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domingo, 28 de octubre de 2018

LITERATURA FEMENINA

Hiragana u Onna-de,"escritura femenina"


UNA DE LAS OBRAS LITERARIAS JAPONESAS MÁS VALIOSAS DEL PERÍODO HEIAN
(SIGLOS VI A X)

Los autores más conocidos de la literatura japonesa  son varones, desde Rampo Edogawa hasta Kenzaburo Oe –ganador del Premio Nobel en 1994-  pasando por  Soseki Natsume o Yasunari Kawabata.

En esa época, las mujeres tenían prohibido el estudio de los ideogramas chinos y su único modo de expresión escrita se limitaba  a un alfabeto simplificado  y cursivo, el hiragana. Durante el período Heian los hombres se dedicaban a escribir prosa y poesía en chino, copiando modelos antiguos. A las mujeres no se les permitía el acceso a los mismos niveles de educación que a los hombres, entonces ellas hicieron suyo el hiragana que era muy útil para describir sentimientos,  se conoce  con el nombre alternativo de onna-de, "escritura femenina". Hay que decir que también algunos hombres empezaron a componer poemas utilizando el hiragana, cuando se dirigían a las mujeres como parte del galanteo.
Sin embargo,  si  nos retrotraemos hasta el período Heian –año 794 al 1185-  descubriremos que quienes se
destacaron y produjeron los textos  más valiosos de la época, han sido dos mujeres: Sei Shonagon, que
escribió “El libro de almohada”, una serie de apuntes personales guardados en los cajones de la almohada de madera que las mujeres utilizaban para reclinarse, y Murasaki Shikibu, autora de la novela “La historia de Genji”.


Sei Shônagon, era un apodo, su nombre lo desconocemos, era hija del poeta Motosuke y se
desempeñaba como dama de la corte de la emperatriz Sadako, se casó varias veces y cuando la
emperatriz murió, permaneció entre siete y diez años aún en la corte y, posteriormente, se ordenó religiosa budista. Hasta el final de su vida vivió errante, manteniéndose gracias a las limosnas.
Bajo el título de "El libro de la almohada" -"Makura no soshi"-, escrito en  el año 996, Sei Shonagon
retrató la vida palaciega,  mediante distintos géneros literarios, en anotaciones y pequeños cuentos
que ilustran sobre la sensibilidad  japonesa. Breves reflexiones sobre aspectos de su vida que
escribía unas pocas líneas cada día, al final de la jornada, justo antes de dormir.
Su obra, como género literario - zuihitso o “miscelánea” - tuvo amplia raigambre posterior en Japón.
Encontramos allí numerosas impresiones personales y poéticas, referidas especialmente al cambio
de estación y a todo tipo de apreciaciones estéticas.

En sus escritos es muy potente la presencia  de la naturaleza, Su texto está plagado de anotaciones
sobre la floración, el tiempo, la belleza o rareza del entorno natural. También sobre las mutaciones
inesperadas y repentinas de esa naturaleza que observa, de las que aprende, y que pone en relación
con sus estados anímicos y con su propio yo.
"En el tercer día del tercer mes, me agrada ver el sol que brilla sereno en el cielo de primavera, afirma
 en un momento dado. Es entonces cuando florecen los duraznos. ¡Qué espectáculo nos brindan!".

Por otra parte, la vista del amante se reseña en el libro con una habitualidad que nada tiene que
envidiar a la pasión francesa por los escarceos amorosos. No en vano Sei Shonagon apunta:
"Cuando trato de imaginar cómo puede ser la vida de esas mujeres que se quedan en casa,
atendiendo fielmente a sus maridos, sin vísperas de nada, y que a pesar de todo se creen felices,
me lleno de desprecio".

Dada su experiencia en asuntos galantes, la autora hace algunas reflexiones muy jugosas:
"En verdad, el amor que se siente por un hombre depende en buena parte de sus despedidas.
Cuando salta de la cama, va de un lado para otro, se ajusta la faja del pantalón, levanta las mangas
de su capa de corte, o de su traje de caza, se mete sus pertenencias entre su ropa y asegura su faja
exterior, una ya empieza a odiarlo".


"El libro de la almohada" abunda en listados de cosas "agradables" o "elegantes" o "inconvenientes",
y trasluce lo importante que era en la Corte el conocimiento de poemas chinos, sobre cuya correcta
 memorización se llegan a realizar encarnizados concursos.



Lo más brillante del libro es la narración de los supuestos retos que el Emperador de China hizo
al Emperador de Japón. En cierta ocasión, mandó un leño redondo, lustroso y hermosamente
trabajado, de unos dos pies de largo y preguntó: ¿Cuál es la base y cuál es la parte superior?
Como no era posible saberlo a simple vista, se consultó a un anciano. Éste recomendó ponerlo
en la corriente de un río, de modo que la parte que quedara río abajo, la más ligera, sería la superior.

Además del  Makura no Sōshi, compuso la colección de poemas Sei Shonagon-shu.  Es, también,
una de las poetisas del  Ogura Hyakunin Isshu,  juego de cartas tradicional en el que son
 fundamentales la memoria y los conocimientos poéticos de los participantes.
Jorge Luis Borges seleccionó, anotó y tradujo la obra con ayuda de María Kodama.
Octavio Paz,  admirado ante la belleza y la transparencia de su prosa, descubre en ella un mundo
milagrosamente suspendido en sí mismo, cercano y remoto a un tiempo, como encerrado en una
esfera de cristal.

ANOCHECE

Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis
notas por completo, haciendo un último esfuerzo.

Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser
conocidas por nadie. Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer
malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas.
Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice
el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme.

Un día, el ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz
 me preguntó:"
¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de Historia".
Entonces yo le contesté:
"Si fueran míos, los usaría como almohada". La Emperatriz me dijo: "Entonces, quédatelos", y
me los dio.

Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos.
Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles.
Si hubiera elegido temas que las demás personas consideran interesantes o espléndidos,
o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar
mis escritos, tendrían derecho a afirmar "conocemos sus sentimientos".
En otras palabras, la crítica sería admisible.

Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente
lo que sentía.
Nunca esperé recibir, sobre estos escritos casuales, comentarios tan importantes como los que se
dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores
aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así:
conozco la mentalidad de aquéllos que hablan bien de lo que detestan, y critican lo que les gusta.
Por eso todavía lamento que hayan leído mi libro.


Sei Shonagon, con un lenguaje refinado, a veces cínico e incluso pueril, nos devuelve siempre un incisivo retrato del modo de vida y las costumbres japonesas de su tiempo. Abundan las enumeraciones de cosas:
     COSAS QUE EMOCIONAN

Pichones de gorrión.
Pasar por un lugar donde juegan niños de pecho.
Ver un espejo extranjero con su luna manchada.
Una persona de alta condición detiene su carroza, y ordena a su sirviente que solicite una cita.
Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
Lavarme el cabello, maquillarme y vestir ropas perfumadas.
En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento,
sin motivo y de repente me sobresalto.

COSAS ODIOSAS

Tengo prisa y mi visitante me impide partir al quedarse charlando. Si es alguien sin importancia, me 
desembarazo de él diciendo: "Me hablará de eso la próxima vez", pero si es de esas visitas que          
 merecen mi mayor cortesía, la situación se torna verdaderamente odiosa.

Encuentro un cabello pegado al suzuri (piedra en que se frota la barra de tinta, y se moja el pincel) 
en el que estoy frotando mi sumi (barra de tinta) o arena depositada en éste, la cual produce un ruido desagradable, chirriante.
Un hombre sin ningún encanto especial discute sobre toda suerte de temas al azar, como si lo supiera
todo.
Odio el espectáculo de los hombres borrachos que gritan, se meten los dedos en la boca, 
se mesan las barbas, y pasan el vino a sus vecinos gritando "Toma otro poco, bebe". Y tiemblan, 
sacuden sus cabezas, desfiguran sus caras, y gesticulan como niños que cantaran 
"Vamos a ver al gobernador". 
Vi cómo personas bien nacidas se comportaban de este modo y me repugnó.
Envidiar, compadecerse de la propia suerte, hablar de los otros, mostrarse inquisitivos por los 
asuntos más triviales, ofenderse, insultar sin motivo, o en caso de haber estado sonsacando 
información sobre cierto hecho, divulgarla después del modo más detallado a otros, como si se 
hubiera sabido todo desde el principio. Odioso.
Alguien nos va a contar alguna novedad interesante, y un bebé empieza a llorar.
Una bandada de cuervos vuela en círculos con estridentes graznidos.
Un admirador llega en visita clandestina, el perro lo avista y ladra. Una desearía matar al animal.

He cometido la locura de invitar a un hombre a pasar la noche en un lugar poco conveniente, y 
comienza a roncar.
Un caballero nos visita en secreto, y si bien lleva un eboshi (sombrero de la época, levantado y 
angosto), recela que alguien pueda reconocerlo, tan aturdido está que al retirarse golpea contra

algo con su sombrero.
Realmente odioso. 


Igualmente irritante es que al levantar la celosía que cuelga a la entrada de la habitación, 
la deje caer produciendo un fuerte ruido. Y tanto peor cuando es pesada y el estruendo es mayor. 

Descuidos como éstos no merecen perdón. Si se levantan con delicadeza las cortinas, al entrar o 
salir, no ha de producirse el más mínimo ruido. Pero, si nuestros movimientos son rudos, hasta las 
puertas de papel se torcerían y chirriarían. Hay que levantarlas apenas y empujarlas de modo que se 
deslicen silenciosamente.
Me he acostado y estoy por adormecerme, cuando se presenta un mosquito, con estridente zumbido.
Y hasta me parece sentir la corriente que levanta con sus alas. Aún sabiendo que es un ser insignificante, 
lo encuentro detestable.

Un caballero que va solo en su carruaje para ir a una procesión o algún otro evento. ¿Qué clase de 
hombre es? Aun sin ser un individuo de rango muy alto, bien podría llevar a algunos muchachos 

ansiosos por asistir al mismo espectáculo. Pero no, se instala solo –pues puedo distinguir su silueta 
a través de las cortinas– con aire de ensimismamiento, y se reserva todas sus impresiones.
Un carruaje pasa rechinando. Me irrita pensar en sus ocupantes que no se percatan de eso. Si yo 
viajara en un carruaje ruidoso, detestaría no sólo el carruaje sino también a su dueño.
Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que 
es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona. Como lo son también quienes, 
niños o adultos, intentan adelantarse dando empujones.

Estoy contando una historia sobre los tiempos antiguos, y alguien me interrumpe para agregar un 
detalle que casualmente conoce, el cual da a entender que mi versión es inexacta. 
Abominable proceder.
Algunos niños han venido de visita a mi casa. Los mimo y les doy juguetes para que se distraigan. 
Los niños se acostumbran a este trato y comienzan a venir regularmente, y sin pedir permiso entran
en mi habitación y desparraman mis accesorios y objetos. Detestable.
Cierto caballero a quien no deseamos ver nos visita en casa o en palacio, y simulamos dormir. Pero 
una sirvienta viene a avisarnos y para despertarnos nos sacude, con una mirada de reproche por 
nuestra pereza. Sumamente odioso.
Un novato se pone a la cabeza de un grupo, y con mirada vivaz, establece la norma e impone su 
parecer sobre todos. Aborrecible.
El hombre con quien estoy viviendo una aventura alaba a otra mujer. Incluso si se trata de una relación 
del pasado, es desagradable. Cuánto más si todavía la sigue viendo. Aunque a veces creo que no es 
tan desagradable.
Una persona que se desea salud a sí misma después de estornudar. En verdad abomino de todo 
aquel que estornuda, excepto si es el dueño de casa.
Las moscas también son odiosas. Cuando vuelan cerca de nuestras ropas, parecieran estar 

agitándolas.
El ladrido de los perros cuando es prolongado y a coro es de mal agüero y odioso.

Y cómo detesto a los maridos de las nodrizas. No tanto si la criatura que cuida es una niña, pues 
en este caso el hombre toma su distancia. Pero si es un varón, actúa como si fuera el padre, y sin
permitir que el niño se aleje de su lado, insiste en controlarlo todo. Mira a los otros servidores de
la casa como si fueran menos humanos, y si alguno intenta regañar al infante, lo desacredita ante el
amo. A pesar de su conducta ignominiosa, nadie se atreve a acusarlo, de manera que camina a 
grandes zancadas por la casa, con un aire engreído y vanidoso, dando órdenes a todo el mundo.
Un hombre sin ningún encanto especial habla de modo afectado y adopta poses de elegante.
Cortesanas deseosas de estar al tanto de todo.

Muchas veces, sin motivo, alguien me desagrada, y tiempo después hace algo detestable.

Un amante que se retira en medio de la noche se vuelve para decirnos que olvidaba su abanico
y papel. "Los he puesto por algún lugar anoche", dice. Y, a pesar de la oscuridad total, camina a
tientas por la habitación, golpeándose contra los muebles y rezongando.
"Extraño. ¿Dónde diablos podrán estar?". Hasta que por fin los encuentra. Se mete el papel en el
pecho con crujido, y abre con brusquedad su abanico, aventándose con movimientos bruscos.
Recién entonces se decide a partir. ¡Qué proceder falto de gracia! Odioso resulta un calificativo
demasiado suave.
Igualmente insufrible es el hombre que, al irse en medio de la noche, se demora atando el cordón
de su sombrero. Acción innecesaria, pues bien podría marcharse encasquetándose el sombrero
sin amarrarlo. ¿Por qué pierde el tiempo arreglándose la capa? ¿Piensa acaso que alguien puede
llegar a verlo a esas horas de la noche y criticarlo por no estar impecable?
Un buen amante se conducirá con elegancia tanto en la oscuridad como en cualquier otro momento.
Se deslizará de la cama con una mirada de consternación. La mujer suplicándole: "Vete, amigo, está
aclarando. Nadie debe verte aquí". El lanzará un hondo suspiro revelador de que la noche no ha sido
suficientemente larga y que abandonar a su dama lo hace sufrir. Ya de pie, no se vestirá de inmediato,
sino que acercándose a su amada, le susurrará todo lo que ha quedado sin decir durante la noche.
Inclusoya vestido, se demorará ajustándose el cinturón con gestos lánguidos. Luego levantará la
celosía y permanecerá con su dama de pie junto a la puerta, diciendo cuánto lamenta la llegada del
día que los apartará, y huirá. Verlo partir en ese momento será para ella uno de sus más deliciosos
recuerdos.

La elegancia de la despedida influye enormemente en el apego que tengamos por un caballero. Si salta
de la cama, ronda por la habitación, se ajusta demasiado el cinto, se arremanga y se llena el pecho
con sus pertenencias, asegurando enérgicamente su cinturón, comenzamos a odiarlo.

COSAS ENCANTADORAS

-Los objetos que se utilizan al jugar con muñecas de papel.
-Arrancar las hojas pequeñas de un loto que flota en el estanque.
-Las hojas de la malva pequeña son también deliciosas. Cualquier cosa, si es diminuta, resulta grata.
-El rostro de un niño dibujado en un melón.
-Un pequeño gorrión que viene saltando al imitar alguien el chillido de un ratón.
-También es delicioso cuando al atar a un gorrioncito con un hilo, sus padres le traen insectos o
lombrices y se los entregan en el pico.
-Una niña a la que están cortando los cabellos como a una monja, de manera que los ojos quedan
cubiertos, despeja su cara sin usar las manos, inclinando su cabeza a un costado pues quiere ver algo.
 Realmente encantador.
-Ver los tasukigake blancos y limpios de las niñas, ¡qué agradable sensación!
-Un paje de Palacio, todavía muy joven, camina con traje de ceremonia.
-Pollitos blancos con largas patas caminan de una manera graciosa; parecen vestidos con kimono
demasiado cortos, pían muy fuerte, y van tras las personas o rodean a la gallina. Ver esto es
sumamente grato.
-La flor de clavel silvestre.


COSAS SÓRDIDAS

El revés de un bordado.
El interior de la oreja de un gato.
Crías de ratón, todavía sin pelo, que salen retorciéndose de su guarida.
Las junturas de un abrigo de piel, que no han sido todavía cosidas.
La oscuridad en un lugar que da la sensación de no estar demasiado limpio.
Una mujer poco atractiva que cuida muchos niños.
Una mujer que enferma y permanece doliente durante largo tiempo. En el recuerdo de su amante no especialmente devoto de ella, debe de parecer casi sórdida.

PERSONAS QUE PARECEN SUFRIR
La nodriza que cuida a un bebé que llora de noche.
Un hombre que tiene relaciones con dos mujeres, y las ve disgustadas y mutuamente celosas.
Un exorcista, que tiene que habérselas con un espíritu obstinado, espera que sus encantamientos
surtan efecto de inmediato, pero varias veces frustrado, debe perseverar, rogando que sus esfuerzos
no acaben convirtiéndose en objeto de mofa.
Una mujer locamente amada por un hombre absurdamente celoso.
Los hombres poderosos que sirven en los primeros puestos, y cuya vida ha de ser tan placentera,
nunca se ven tranquilos.
Las personas nerviosas.



En el último fragmento de sus escritos, dice:
"Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e 
incluso peligrosas a otros, por eso he tenido cuidado en no divulgarlas”

El cineasta Peter Greenaway se inspiró en el Makura no Sōshi de Sei Shōnagon para la realización en
versión libre de su película “The Pillow Book“, un film de carácter iniciático en el que Nagiko
-narradora y protagonista- va contando su proceso de aprendizaje, simbolizado en el pasaje de ser
soporte de escritura a convertirse ella misma en “pincel”; y que tiene, como etapas intermedias, el
conocimiento del amor, de la muerte y de la venganza.  Hacia la mitad de la película, se hace una cita
del Makura no Sōshi que, en cierto modo, la resume: 

“Dos cosas no nos han de faltar: las delicias de la carne y las delicias de la literatura” 





Fuentes:
www.elmundo.es
correctoresenlared.blogspot.com.ar
es.wikipedia.org
www.terrazared.com.ar
http://www.revistadeartes.com.ar/revistadeartes36/literatura_sei_shonagun.html

miércoles, 26 de marzo de 2014

POESÍA CHINA

 POESÍA CHINA

POESÍA Y PROSTITUCIÓN

La poesía China data del siglo XVIII a.C., es decir, mil años antes que Homero, y alcanza
su apogeo durante las dinastías Tang (618-907) y Song (960-1279). Los expertos
indican que desde finales del siglo VII la composición poética era el contenido principal de
los exámenes oficiales para obtener un puesto de funcionario público, no estaba permitido
entrar en la administración sin conocer bien la poesía o ser poeta o por lo menos,  versificador.



 La poesía no era patrimonio de una reducida élite, había poetas barqueros, campesinos, artesanos y, también, poetas prostitutas. La difusión de la poesía llegó a un grado sorprendente, según explica el escritor Guojian Chen en su libro "Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V a siglo XXI)" :
“Se presentaba un poema al solicitar empleo y se dedicaban versos a los amigos que se despedían, a los oficiales que se marchaban a la guerra, a los colegas que sufrían”.
Los versos del afamado poeta Bai Juyi aparecían inscritos en las paredes de las escuelas, de los templos, de las oficinas de correo. Se vendían copias de sus versos en los mercados o se trocaban por vino en las tabernas.
Las poetas prostitutas escribían sobre el amor, el desamor, la injusticia social, la exaltación de la naturaleza, la amistad y la nostalgia. Muchos de sus versos están llenos de dolor, soledad y ansias de volver a sus aldeas, a sus orígenes, el deseo de recuperar sus vidas y ser libres, sin ataduras. Si la vida personal de estas poetas fue maltratada por el destino, la obra literaria de algunas de ellas -poética, caligráfica o pictórica- ha sido motivo de admiración y estudio.

Tras el maquillaje y los exquisitos ropajes, los cantos y melodías de los laúdes ahogaban llantos y lamentaciones. He aquí los versos de una prostituta a su amado que la ha abandonado otra vez: 
Para mis padres, pesa más
el dinero que su hija.
Y así, con el laúd entre los brazos,
recorro sola, mil y mil leguas.
Al claro de la luna,

tras mi concierto,
no cesan de aplaudirme.

No saben que no han escuchado música,
sino los sollozos de mi alma rota.
Lu Huinu, poeta y prostituta china del siglo XIV escribió este poema improvisado en una barca. Su historia es similar a la de las cerca de 200 poetisas que fueron sometidas a la trata: nacidas o crecidas en medio del aroma literario, pero maltratadas por el destino y acosadas por la miseria, se resignan a prostituirse para sobrevivir, y cuando las condiciones lo permiten, se liberan de esta condición humillante.
Occidente se ha encargado de difundir el estereotipo de las delicias de un palacio de retiro adornado con madera y jade, candiles de barro y el crepitar de la llama, sin embargo China ha sido una sociedad machista e injusta, en la que la prostitución era un asunto de familia. Mujeres maltratadas, educadas para dar placer sexual e intelectual a los funcionarios y viajeros que se desplazaban por negocios.
"Ya me marcho, dejando
el verde follaje del wutong,
árbol de Soledad.
Antes yo no conocía
el dolor del amor.
Ahora entiendo que ha sido mi ardiente pasión
el motivo de todos mis sufrimientos.
¿Para qué buscarlos en otro sitio?" 
Este es uno de los 20 poemas que la poeta Liu Rushi (1618-1664) reúne bajo el título de Añorando a mi amado, escritos cuando fue expulsada de la casa en la que convivía con Chen Zilon, su amante, después de que este salió de viaje a la capital. Liu Rushi fue famosa por su erudición, sus bellos versos, caligrafías, pinturas y rectitud. Nació en una familia muy pobre y fue vendida a un prostíbulo a los 8 años. Se casó como concubina con Qian Qianyi, y al morir este ella se suicidó, dejando más de 200 poemas.
 Las niñas hermosas e inteligentes eran seleccionadas para recibir una educación fundada en poesía, canto y baile a fin de hacer de ellas un producto irresistible para la clase más solvente y refinada de China. Les enseñaron a purgar su dolor con tinta. Todas ellas tienen sus mangas rojas perfumadas, delante de las puertas de sus casas hay espléndidos sauces y los pájaros no cesan de cantar. 
"Entre espléndidas flores de color variado
arrasados los ojos de lágrimas, te despido".
Todas están encerradas en lo recóndito de su alcoba, bordando sus trajes de danza y transitando como pueden su profunda tristeza.
 LI YE (Siglo VIII)
Alegría por la visita que me hizo Lu Hongjian, a la orilla del lago, cuando estaba enferma. 
Te marchaste, la última vez, al claro de luna,
en medio de una copiosa escarcha.
Vienes ahora, entre brumas glaciales,
a verme aquí, tumbada, enferma.
Las lágrimas me quitan la palabra.
Te pido tomar el vino de Tao,
el del famoso poeta
retirado a la montaña,

e improviso un poema para agradecerte.
Una borrachera casual.
No viene mal.
¿Qué hacer, si no?
 Dedicado a mi amigo Zhu Fang
Subiendo a la alta montaña,
contemplo el agua del gran lago.
Las añoranzas no distinguen
entre el día y la noche.
Pienso yo en ti y tú en mí,
meses tras meses, años tras años.
Verdean lozanos bosques.
Flores silvestres compiten en abrirse.
Cuando volvamos a vernos,
te diré todo lo que estoy sufriendo.


Ocho superlativos
El más cercano y el más lejano:
El Oriente y el Occidente.
El más profundo y el menos hondo:

Arroyo cristalino.
Los más altos y los más resplandecientes:
El sol y la luna.
Los que más se aman y los que más se desaman:
Marido y mujer.

  
XUE TAO :
El arroyo otoñal

Cristalino arroyo color frígido,
envuelto en neblinas.
Diez cuerdas de cítara
susurrando desde lejos.
El son llega hasta mi almohada,
despertando mis amorosas añoranzas.
Triste, no puedo conciliar el sueño.
  Despidiendo a un amigo

País de agua, juncos escarchados de noche.
Luna glacial y montañas sombrías.
A partir de esta noche nos separan mil leguas.
Larga como gran muralla la pesadilla de ausencia.


En Xiyan
Apoyada en la barandilla,
recuerdo al gran poeta Li Bai.
Copa en mano, ante el viento,
le agito la mano.
Entre la llovizna se detiene el caballo
que se iba alejando.
Bajo la luz del sol poniente,
chillan alborotadas cigarras.

LIU CHAICHUN:
Esperando el regreso de mi marido
(Según la melodía Luohongqu)
IV 
Aquel año, cuando nos despedimos,
me dijiste que ibas a Tong Lu.
Pero allí nadie te encuentra.
Hoy he recibido una carta
ciudad mucho más lejana.
que me enviaste desde Cantón.

GUAN PANPAN (siglo VIII)
En la Mansión de Golondrina
En memoria de mi difunto esposo
Mausoleo Colina del Norte,
entre pinos y cipreses,
envueltos en tristes nieblas.
Han pasado diez años
desde que te enterraron
con tu espada y tus pertenencias.
Nadie ha vuelto a oír mis canciones,
ver mi cara pintada,
ni oler el perfume de mis mangas rojas.

DU QIULIANG (siglo IX)


  
Vestimentas de hilos de oro
Aunque sean bordadas con hilos de oro,
no des tanta importancia a tus vestimentas.
Pero sí a cada hora y momento
de tu lozana adolescencia.
Las flores hay que cogerlas a tiempo.
Si no, te quedarás sólo con las ramas secas.
 XU YUEYING (siglo IX)
Despedida
Me decepciona todo lo que ocurre:
Va contra la voluntad nuestra.
Venimos los dos y ahora regresa una.
Odio las aguas que fluyen
ante el Pabellón de Espera:
impasibles, reflejan cómo se separa
la amorosa pareja de patos mandarines.

WANG WEI (siglo XVII)
¿Se abren ya las flores del ciruelo?
Al despedirnos, él me ha citado
para cuando se abran flores del ciruelo.
Anoche le eché de menos.
Me levanté y salí al patio a ver el árbol. 
Fuentes:
Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V-siglo XXI) Guojian Chen Visor, 2010.
Imágenes: obras pictóricas del pintor
chino Hu Jundi (1962)
www.pikaramagazine.co m
alberto-b-ilieff.blogspot.com.ar
www.publico.es
www.taringa.net
 Enlace:  http://www.revistadeartes.com.ar/revistadeartes-42/literatura_poetas-prostitutas.html?mkt_hm=26&utm_source=email_marketing&utm_admin=30995&utm_medium=email&utm_campaign=Revista_de

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...