiene mucha ropa.
Tiene la nevera llena.
Y tiene dinero en el banco.
Y tiene también
un tumor silencioso
que todavía no se ha manifestado.
Trabaja en una multinacional
desde hace muchos años
y es una de las empleadas
que parecía
que iba a llegar a todo
y se quedó
a las puertas de nada.
Le gustan las películas de llorar.
Tiene bombones para esta noche.
Y una gran manta.
Y una botella de anís
como amable compañía.
También tiene dos gatas
Con las que habla cada vez más.
Y muy a menudo
se mira
y se remira
en el agotado espejo.
Y por mucho que se autoengañe
la verdad es insobornable.
Tiene muchísimas canas
Una considerable papada
Y un ejército de varices
en esas piernas
flacas y acartonadas
que la sostienen
desde hace más
de cuarenta años
y que hace tanto
que no son acariciadas.
Y últimamente Lucía
después del anís
ante el espejo
y con voz medio ebria
siempre se pregunta
qué ha hecho tan mal
para estar pudriéndose en vida
como una auténtica desgraciada.

viernes, 16 de enero de 2015

UN PERRO HA MUERTO


Élida de Diego publicó este poema y yo lo he puesto porque es muy bello y sentido...





Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
Pablo Neruda

martes, 6 de enero de 2015

LOS REYES QUE NO LLEGAN



Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.
Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.


MIGUEL HERNANDEZ

DELIRIO

Delirante y loco golpea une, despide En su cono vertiginoso escupe ideas Inocentes cosas, inocente gente, inocentes árboles, ...