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domingo, 7 de julio de 2019

CUENTOS A PEDIDO...

     Una maestra jardinera amiga me pidió si podía hacer dos cuentos breves, uno para sala de 4 años y otro para sala de 5.  Los dos debían contener enseñanza sobre urbanidad, respeto y derechos humanos, incluida la diversidad... Esto no me gustó mucho porque es un tema para adultos.
     Quedé asombrada por ello, pero puse manos a la obra, mejor dicho al cuento...
      No pude hacerlo mejor espero que les sirvan ya que a esa edad solo se da esto con el ejemplo, especialmente en los hogares.
     Por supuesto espero que mi amiga explique varias palabras del cuento, ya que un cuento es un cuento y hay que responder cuando los niños preguntan siendo precisos pero no exhaustivos en las explicaciones.

Salita de 4 años:

¿¿TE AYUDO MAMÁ??

          Eso preguntó Zenón sonriendo a su mamá. Sonreía porque él la quería mucho. ¡Qué linda pregunta! Todos deberíamos ayudar a los demás. No importa en lo que sea, pero es muy grato, es decir lindo… agradable, que podamos ayudar a los demás.

     ­- Gracias Zenón, sos un amor…

     - De nada mami - contestó orgulloso y empezó a reírse porque siempre que escuchaban su nombre todos se daban vuelta a mirarlo.

     - Zenón se escribe con la Z del zorro – explicó a todos.

     - Es un nombre como cualquier otro, fue el nombre de San Zenón que fue un obispo muy importante en Verona. Los que se llaman Zenón tienen las ideas muy claras y son muy sinceros  - y enseguida agregó  - Me lo enseñó mi papá que lee mucho y me dijo que es un nombre como cualquier otro, así que no se rían.

     La mamá lo miró sabiendo que siempre contaba lo mismo a todos. Y también sabía que todos dejarían de reír, porque realmente Zenón hablaba sin ningún tipo de rodeos.

     La fila de la caja era larga, llegó una señora mayor y les preguntó si podía pasar pues solo llevaba leche y pan. La mamá le dijo que sí y le preguntó al Sr. de adelante si la dejaba pasar. El señor dijo que sí y le preguntó a la chica de adelante,  que dijo que sí y también le preguntó al muchacho de adelante, éste también dijo que si y le preguntó a la Sra. de adelante que dijo que no, que estaba apurada y que esperara. La Sra. mayor se puso delante del muchacho que le había dicho que si y esperó.

     Zenón que miraba y escuchaba todo dijo en voz alta -¿ Mamá no es que siempre hay que respetar a los mayores muy mayores?

     - Si Zenón – dijo la mamá. – También hay que respetar que esa persona está apurada. Además la Sra. ya adelantó bastante –

     La abuela que le decía gracias a todos dijo – Puedo esperar un poco, muchas gracias –

     Cuando le llegó el turno, la abuela saludó a todos del otro lado de la caja, especialmente a Zenón que seguía explicando la razón de su nombre - Mi nombre es cosa seria igual que el de todos –

     Él la saludó con la mano mientras seguía hablando – Mi papá me dijo que hay que respetar los nombres, respetar a los mayores y ayudar a los que lo necesitan –

     Mientras su mamá pagaba Zenón que se escribe con la Z del zorro mostraba contento la bolsa que le dio su mamá para que la ayudara.


     Y colorín colorado la  mamá pagó y junto a Zenón salieron del supermercado…


Salita de 5 años:

LOS OFICIOS Y LAS PROFESIONES

     - Mi papá es pintor y mamá no trabaja, nos cuida y hace ricas comidas – dijo Francisco.

     - Yo tengo un papá médico y un papá confitero, porque tengo dos papás y mi mamá vende ropa – explicó Julia.

     - Mi papá es relojero y mi mamá lo ayuda – dice Daniel.

     - Mi papá es carpintero y vende caramelos y mamá cose dobladillos – dijo Raquel.

     - Mamá vende cremas y papá es taxista – explicó Pablo.

     - Mi mamá hace pizzas y empanadas porque no tengo papá – dice Laura.

     - Yo no tengo mamá pero mi abuela teje para afuera y mi papá es sereno en un garaje – explica Renata.
 
     - Tengo un papá dentista y mamá atiende a los que llegan – agrega Alex

     - Mi papá trabaja en los teatros y mamá lo ayuda cuando se cambia de ropa porque es travestido, y yo me quedo con mi abuela durmiendo – dice Juliana.

     La Seño como le decían todos, al ver que todos la miraban extrañados, explicó con voz dulce y serena – Ser travestido es hacer imitaciones vestido de mujer, cambiándose a cada rato para cantar como las cantantes conocidas, un poco en serio y un poco en broma. A veces se exagera para hacer reír al público. Son espectáculos para mayores por eso Juliana se queda con la abuela en casa.

     La maestra siguió diciendo - ¿Vieron cuántas profesiones y trabajos diferentes? Todas dignas de respeto porque se hacen con amor para que la familia tenga para vestirse, ir al jardín, comer, estudiar y salir… Yo misma como maestra jardinera de Uds. me esfuerzo en atender a mis hijos, mi casa, las compras, la comida y junto con mi marido que es colectivero atendemos todo con amor –

     Luego continuó diciendo – Y ahora dejamos los que faltan para mañana. Vamos al rincón de los juguetes a disfrazarnos y jugar a las profesiones –

     Como todos se levantaron entusiasmados los detuvo con un gesto y dijo:

    - Pero atención, primero vamos a aplaudir a las mamás y papás que nos enseñan a querer y respetar todos los trabajos y profesiones.

     Y colorín colorado los chicos jugaron… ¡todos disfrazados!

sábado, 7 de febrero de 2015

MARÍA ELENA WALSH


MARÍA ELENA WALSH nació en Ramos Mejía  el 01 de febrero de 1930  en la Ciudad de Ramos Mejía.

Los remito a Wikipedia pues su obra es tan vasta que si les interesa podrán verla allí, lo que puedo decirles es que su creatividad y lo amplio de su actividad hacen que merezca la pena leerlo.

Precisamente estos días pasé por Mitre y Moreno zona céntrica de mi barrio, donde colocaron un mural cerámico recordándola.

Grandes y pequeños seguimos escuchando sus hermosas canciones, tiernas, divertidas y que encantan a todos.

Por otra parte en mi carrera de docente como profesora de música nos hemos divertido cantando, actuando y representando muchas de sus canciones. 


FIDEOS FINOS

Voy a contarles lo que había 
entonces en Ramos Mejía:

Había olor a tía,
veredas con pastito
y, tras la celosía,
un viejo organillero con monito.

Y había por los caminos
muchísimos fideos finos.

Había un cielo entero
por donde navegaban las hamacas
y leche que el lechero
traía, no en botella sino en vaca.

Había lluvia en tinas
y patios con ranitas adivinas.
y una gallina clueca
mirándonos con ojos de muñeca.

Había en cada rato 
un gato navegando en un zapato,
y había en la cocina
una mamá jugando con harina.

LA VACA ESTUDIOSA

Había una vez una vaca
en la Quebrada de Humahuaca
Como era muy vieja, muy vieja,
estaba sorda de una oreja.

Y a pesar de que ya era abuela
un día quiso ir a la escuela.
Se puso unos zapatos rojos,
guantes de tul y un par de anteojos.

La vio la maestra asustada
 y dijo  -  Estás equivocada.
Y la vaca le respondió:
¿Por qué no puedo estudiar yo?

La vaca, vestida de blanco,
se acomodó en el primer banco.
Los chicos tirábamos tiza
y nos moríamos de risa.

La gente se fue muy curiosa
a ver a la vaca estudiosa.
La gente llegaba en camiones,
en bicicletas y en aviones.

Y como el bochinche aumentaba
en la escuela nadie estudiaba.
La vaca de pie en un rincón,
rumiaba sola la lección.

Un día toditos los chicos
se convirtieron en borricos.
y en ese lugar de Humahuaca
la única sabia era la vaca.



MARCHA DE OSIAS

Osías el osito en mameluco
paseaba por la calle Chacabuco
mirando las vidrieras de reojo
sin alcancía pero con antojo.

Por fin se decidió y en un bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero tiempo pero tiempo no apurado
tiempo de jugar que es el mejor
Por favor, me lo da suelto y no enjaulado
adentro de un despertador.

Quiero un río con catorce pececitos
y un jardín sin guardia y sin ladrón.
También quiero para cuando esté solito
un poco de conversación.

Quiero cuentos historietas y novelas
pero no las que andan a botón
yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.

Quiero todo lo que guardan los espejos
y una flor adentro de un raviol
y también una galera con conejos
y una pelota que haga:  goool!

Osías el osito en mameluco
paseaba por la calle Chacabuco...

Quiero un cielo bien celeste
aunque me cueste
de verdad, no cielo de postal
Para irme por el este y el oeste
en una cápsula espacial.


Y con esta última canción los dejo pensando que lo pasaron bien junto a mí,  volviendo a ser niños. 

viernes, 6 de noviembre de 2009

MARIO BENEDETTI - (otro favorito)

Si cuarentamil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed,
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro

Pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad
la que se encoge de hombros.


MARIO BENEDETTI

miércoles, 18 de marzo de 2009

OJOS DE MIEL

A medida que iba cayendo la tarde, las sombras de la lejana arboleda eran como un oasis que invitaba a refugiarse del intenso sol estival. Mis sentidos imaginaban el frescor y el aroma de las distintas especies del bosque.
Sabía lo que pasaría al caer las sombras. La pequeña llegaría corriendo, casi aladamente a nuestra aldea y como todos los días, regresaría al bosque antes de que amaneciera. Pregunté el porqué del ritual de esa niña que vivía entre los árboles. Los indígenas, con su piel curtida, casi cuarteada de soles me contaron con ademanes expresivos que bajaba para atender a los niños y que antes del alba regresaba al bosque.
Los enfermos, gracias a ella, recobraban poco a poco la salud y los más graves morían beatíficamente, reconfortados por las caricias y palabras de la pequeña, como si ello garantizara su pasaporte a otra vida, a otros mundos, sin penurias ni necesidades.Yo sentía curiosidad. Los nativos no contestaban a mis preguntas, solo la esperaban cuando caía la tarde, al llegar las sombras.
Ella bebía únicamente miel. Su pelo y sus ojos eran de ese color, la llamaban Ojos de Miel.
Sus piernas y sus brazos eran tan finos y delicados, que no concordaban con la energía de su tarea, de su recorrido diario, rápido, misterioso. Sus pies casi no tocaban la tierra yendo de una choza a la otra, chozas de barro y paja, redondas, con ventanas en ambos lados y una entrada sin puerta, abiertas a una anhelada brisa que no llegaba.
La tierra, cuarteada por los intensos rayos del sol hacía que mis pies ardieran. Yo esperaba ansiosamente la lluvia. Esa noche era imposible dormir. Mi cabeza y mis sienes martilleantes anticipaban en gotas saladas lo que pronto llegaría. Al comenzar la lluvia, sentí un intenso olor que subía desde la tierra, un vaho infernal lo envolvía todo. De golpe una cortina brillante, torrencial, caía sin interrupción hacia la tierra. Agradecíamos bailando y riendo el bienhechor elemento.
La niña no interrumpió su tarea. Sus frágiles piernas apenas despegaban del lodo marrón rojizo del suelo. Miraba el cielo con preocupación, como controlando tiempos.
Emprendió el regreso trabajosamente; me pregunté si se habría contagiado algún mal, o si tal vez la mojadura habría afectado su salud. Sus cabellos y sus brazos chorreaban agua. Observé mis zapatos: parecían moldeados por un mal alfarero, patinaban en el resbaladizo suelo, mi camisa y mis pantalones se pegaban al cuerpo como un guante inundado.
La lluvia garantizaba alimento para la población indígena. Ahora la plantación renacería. Almacenaron suficiente agua hasta la próxima lluvia. Súbitamente la oscuridad dio paso al sol de la mañana, sin transición.
Divisé a la niña. Aún le faltaba un buen trecho hasta la arboleda.
Al caer la tarde no llegó. Los nativos lo asumieron normalmente, yo decidí ir hasta el bosque. Metros antes de la verde y refrescante espesura, ví algo brillante. Era la pequeña. Sus piernas y sus brazos cubiertos con el barro rojizo ya reseco, pegado a la tierra. Sus cabellos enmarañados, apenas tenían destellos color miel. Mi corazón estrujado de pena latía apresuradamente. Entonces ví sus pequeñas y frágiles alas doradas calcinadas por el fuerte sol. Mientras despegaba la terrosa cerámica de su cuerpo, un leve astillarse me alfileteaba el corazón. La levanté en mis brazos. La llevé a la aldea. En un extraño ritual, los indígenas la limpiaron y en un lecho de flores la dejaron en el bosque. Cuando acabó la ceremonia solo dijeron:
“Al caer la tarde, con las sombras del anochecer, llegará otra niña con pelos y ojos color miel,,”

sábado, 9 de febrero de 2008

A LA VUELTA DE LAS VACACIONES

No sé si lo que compuse es un relato o dos cuentos en uno, o dos cuentos y una poesía a la que también puse música. Pero todos sabemos que las musas son imprevisibles así que este es el cuento de PELITO DE SOL, donde la mamá canta la canción del OSO MIMOSO y el papá le cuenta el cuento de AZULIN Y ROBERTINO.



PELITO DE SOL

-¡Mamá! ¡Mamá..!
- ¿Qué quieres Pelito? dice la mamá dejando de ordenar los juguetes.
- ¡Mi oso no se quiere dormir!
- Igual que tú Pelito, ¿porqué no le cantas una canción?
- Es que todavía no comió... dice el niño.
- Ya son la una Pelito - Contesta la mamá mientras se acerca al oso y empieza a cantar la canción del OSO MIMOSO:

Oso mimoso
también revoltoso
juega goloso
con un carozo.
Con un carozo de aceituna.
-¿A que hora ........?
- A ninguna ..........!
- Siiiiii....
-¡Juega a la una...!

Pelito la acompaña contento marcando el pulso con las manos. Luego señala la biblioteca pidiendo un libro. El papá que los estaba mirando agarra al niño en brazos y el libro que éste le señala. Luego lo lleva a la cama y comienza a leer:

AZULIN Y ROBERTINO

Había una vez un pajarito con piquito azul, la colita roja... roja, y el cuerpito con hermosas plumas blancas.
Llegaba todas las tardes al jardín y como era distinto a los demás pajaritos, todos lo miraban muy curiosos y además no lo dejaban ir a su árbol, lo picoteaban y lo rodeaban entre varios pajaritos, marrones, grises y negros, para que se fuera de allí.
Así, que el hermoso pajarito de piquito azul y colita roja, siempre se paraba a descansar en la ventana de Robertino.

Él era un niño muy estudioso, pero muy inquieto, y como lo veía que todas las tardes iba y venía y le daba pena que lo echaran del árbol porque era distinto a los demás, dejaba la ventana con una rendijita abierta para poder hablarle y que el pajarito no se sintiera tan solo y triste.

Robertino lo llamaba Azulín por el color de su piquito, y le dejaba un poco de sus galletitas. Un día le ponía las de chocolate y otro día las de miel.
A Azulín le gustaban las dos y a Robertino también...

Él no salía mucho porque su mamá no le daba permiso pues temía que se perdiera, porque Robertino era muy curioso y un poco distraído.
Y como era tan curioso un día se levantó temprano.., temprano.., y cuando Azulín emprendió vuelo, lo siguió.

Lo siguió por el campo saltando los pozos y tropezando con algún tronco caído. Se lastimó un poquito las rodillas pero seguía corriendo detrás de Azulin, que volaba bastante alto.
Pasaron por un arroyo angostito, donde se embarró todo, pero le vino bien porque se refrescó un poco de tanta carrera.
Cruzaron otro pequeño campo con pasto muy alto que a Robertino le llegaba hasta la nariz, y por fin, cuando estaba cansado, es decir, muy cansado, no como cuando le decía a su mamá que no podía guardar sus juguetes... Cansado de verdad... llegaron a un bosque y en los árboles, vió montones de Azulines, piando con sus piquitos azules:

-¡Pío, pío..., pío, pío..... pío, pá!; ¡Pío, pió.... pío, pío... pío, pá!-

Azulín se unió a ellos, Robertino los miraba asombrado pues sus plumitas blancas revoloteaban y revoloteaban sin parar y de tanto y tanto mirarlos... ¡Se quedó dormido..!
Tanto durmió, que cuando despertó, el sol no estaba y los pajaritos tampoco.
Miró y miró. Para arriba, para abajo, para la derecha, para la izquierda.
¡Estaba solo...! ¡Estaba solo en el bosque..!
Trataba de acordarse como había llegado y no. No se acordaba.

Robertino tenía un poquito de miedo, pero siguió buscando la salida. Estaba casi a punto de llorar cuando vió que un pájaro parecido a Azulin salía de un árbol y venía hacia él. Tuvo otro poquito de miedo. Pero... ¡Era Azulín!. Se paró en su hombro y le cantaba:

- ¡Pío, pío... pío, pío, pío pá...! -

Y se puso a revolotear sobre su cabeza como diciéndole que lo siguiera. Robertino lo hizo así y aunque ahora tenía un poco de frío, se armó de valor.
Se acordó de su mamá y pensó:
-Estará enojada –
También se acordó de su papá que cuando se lastimaba le decía que tenía que ser valiente. Entonces Robertino siguió corriendo más rápido.
Volvieron a pasar por el campo con mucho pasto que le llegaba hasta la nariz, y se metió en el arroyo, que ahora estaba más frío...
Otra vez atravesaron el campo con pozos y troncos de árbol caídos, y se volvió a lastimar las rodillas.
En el cielo ya había estrellas y estaba un poco oscuro, pero él veía muy bien a su blanco amiguito con la colita roja que seguía cantando con su piquito azul:

-¡ Pío, pío..., pío,pío..., pío pá...! - para animarlo

Y al fin vió las luces de su casa y también a sus padres buscándolo entre los árboles. Los otros pajaritos marrones, grises y negros dormían porque no se los veía por ningún lado.

-Me van a poner en penitencia... y me lo merezco - pensó Robertino

Pero no, su mamá y su papá corrieron a abrazarlo cuando lo vieron.
Robertino lloraba, un poco por el miedo que había pasado, un poco por la alegría de verlos y otro poco porque la rodilla le dolía bastante.
Mientras tomaba una rica sopa, les contó lo sucedido. Entonces fueron todos hasta la ventana a ponerle unas galletitas de premio a Azulín. Les pusieron de las dos: de chocolate y de miel.
Con el tiempo Azulín no volvió, Seguramente estaría en el bosque con su familia, pero por las dudas Robertino siempre ponía galletitas en la ventana.

Y colorín colorado..., mientras los pajaritos marrones, grises y negros, se las comían y Pelito de Sol dormía hace un buen rato...

¡Este doble cuento con canción se ha terminado!

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...