martes, 22 de enero de 2008

LES DEJO EL "LIBRO ABIERTO.."

Para que sigan leyendo, pero me voy unos días de vacaciones. Los dejaré tranquilos... cosa que me privará de pasear por sus letras que tanto me gustan y acompañan.

ABRAZOS Y BESOS... Hasta la vuelta!

viernes, 18 de enero de 2008

CARNAVALES DE ANTAÑO

Días de carnaval, preparativos de todo tipo: juegos de agua, el tanque de agua, el barro del arroyo Madariaga , los baldes, la risa, la estrategia, los resbalones, los disfraces, las comparsas, el corso chispeante y bullanguero en varios barrios de la Ciudad. El amor incipiente, la sonrisa dulce y comprensiva de mamá, papá integrándose, las vecinas dando agua y escondiéndonos. Algunas echándonos pues ese no era nuestro territorio sino el de sus hijos, nietos o sobrinos.
Roberto, Marta, Norma, Bruno, Franco, Cholo, Cocceta, yo, ...mi “alumna” de piano, Amelia, Carlos...

Ramos Mejía, Provincia de Buenos Aires.
Las obras del entubamiento del arroyo Madariaga no habían terminado y el desvío del mismo pasaba frente a nuestra casa. Las veredas angostas se continuaban en un metro de tierra a cada lado del arroyo que pasaba por el centro.
A veces caudaloso y limpio otras calmo bajo y con olores no muy agradables, sus aguas discurrían bajo unos puentecitos de madera ubicado en las esquinas y otros más o menos cerca de la puerta de entrada que no siempre coincidían con la acera de enfrente .
Lo fatal era en los días de lluvia, se desbordaba haciendo que todo se volviera barro resbaladizo, el agua enlodada pasaba la primera puerta llegando a los jardines e incluso hasta la puerta de entrada de las casas. Eso hacía que no pudiéramos salir pues la inundación no nos dejaba ver por donde pisábamos. Los más osados lo hacían para ir a trabajar o a comprar lo necesario. Yo, como tantos, decididamente faltaba al colegio, era engorroso tener que lavarse luego de atravesar aquel lodazal.
Lo agradable era en las noches claras, el reflejo de la luna y el croar de las ranas, sus saltos y movimientos. Entonces nos reuníamos en la vereda con temperaturas de entre 29 y 38 grados de calor y hacíamos un estudio de sus movimientos. Algunos recorrían el arroyo varias cuadras (calles) cazando las ranas que luego comíamos fritas en la sartén de alguna madre, pues siempre había una voluntaria que lo hacía con gusto, aunque yo pienso a la distancia que estaban allí para controlar un poco a “sus nenas”. De día observábamos el serpentear de los renacuajos y el color variado de los escuerzos que a veces se inflaban casi hasta reventar. Los varones capturaban alguno y algún padre (je je... el mío entre otros) fue capaz de poner un cigarrillo en su boca. El pobre escuerzo fumaba realmente pero se hinchaba y la piel veteada de su lomo relucía en cada movimiento en tonos ocres, marrones y amarillos.
Al fin el animal quedaba libre dando saltos extraños y mareado por el humo inhalado, se zambullía y salía zigzagueando como un borracho.
Vuelvo a las batallas que se armaban en carnaval. Estaba todo organizado, cubos para el agua, mangueras, tarros medianos, para trasvasar de un fuentón grande o de una pequeña piscina de lona a los baldes de ataque y defensa.
Cada casa tenía en el techo un tanque para el agua que se llenaba por medio de un motor que extraía el agua de los tanques subterráneos. Los techos se comunicaban, así que no era extraño que de arriba cayera un baldazo de agua sin que te lo esperaras mientras repostabas en el patio de casa, esos eran “ataques a traición” porque no era
“legal” hacerlo, pero los muchachos no resistían la tentación.
Todavía no existían los globos de agua, así que la batalla era a jarro, balde y en el caso de algunos chiquillos que se plegaban a la contienda, jarritos inofensivos pero que a ellos les haría parecer que eran grandes contendientes.
Las risas, los resbalones, la estrategia, la alegría primaba en estos juegos de agua que hacían que las veredas se convirtieran en un peligro por lo resbaladizas.
Las madres y tías mayores al colaborar llenando con mangueras, también recibían lo suyo y los padres se atrincheraban en los tanques de agua para evitar que los más listos introdujeran sus baldes en ellos, contaminándolos.
La batalla terminaba cuando los tanques de agua iban a mínimos, entonces todos a ducharse, sin vencidos ni vencedores, para reunirse a tomar mate bajo alguna parra, o bajo las glicinas.
Era tal la excitación después de los juegos que aún hoy no recuerdo que ninguno de los contendientes limpiara semejante estropicio, seguramente eso quedaba a cargo de madres, tías y abuelas sonrientes que por supuesto tenían más tiempo que ahora.
Recuerdos de carnavales de antaño, donde las familias tenían más tiempo, no había internet, la televisión recién llegaba y el frescor de las glorietas propiciaban que al sonido de unos discos de vinilo bailáramos y conversáramos mientras los padres con algún vecino jugaran al truco las madres hablaran de sus cosas, las abuelas tejieran, los niños corretearan, las manos se rozaran, las miradas se cruzaran con intención, el baile propiciara un contacto más aproximado, se formaran amistades más estrechas y duraderas y que algunos terminaran en boda.
En fin, llegan los carnavales de 2008 y esto trajo a mi algunos recuerdos de mis carnavales de los años de 1955...56...57...




sábado, 12 de enero de 2008

LA CIUDAD...

Ciudad. Edificios cuadrados. Rectangulares. Grises apuntan al cielo azul.

Vuela una paloma gris.
En su pueblo las palomas son blancas.
Aquí ulular de sirenas.
En su pueblo lo despiertan las campanas. La bandera roja azul y blanca ondula. Sus estrellas son inamovibles de día y de noche, con sol o con lluvia.
Es el símbolo del nuevo mundo.
Representa la prosperidad y el bienestar.
Pero es solo eso: una bandera.

La desolación invade su cuerpo en forma de frío.
Hoy es un día diferente. Tiembla.
Su mano se cierra sobre la apretada chaqueta y sobre el ruido de las tripas vacías.
La otra mano se aferra a la desnudez del arma, acerada, fría.
Hoy no va con el rebaño de desocupados, camina sobre el puente cargado de coches blancos, azules, rojos, metalizados, apiñados, veloces.
El agua no llega a reflejar su cara asomando por la maciza estructura metálica.
Mira hacia la ciudad que parece más gris.
La bandera ondea indiferente.

Al fin es solo eso: una bandera
El revolver también es frío, hiere antes de herir, lastima antes de gatillar.
En el aire palomas y gaviotas grises.
Los autos aminoran, el tráfico se congestiona. La gente gesticula
Es la hora, el arma pesa y sus tripas se siguen retorciendo.
Lo sobresalta una paloma blanca que vuela rasante sobre su cabeza.
Ciudad. Edificios cuadrados. Rectangulares. Grises apuntan al cielo azul. Hoy no va con el rebaño de desocupados, piensa.

Hoy soy libre.

¿Libre para qué?

Mira hacia la ciudad que le parece menos gris.

La bandera ondea indiferente.

La lucidez vuelve.
De pronto su pensamiento se tiñe de esperanza.

- ¡Regreso a mi pueblo! – dice tirando el arma hacia el agua que no alcanza a reflejar su cara. Gira rápidamente y se encamina decidido hacia el verde.

viernes, 11 de enero de 2008

MELODIA ZUMBONA - (O juegos imaginativos de Rosa)


Estaba pensando en una bandada de mosquitos picones. Me decía que en vez de cerillas, emails u otros para avivar llamas de cariño, enviaría mis mosquitos mensajeros a los distintos lugares para que les picaran, (suavemente claro, pero ¿ pica suave alguna vez un mosquito?)
El motivo era despertarlos, no dejarlos dormir… ¡Ah… ya sé… que zumbaran mucho, para que llevaran el llamado de los amigos a reunirse! No les den manotazos pobrecitos...
Después pensé: “Seguramente van a volver como un boomerang puesto que también yo tengo mis momentos de quedarme dormida en el teclado del ordenador, el teléfono, el papel..” Pues hasta me alegraría de que fuera así, eso querría decir que los amigos tienen deseos de verme, leerme, escucharme
La idea es que a mis mosquitos mensajeros, les pondría platitos de sangre de distintos grupos sanguíneos (valga la redundancia) limpitos, sin contaminar, para recibirlos antes de una nueva misión. ¡Es tan difícil amaestrarlos para que no piquen a la persona equivocada..! Es que hay de todo por ahí!
Muchos morirán en el intento pues no podrán evitar los manotazos antes de llegar a destino, desde luego eso complica un poco las cosas. Vuelan por todo el mundo, (no sé como resisten) y eso hace que haya más variedad en el grupo de amigos y parientes, suena el teléfono, el blog se llena de comentarios en varios idiomas, pasan por la puerta y dicen ¿estás disponible?
Otros entran al msn y se desilusionan porque nunca lo pongo. Otros piden que ponga Skype, pero el ordenador es un anciano ladino que no quiere muchas novedades gracias que me deja escribir.
Lo bueno de esta bandada es que siempre consiguen agregar otros mosquitos en su recorrido, se mezclan, se entremezclan y cuando zumban todos juntos, hasta tiene melodía su sonido.
Si, decididamente me encanta enviar mi escuadrón por todos lados porque estoy llena de amigos, amigas, parientes y curiosos que me visitan y todos juntos hacen una melodía zumbona que alegra y hace crecer.
Bienvenidos.

miércoles, 9 de enero de 2008

LA SEÑORA DE NEGRO

Pasó por la sala de espera preguntando -Siga por el pasillo- le dije breve.
Paredes grises, el suelo es celeste. Puertas 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 ... Vuelve la señora pasea por delante de mí inquieta, al fin se sienta al lado mío. Solo hay dos asientos.
Seguro que le dijeron lo mismo que a mi vaya por el pasillo y espere a la derecha. Los pensamientos fluyen, que si, que no... Tranquila, el cirujano lo dirá. Son muchos meses de una larga espera de sentimientos encontrados.
Una amiga me decía: - Si fuera algo grave no te hubieran dado para dentro de seis meses - Si, me digo, pero la procesión va por dentro. No lo comento. Espero. A mi mente vuelve el momento de la mamografía ¡Qué dolor! ¡Cómo puede ser que te estrujen tanto! Bueno, calma, ya pasó.
Son 9,15 esta es la hora de consulta. Sigo esperando. Pasan mujeres vestidas de blanco, delantal abierto... ¿Para qué se lo ponen si así no hay sensación de asepsia? Si de coquetería. La señora de negro tose, me mira, elabora flemas que traga. No me gusta. Me mira más fijamente, yo me desentiendo. Pasa un hombre, delantal verde, gorro verde, zapatos cubiertos en verde. Mis pensamientos siguen volando, divago entre posibilidades, no debo. Sigo esperando. El piso es celeste.
Llega la enfermera me pregunta por otro nombre, sigue de largo. La señora se fue. Cuando pase de nuevo la enfermera le diré que había una señora aquí. A ver cuando me toca. ¿Habrá venido el cirujano? En el hilo musical una canción moderna con ritmo. Eso es bueno, levanta el ánimo. Es mejor en un hospital, la música relajante deprimiría.
La señora de negro no vuelve. Aquí no hay movimiento, estoy sola, el paraguas reposa en una esquina, no voy a entrar con él porque molestará. El día está gris y lluvioso, no lo veo pero lo se, el mar estaba alto, colmado.
El pequeño calendario, nuevo, del 2008, se cae de mi libreta de apuntes. Una hermosa pintura de flores blancas y rojas en perfecto equilibrio en una maceta vieja muy bien lograda por algún pintor sin manos. Ejemplo de superación, pintadas con la boca o el pié. ¿Cómo es que no podemos hacer ciertas cosas a veces mínimas y estos señores, chicos o mujeres logran estas maravillas?
Oigo pasos. Nada. Pacientes que pasan por el pasillo. La música sigue. Es más melancólica. No me gusta mucho.
Miro en qué fecha caen los cumpleaños. Este año es bisiesto. Cumple mi hija el 29. Cae viernes. Es bonito y curioso que haya nacido ese día. Nació casi sola, sin dolor, fue precioso.
Son las 9,35 y solo hay gente que pasa por el pasillo de blanco, de azul, de rojo. La señora de negro no volvió. Le pregunto a una enfermera que sale si es aquí, muestro el volante. –Si, es aquí- dice. -Espere que miro- Se va hacia el fondo del pasillo gris. Son las 9,40.
Silencio de voces, solo se oye la música. Silencio de pasos. Solo yo y mi paraguas en el rincón, las mamografías en el asiento vacío. La señora de negro no volvió.
Viene la enfermera que fue a averiguar... - ¿Ud. Cómo se llama? - Le doy el volante... – A ver, no la tengo... hoy es miércoles seguro que es el cirujano del fondo – Se va con la orden, vuelve. – Mire, es al fondo del pasillo, espere a la derecha que la llaman por nombre –
Voy hacia allí, está la señora de negro. Un señor pasea por el pasillo, una pareja cuchichea, una señora lee un periódico. Esta sala de espera es más grande. La señora de negro me mira. Yo miro por la ventana y veo la capilla de los militares que está al lado del Hospital Abente Lago. Al salir pasaré por allí, iré a visitar a San Judas Tadeo, por mí, por la familia, por mis amigos. ¿Cómo puede ser que esté pensando todo esto?
Me llaman. Consulta pequeña. Doctor muy afable, una practicante y una enfermera. Entrego las mamografías, edad... desde cuándo.. Desnudarse hasta la cintura. Explicaciones del Dr a la practicante mirando las mamografías. Ve esto... ve aquí... no hay nada... ve la diferencia? Exploración del Dr., exploración de la practicante, preguntas, respuestas, comentarios: No observo nada... limpio aquí... limpio allá, dice palpando estirando, drenando.
- Vuelva en mayo –
- En mayo me voy-
- Vuelva en abril, haga otras mamografías en marzo. Se va a Argentina? Aquello está muy mal...- Me da las órdenes firmadas
- Me voy a disfrutar con mi familia... - respondo
- "Otra vez a exprimir las tetas, me digo"...
- Vaya tranquila está todo bien.
Me visto. Salgo. En la sala de espera queda la señora de negro esperando. Me mira. Sigo sin hacerle caso. Voy al patio cubierto a ordenar las cosas en el sobre. Aquí no se oye la música, solo llegan murmullos del hospital. Me siento en uno de los sillones. Es relajante el lugar. Todo está bien.
La Capilla de los Militares está cerrada, no importa, mi intención vale. Miro para arriba. La señora de negro está mirando por la ventana. Me desentiendo.


domingo, 6 de enero de 2008

LA CASA MISTERIOSA

Es una pintura de E. Munch

Era más amplia que las pocas que se veían por el lugar. Destacaba inquietante por su techo negro y la tupida enredadera roja adherida a sus paredes. Desde lejos parecía como si chorreara sangre. Caía la tarde y el sol poniente acentuaba esa impresión.El camino llegaba hasta el lateral donde había una ventana desvencijada bastante amplia y dos más pequeñas hacia el final. El sendero torcía a la derecha haciéndose más angosto y desparejo, luego giraba hacia la izquierda donde estaba la puerta de entrada. A dos o tres metros un alto muro cortaba el sendero. La casa quedaba aislada así por el lateral contrario.Yo iba a lo que iba: investigar, así que subí los tres escalones que conducían a la puerta desvencijada. A pesar de mi decisión por averiguar qué había dentro, me costó traspasar el umbral. Pisé algo blando: era la hiedra que se extendía como una alfombra. Entraba algo de luz por las ranuras de las ventanas iluminando levemente el amplio salón. Solo había a un lado de la chimenea, una pequeña mesa y un sillón. Cuando acostumbré la vista a la oscuridad observé asombrado que la enredadera los cubría. Entre las ramas unos ojos me miraban como queriendo expresar algo. Al apartar las hojas quedé clavado en el. sitio. Era una persona muerta.Reaccionando apenas me dirigí hacia el pasillo. En el final del largo corredor había más luz. Venciendo el horror caminé hacia la claridad. Antes de llegar había un cuarto a la izquierda y otro a la derecha. No resistí la tentación de empujar la puerta entreabierta de este lado. La vieja madera crujió tambaleándose. La sostuve acomodándola. Al igual que en el salón, pero aún más tupido, el piso estaba cubierto por la enredadera roja que también subía por la cama. Las ramas aprisionaban lo que parecía ser el cuerpo de un niño. Sentí ganas de vomitar. Espantado y pisando esa maraña de hojas salí del cuarto sin querer ver más.La curiosidad nos lleva a situaciones en las que no se piensa, esa era la causa de estar allí, pura curiosidad. Por eso, a pesar de la repulsión, el impulso de mirar hacia el cuarto de la izquierda fue mayor.Deshaciéndome de las ramas que se enganchaban en mis pies me asomé a lo que era una biblioteca repleta de libros descoloridos y cubiertos de polvo. Los dos primeros estantes, al igual que las patas del escritorio, estaban como teñidos de rojo; era la hiedra adherida a ellos. Fue cuando reparé en lo que parecía un hombre dándome la espalda. Estaba como momificado, con manos, brazos y piernas aprisionados a la silla por la extraña enredadera. Me apoyé en el marco de la puerta horrorizado. Ahora sentía un olor nauseabundo emanando de todos los rincones. Un espasmo me recorrió. Vomité Las hojas rojas absorbieron el repugnante contenido de mi estómago.Apoyado en el marco de la puerta recordé lo que decían sobre la casa misteriosa. Contaban que se oían desgarradores gritos, a lo que la policía respondía que solo era una casa abandonada. Nadie dijo que hubiera muertos allí.Tambaleante me dirigí hacia el final del corredor. La enredadera era cada vez más densa. Tenía que esforzarme por dar cada paso. Mientras, pensaba que informaría a las autoridades para que dieran sepultura a esas desgraciadas personas. Lamenté no haber traído la cámara de fotos. Yo era el único que se había atrevido a desvelar el misterio de esa casa. Pronto sería famoso y mi nombre saldría en todos los periódicos.Al final estaba el baño. La luz entraba por la ventana rota, y también la enredadera que cubría parte del lavabo y los grifos. Las hojas eran de un rojo más intenso, casi cautivante. Era un granate acentuado al que la luz del atardecer daba extraño brillo . Pensé en darme vuelta para salir de allí lo más pronto posible, pero me quedé inmóvil delante del espejo cubierto de polvo. Pasé la mano por él. Veía apenas mi rostro pálido y desencajado, con los ojos extraviados. El horror de lo visto estaba grabado en ellos.Aparté las ramas del grifo para limpiar mi boca que tenía un regusto repugnante. No salía agua. Me dolían los pies y tenía calambres en las piernas. Limpié de nuevo el espejo que devolvió más nítida mi imagen. No era conciente de que una fuerza extraña me atraía hacia el piso. Caí sobre el colchón de hojas enmarañadas. Fue cuando vi que la hiedra aprisionaba mis tobillos y subía hacia las rodillas. Intenté incorporarme para deshacerme de ella, pero las ramas ya llegaban a mi cintura No pude liberar las manos, cuantos más esfuerzos hacía más se enroscaban sus peludos tallos en mi brazos. Casi podía sentir mis ojos saliéndose de las órbitas. La respiración agitada ya no podía salir libremente. Tenía el pecho aprisionado. Desesperado estallé en un grito desgarrador que resonó en múltiples ecos en toda la casa. Mi boca se abría más y más queriendo respirar a medida que el dolor de las extremidades se hacía insoportable. Grité nuevamente. Solo emití un leve chillido .Las ramas habían llegado a mi garganta.

sábado, 5 de enero de 2008

LAS PRIMAS-HERMANAS




Vivían en la misma casa, en tiempos donde el entretenimiento era la radio y tanto Papá Noel como los Reyes Magos escribían cartas contestando los pedidos de los niños.
Rosa Clara nació en Noviembre, tenía la tez aceitunada y sus ojos eran oscuros brillantes e inteligentes, con cejas que parecían delineadas por un artista, negras igual que el pelo lacio y brillante. Fue desde pequeña independiente y decidida.
Rosa María nació en Diciembre. Más pequeña, tenía la tez clara y llevaba el pelo castaño oscuro con largos bucles que se sostenían atrás con un moño blanco para evitar que se enmarañara por lo rizado. En la carita resaltaban sus ojos redondos y marrones. Era tranquila y observadora.
Ella hablaba menos que su prima hermana, que llevaba la voz cantante en todo. Las dos se adoraban, además desde pequeñas se vestían casi igual salvo variantes en detalles y color.
Iban juntas siempre, y curiosamente compartían gustos, juguetes y comidas en una armonía que maravillaba a la familia.
Llegaban otra vez los Reyes y la carta era escrita por los padres. A los cinco años las pequeñas respondían como todos los niños con una larga lista al clásico: ¿“Qué querés que te traigan los Reyes Magos”?


Rosa Clara pidió varias cosas: - Una muñeca, un juego de cocina, una pelota, un triciclo y un vestido de Blanca Nieves. Se vislumbraba en ella un carácter fuerte y con convicciones firmes, porque aún poseyendo una gran sensibilidad, siempre se las ingeniaba para obtener lo que quería.


Rosa María dijo: -Una mesa con una silla, cuadernos, pinturitas, un piano y una muñeca grande. Más soñadora que su prima, le gustaban los cuentos y tenía ciertas dotes artísticas.


Los padres, hermanos entre sí, comentaban que este año habría conflictos cuando los Reyes trajeran los regalos, pero escribieron lo que las primas habían pedido.
Como todos los chicos ellas hablaban con gran expectación sobre si vendrían a no vendrían y si les traerían todo.
Rosa Clara siempre estaba corriendo e investigaba todo juguete que se pusiera en sus manos, le gustaba recitar poesías y tocar el piano. En cambio Rosa María siempre estaba pintando, cantando y tratando de bailar en puntas de pie.
Pero las dos se complementaban muy bien pues no había motivos de pelea entre ellas.
Al fin llegó el día y las dos se fueron a dormir poniendo sus zapatos cerca de la puerta. No comprendían mucho el ritual, pero les daba gracia hacerlo. Antes la gente se acostaba temprano así que no hacía falta decirles que fueran a la cama pronto .
Cada una en su habitación se quedó dormida esperando la sorpresa del día siguiente.
¡Y llegaron los Reyes Magos..!


Por la mañana las primas abrieron los paquetes. Estaban tan contentas, que casi ni desayunaron. Fueron corriendo al patio común para mostrar los regalos, aunque, según la carta de Baltasar que su papá les leyó: “No les trajeron el vestido y el piano porque no los habían encontrado”
No les importó. Cada una en lo suyo, echaban una mirada rápida a la otra con el interés lógico por tanto juguete junto.
Lo primero que hizo Rosa María fue sentarse en su sillita blanca con flores de colores en el respaldo del asiento, la mesa del mismo color se llenó de lápices. La muñeca atravesada en sus rodillas parecía ser su regalo secundario y ya estaba dibujando.
Rosa Clara jugaba con la cocina poniendo las pequeñas ollas de aluminio sobre las hornallas. No podía dejar de mirar la sillita de su prima, le encantaba con su alto respaldo y tanta flor sobre el blanco brillante. Con su muñeca en brazos se dirigió a ella: - Mi muñeca se llama Chiquita…- le dijo acercándose y haciéndola bailar delante de Rosa María. Ésta no contestó, entretenida con su cuaderno y sus pinturitas.
Rosa Clara dijo tocando los dibujos de la silla: - ¡Qué lindo..!
La otra le contestó: - Es un perro... No se enteró de que no hablaba del dibujo sino de la silla. Rosa Clara muy decidida fue a buscar el triciclo: - ¡Mirá que lindo mi triciclo! - y tocó el timbre que sobresaltó a su prima.
- ¿Querés el triciclo…? preguntó rápida.
- No- Dijo Rosa María poniendo la muñeca sobre la mesa. Ésta fue a parar al suelo.
Rosa Clara la levantó y poniéndolas juntas comprobó que era bastante más grande que la de ella
- ¿Cómo se llama?- preguntó
- Se llama Nena
- ¿Querés que les dé la comida?
- Si – Contestó Rosa María bufando porque la interrumpía.
- Pero necesito la silla – sugirió la otra tocando el respaldo de flores multicolores.
- Estoy dibujando… - contestó su prima.
- Pero… ¡mirá qué lindo es mi triciclo…! Te lo cambio por la silla… - insistió Rosa Clara tocando varias veces el timbre.
Rosa María miró a su prima que ya la estaba fastidiando, ella sabía que podía ser muy insistente y que cuando se le metía algo en la cabeza no descansaba hasta conseguirlo. Pero aún así le contestó:
- Te presté la muñeca, basta…
-¿Y si cocinamos las dos?
- No quiero - fue la respuesta. Ella también era tozuda y quería que su prima lo entendiera.
Entonces Rosa Clara le tiró de los rulos, el moño se deshizo. Rosa María se levantó y le dio un empujón. Al caer su prima, las dos muñecas quedaron en el piso despatarradas igual que la "mamá".
Rosa María al ver las muñecas en el piso las señaló y le dijo para recalcar la diferencia de tamaño: - Mi Nena es más grande que la tuya-
Rosa Clara no dijo ni mu, se levantó rápido y fue a agarrar la silla. Ya le enseñaría a su prima quien mandaba allí. Rosa María tironeó para que la soltara. con tanta fuerza, que su prima fue a dar nuevamente al piso.
Se sentía triunfante, le había dado a su prima una lección. Volvió a sentarse y comenzó a dibujar como si nada hubiera pasado, ya había demostrado que no se dejaría quitar la silla. Pero Rosa Clara se levantó rápido y , con los negros ojos echando chispas, sacudió la silla desde atrás. Lo hizo con tanta fuerza que Rosa María fue a dar al piso de nariz. Comenzó a llorar.
Rosa Clara trajo entonces el triciclo y haciendo sonar el timbre repetidamente para acallarla o tal vez para que no se oyera su llanto le dijo: - Tomá, no llorés, te lo presto.
- No quiero, agarrá las muñecas - dijo Rosa María mandoneándola y señalando con su pequeño dedo a Chiquita y Nena que seguían en el piso mientras seguía llorisqueando. Los ojitos de las dos se enfrentaban con decisión. Ninguna quería ceder en su pelea por la silla que ahora mostraba las cuatro patas para arriba.
Rosa María se levantó, la agarró con decisión y se sentó junto a su mesa. Su prima levantó las muñecas casi resignada yendo hacia la cocinita.
Mirando de reojo a su prima que todavía sollozaba mientras seguía dibujando su dichoso perro, se le ocurrió otra estrategia para lograr lo que quería. Empezó a hacer que lloraba por lo bajo:
- ¿Porqué no tenés las nenas vos mientras yo cocino? ¡Pobrecitas están llorando! dijo escondiéndose detrás de las dos, siempre haciendo que lloraban mientras las sacudía un poco.
Rosa María miró a “Chiquita y a Nena”, le daban lástima. Movió la cabeza y levantándose las tomó en brazos y comenzó a pasearlas. Seguía llorando un poco, igual que su prima, solo que ella lo hacía por el golpe y la rabia y la otra en nombre de las “nenas”.
Al ver la silla libre Rosa Clara la puso rápidamente delante de la pequeña cocina sentándose contenta y triunfante para hacer la comida pero sin dejar de simular sollozos.
Rosa María acunaba las muñecas yendo y viniendo. Cada tanto le daba patadas a la pelota que iba y volvía de la pared a su pie. Cada movimiento era certero y fuerte.
Así continuaron un rato, hasta que uno de los pelotazos fue a dar a la cocinita…
Rosa Clara juntaba todo mientras lloraba de verdad.
Rosa María sacudía las nenas que también lloraban. Fue entonces cuando los padres se asomaron al patio para ver porqué había tanto alboroto, pero creyendo que todo era un simulacro de las niñas siguieron con sus tareas.

Y esta amigos míos es una de las historias de las inseparables primas-hermana
Rosa María ...........................Rosa Clara

¿QUÉ SIENTE ESA SEÑORA QUE SE HIZO MAYOR? ... 5

 ¿Qué siente esa señora que se hizo mayor? Siente que los cumpleaños entre sus pares son cada vez más reducidos. Cada vez las primas, herman...