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miércoles, 15 de febrero de 2012

BUENA ES LA SARTÉN QUE RECONOCE EL PAÑAL

Inspirado en el refrán que dice: “Bueno es el sastre que reconoce el paño”
- No sé porqué me tienen que tocar estos trabajos a mi. Todo por esas propagandas que ponen por la tele y lo que es peor, es que voy a terminar en la basura y lleno de mierda y pis -
Así se quejaba Don Pañal en el pequeño rincón de la cocina. El televisor volvió a repetir sus recomendaciones: - Use pañales Popó descartables… En todos los tamaños… para niños y mayores. No escapará nada de lo que contenga. Fáciles de usar y con ajuste perfecto -
La imagen mostraba como cambiaban el pañal sucio que en un certero enceste volaba hacia el cubo de la basura - ¿Y entonces yo, que me achicharro todos los días con aceite hirviendo? - dijo una voz que venía de la mesada Don Pañal no había visto nunca ese artefacto y le preguntó:
- ¿Y vos quién sos? –
- Soy Fritanga, la sartén… - respondió con orgullo.
- ¿Y qué hacés? –
- No es lo que hago lo que me molesta, sino que todo se hace con aceite hirviendo y ya estoy cansada de achicharrarme –
-¿Pero también te ponen caca y pis?
- ¡Nooo! - dijo la sartén haciendo ver que su función era más importante. - Yo preparo la comida… Papas fritas, tortillas, pescados, milanesas, huevos fritos, croquetas, y muchas cosas más que come la gente. Mirá… ¿Ves? Eso es lo que hago… -
Don Pañal miró al televisor que mostraba una sartén reluciente sobre la potente llama del gas mientras un señor con gorro blanco y alto vertía un líquido verdoso en ella diciendo:
-“Olivol… el aceite de más calidad para todo tipo de fritos. Olivol… el aceite que no debe faltar en su cocina”- y mientras ponía papas cortadas en bastones en él, señalaba con un dedo una marca que ni Popó ni Fritanga sabían leer.
Llegó la dueña de casa con su niño en brazos así que los dos callaron, cada uno conciente de lo que tenía que hacer. Resignadamente don Pañal fue a parar al cambiador que había en la mesa. La mamá quitó el sucio, lavó el culito, le puso talco y se cumplió el destino: ya estaba Popó debajo de esa piel tan suave y oliendo ese rico perfume que pronto se transformaría en un olor diferente.
-¡Qué bonito que está mi bebeeé! ¡Ahora a comer! – dijo la mamá sentándose para dar de comer al pequeño que ubicó en una silla más alta.
Hoy le tocaba puré de zanahorias con zapallo, huevo duro picado e hígado rallado. Comía muy bien, y también tomaba un poco de jugo de naranja.
La sartén, boca abajo, pensaba en cuánta razón había tenido Popó en quejarse, ¡por lo menos ella seguía allí, acompañando a la familia!
Bebéee como lo llamaba la mamá terminó de comer y quedó en su silla golpeando con la cuchara en la mesa. La señora sacó las milanesas de la heladera.
Esta heladera era igual a la que don televisor mostraba todos los días como la mejor del mercado y a la que llamaba Friona con sistema Nofrost…
Fritanga siempre pensó que esto no era un mercado, que era una casa, pero como la tele dice cosas raras, no le hacía caso.
Llegó el papá. El nene se reía y hacía ruidos con la boca y con otra parte.
Doña Sartén todavía no había recibido el baño de aceite.
La mamá la puso sobre la hornalla, pero no la encendió, porque el marido le dijo:
- Me parece que se hizo caca –
- ¡Seguro! – dijo la mamá – ¡Recién comió…!
Otra vez el cambiador y otro pañal de la pila que había en el mueble. La tarea fue la misma, limpiar, entalcar y pañal limpio.
Popó fue al cubo de la basura sin tiempo a quejarse.
-¡Adiós amigo! – Dijo Fritanga bajito para que no la oyeran.
- Asccc… - Escuchó apenas la respuesta del pañal Popó…
Entonces el papá le dio a su señora una caja que ésta abrió con curiosidad. Ella le dio unos besos de esos que se dan los mayores cuando están contentos y sacó de la caja… ¡Tres sartenes de distinto tamaño..! ¡Cómo brillaban! ¡Y además traían tapas de cristal..!
El señor se acercó a doña Sartén diciendo:
-¡No quiero ver más esto! – y agarrándola por el mango la puso en el cubo de la basura, junto al pañal que olía a rayos.
- Bueno, parece que nos vamos juntos de esta casa - dijo Popó
- Puajjj… Fue lo único que pudo contestar Fritanga que no podía hablar, sacaba el mango afuera del tacho tratando de respirar aire puro, aunque se consolaba pensando que hoy no tendría que aguantar el calor del gas ni el aceite burbujeando en su viejo cuerpo.
Esa noche viajaron juntos Popó y Fritanga hacia rumbo desconocido. Él acostumbrado a los olores y ella sin saber si dejar el mango afuera o adentro puesto que en ese lugar todo era oscuro y maloliente.
¡Buen viaje amigos!

domingo, 9 de agosto de 2009

LA OTRA CARA DEL DÍA DEL NIÑO

Hoy va de copiar un relato que por verídico sucede en todo el mundo, e inclusive con consecuencias y vivencias más graves aún.

Texto extraído de la revista ADN del diario La nación de hoy.

Daniela tiene 13 años y está en 6º grado en una escuela del norte argentino. Cuando forman en el patio de tierra colorada para izar la Bandera de la Patria, ella es la más alta. Se atrasó dos años porque ayuda en casa cuidando a sus hermanitos y a algunos hijos de los vecinos. Es una tarea que desarrolla muy bien y le gusta. De grande dice que va a ser maestra jardinera.
Una vecina le contó a su mamá de una sobrina que trabaja en Buenos Aires cuidando los hijos de una familia de plata: "A Verónica le va muy bien. Gana unos pesos y le hacen estudiar el secundario. Si sigue así, dicen que va a ir a la facultad".
La oferta era buena. A la Rusita -así le dicen a Daniela por sus cabellos rubios y ojos claros- le gustó la idea. Además, también en esos meses se habían sumado para probar suertes parecidas Maribel, Celeste y Guanda, que eran de familias conocidas de unos pueblos cercanos.
La despedida fue sencilla y sin mucha emoción. Daniela llevaba puesto un vestido rosado con puntillas blancas y los zapatos de la comunión, que le apretaban un poco, pero eran los únicos que tenía. Como estaba lloviendo mucho fue inevitable salpicarse con barro colorado. Las habían ido a buscar dos matrimonios en dos autos. Antes de partir se sacaron varias fotos con toda la familia y algún vecino.
Daniela llevaba un bolso pequeño y un osito "aviador" de peluche. Desde chiquita soñaba con poder mirar cómo serían las casas y los árboles desde el cielo.
Después de andar unas 5 horas pararon en una estación de servicio. Mientras compraban unas galletitas, sonó el celular de uno de los matrimonios. Con cara de preocupación uno de los hombres les dijo que las familias de Buenos Aires habían tenido que viajar de urgencia por unos días, y que esperarían en una casa por ahí cerca hasta que regresaran. Ya estaba entrando la noche. Hicieron dos horas más de viaje y algunas se durmieron. Llegaron a una casa rara y oscura cerca de una ruta, y allí las dejaron. Nunca más vieron a esos matrimonios.
Dos hombres y una mujer grandes llevaron a las cuatro chicas a una pieza con dos camas. Allí iban a dormir. Les dijeron que para pagar la comida de "esos días" y mandar plata a casa iban a tener que acostarse con algunos hombres y hacer lo que ellos les pidieran. Cuando Maribel dijo que no con un grito, la mujer le dio un sopapo que le hizo salir sangre de la boca, y uno de los hombres le pegó con el cinturón. Después se la llevaron, dijeron que a otra casa.
A las tres les sacaron la ropa que tenían puesta y les dieron ropa de "mujeres grandes", que ellas no conocían. Ellas sabían que dejar que los hombres les hicieran cualquier cosa estaba mal. Una vez la mamá de Guanda le contó que un vecino había violado a su sobrina y cómo le había arruinado la vida a la pobrecita. Ellas también habían escuchado que alguna compañera de la escuela o alguna vecina era sometida sexualmente por el papá o el padrastro o por alguno de los hermanos, y nadie las protegía.
Esa noche, ya muy tarde, las sacaron a patadas de la pieza y las hicieron "trabajar" por primera vez en otros sucuchos. Había mucho olor a vino, a cigarrillo, a humo. Se veía muy poco y la música estaba muy fuerte. Fue horrible.
"Sus leves huesos en cruz /meciéndose en suave luz/ el tipo que la acaricia / y ella novicia llorándose", tomado del tema Novicia, de Víctor Heredia, parece escrito para ellas.
A las dos semanas las separaron a las tres, y ya no volverían a verse. Permanecían unidas por el horror y el espanto.
Les retuvieron los documentos. Cada tanto las atormentaban mostrando la foto de la familia y amenazando con hacer mucho daño a alguno de sus seres queridos ya tan lejanos. Noche tras noche les hacían sentir la humillación.
A Daniela la llevaron a otro lugar y a los 3 meses, a otro; así, cada tanto la cambiaban. Varias cosas ella recuerda como "una vez". Y es así que "una vez" una de sus compañeras logró escaparse. A los tres días la encontraron y "la pagó cara". Le pegaron un buen rato delante de algunas, y otras cosas que la Rusita prefiere no contar. Era castigo para la fugitiva y advertencia para las otras.
En otra ocasión "una vez" escuchó en la radio una propaganda por el Día del Niño y se puso a llorar. Cada tanto le pasaba. Para el Día de la Madre, Día del Padre, Navidad... ¡Cuántos recuerdos arrancados y robados!
Como a los dos años la hicieron quedar embarazada. Así nació Lautaro. Una mujer grande se encargaba de cuidarlo mientras ella trabajaba. Si alguna vez se quejaba, ahora la amenaza era con "la luz de sus ojos".
Dos o tres veces al año caía la policía. Ella nunca supo cómo en esos lugares se enteraban antes y a las que eran más chicas las sacaban rápido en un auto que siempre estaba listo para escapar.
También la obligaron a drogarse y la hicieron adicta para tener un modo más de retenerla y obligarla a "portarse bien" con los clientes. Se acordaba de que cuando "era chica" portarse bien era otra cosa.
Una noche "falló" el aviso o no arrancó el auto, y llegó la policía.
La Rusita tenía 17 años. Algunos de los clientes se fueron. A los "dueños" del local los llevaron presos. No se sabe si por mucho tiempo.
Daniela no se acuerda en qué "casa de tolerancia" quedó su oso "aviador" de peluche. No se acordaba de sus sueños de maestra jardinera o de mirar las casas o los árboles desde el cielo. Había estado viendo la vida y los hombres desde el infierno.
La vergüenza y el miedo son sus compañeros permanentes. La primera le impide volver a casa y encontrarse con su gente. El segundo es por si la vuelven a secuestrar. Le cuesta mucho vencer la adicción. Y como una ventana hacia la esperanza, la mirada y la sonrisa de Lautaro le dan fuerza cada día.
Conoció días y días, horas y horas de pasillos y salas de espera: comisarías, hospitales, juzgados, oficinas, psicólogos, trabajadores sociales... En un par de ocasiones reconoció a dos de sus "clientes". No sabe si ellos la reconocieron.

A los 3 meses el prostíbulo volvió a abrir sus puertas con el nombre "Tus sueños hoy". Y aquí no ha pasado nada. ¿No ha pasado nada? ¿Podemos decir que aquí termina la historia de la Rusita?
Daniela, Maribel, Celeste, Guanda y cientos por año -también varones- son secuestrados con engaño o con violencia, y dedicados a la explotación sexual en las rutas o ciudades para la diversión (?) y el placer (?) de enfermos o sanos cómplices del secuestro, la tortura y la humillación de niños, niñas y adolescentes. Dinero, poder manchado con sangre que brota de los cuerpos frágiles y las ilusiones vulneradas. De víctimas y victimarios
La trata no es "un tema". Son vidas destruidas. Derechos pisoteados.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Internacional de los Derechos del Niño, la Constitución Nacional, las constituciones provinciales y hasta los libros sagrados de las diversas religiones son tirados al retrete más lleno de excremento con cada niño o niña que es secuestrado y torturado para el comercio sexual.

Durante el año pasado, en operativos policiales fueron rescatadas de las redes dedicadas a la trata de personas 257 mujeres, de las cuales casi 80 eran adolescentes. ¿Es esto todo? ¿O será la punta del iceberg y lo más grueso aún está oculto? ¿Pensaste, lector? Yo pienso lo mismo.
Con ocasión de la reciente sanción de la ley nacional Nº 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas ha habido excelentes artículos e investigaciones periodísticas que nos acercan esta realidad que nos duele.
Vivimos en una sociedad esquizoide o farisaica. Al decir de Jesús, "filtramos el mosquito y nos tragamos el camello". ¿Cómo?: prohibimos el uso de animales en el circo para diversión de los niños, pero no se controla y condena el uso de los niños para divertir a algunos adultos; o parece aceptable si son mayores de edad. Qué loco, ¿no? Y, además, a los lugares donde tales cosas suceden se les llama "casas de tolerancia". ¿Puede creerse?
En todo esto hay una "lógica" (?) perversa, que es la de pensar -o aceptar- que la sensación de vacío y soledad o de frustración afectiva de alguno deba ser "consolada" o saciada por una mujer (joven o adulta), obligada a hacerlo por dinero o por violencia.
O que ese "hombre", que suele comer en casa o reunirse con amigos, alguna noche "necesita" que alguien (una mujer) con poca ropa le sirva una copa, y que además por lo que paga esté habilitado para acariciar o reclamar caricia genital u otro sometimiento. Y que esto sea aceptado socialmente como "normal". ¿No será tiempo de proponer y legislar para que quien esta carencia tenga se arregle en casa como pueda? Para esos "hombres" que viven en la ciudad o trabajan en la ruta y se sienten solos y necesitados de afecto, ¿no habrá que pensar en construir en cada estación de servicio de combustible un gabinete psicológico para quien esté deprimido, y una máquina que expenda bebidas y le susurre cosas chanchas al oído? ¿Parece ridículo esto? A mí también. Pero me parece más horrendo lo de ahora.
Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Ya vemos qué producen los cobardes y corruptos.
Y nosotros, los adultos -todos-, debemos cuidar a nuestros pequeños con montones de ternura.
Los peluches deben ser guardianes de los sueños en tiempos de blanca inocencia, pero en casa.
Por Mons. Jorge Eduardo Lozano
El autor es obispo de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos

sábado, 9 de febrero de 2008

A LA VUELTA DE LAS VACACIONES

No sé si lo que compuse es un relato o dos cuentos en uno, o dos cuentos y una poesía a la que también puse música. Pero todos sabemos que las musas son imprevisibles así que este es el cuento de PELITO DE SOL, donde la mamá canta la canción del OSO MIMOSO y el papá le cuenta el cuento de AZULIN Y ROBERTINO.



PELITO DE SOL

-¡Mamá! ¡Mamá..!
- ¿Qué quieres Pelito? dice la mamá dejando de ordenar los juguetes.
- ¡Mi oso no se quiere dormir!
- Igual que tú Pelito, ¿porqué no le cantas una canción?
- Es que todavía no comió... dice el niño.
- Ya son la una Pelito - Contesta la mamá mientras se acerca al oso y empieza a cantar la canción del OSO MIMOSO:

Oso mimoso
también revoltoso
juega goloso
con un carozo.
Con un carozo de aceituna.
-¿A que hora ........?
- A ninguna ..........!
- Siiiiii....
-¡Juega a la una...!

Pelito la acompaña contento marcando el pulso con las manos. Luego señala la biblioteca pidiendo un libro. El papá que los estaba mirando agarra al niño en brazos y el libro que éste le señala. Luego lo lleva a la cama y comienza a leer:

AZULIN Y ROBERTINO

Había una vez un pajarito con piquito azul, la colita roja... roja, y el cuerpito con hermosas plumas blancas.
Llegaba todas las tardes al jardín y como era distinto a los demás pajaritos, todos lo miraban muy curiosos y además no lo dejaban ir a su árbol, lo picoteaban y lo rodeaban entre varios pajaritos, marrones, grises y negros, para que se fuera de allí.
Así, que el hermoso pajarito de piquito azul y colita roja, siempre se paraba a descansar en la ventana de Robertino.

Él era un niño muy estudioso, pero muy inquieto, y como lo veía que todas las tardes iba y venía y le daba pena que lo echaran del árbol porque era distinto a los demás, dejaba la ventana con una rendijita abierta para poder hablarle y que el pajarito no se sintiera tan solo y triste.

Robertino lo llamaba Azulín por el color de su piquito, y le dejaba un poco de sus galletitas. Un día le ponía las de chocolate y otro día las de miel.
A Azulín le gustaban las dos y a Robertino también...

Él no salía mucho porque su mamá no le daba permiso pues temía que se perdiera, porque Robertino era muy curioso y un poco distraído.
Y como era tan curioso un día se levantó temprano.., temprano.., y cuando Azulín emprendió vuelo, lo siguió.

Lo siguió por el campo saltando los pozos y tropezando con algún tronco caído. Se lastimó un poquito las rodillas pero seguía corriendo detrás de Azulin, que volaba bastante alto.
Pasaron por un arroyo angostito, donde se embarró todo, pero le vino bien porque se refrescó un poco de tanta carrera.
Cruzaron otro pequeño campo con pasto muy alto que a Robertino le llegaba hasta la nariz, y por fin, cuando estaba cansado, es decir, muy cansado, no como cuando le decía a su mamá que no podía guardar sus juguetes... Cansado de verdad... llegaron a un bosque y en los árboles, vió montones de Azulines, piando con sus piquitos azules:

-¡Pío, pío..., pío, pío..... pío, pá!; ¡Pío, pió.... pío, pío... pío, pá!-

Azulín se unió a ellos, Robertino los miraba asombrado pues sus plumitas blancas revoloteaban y revoloteaban sin parar y de tanto y tanto mirarlos... ¡Se quedó dormido..!
Tanto durmió, que cuando despertó, el sol no estaba y los pajaritos tampoco.
Miró y miró. Para arriba, para abajo, para la derecha, para la izquierda.
¡Estaba solo...! ¡Estaba solo en el bosque..!
Trataba de acordarse como había llegado y no. No se acordaba.

Robertino tenía un poquito de miedo, pero siguió buscando la salida. Estaba casi a punto de llorar cuando vió que un pájaro parecido a Azulin salía de un árbol y venía hacia él. Tuvo otro poquito de miedo. Pero... ¡Era Azulín!. Se paró en su hombro y le cantaba:

- ¡Pío, pío... pío, pío, pío pá...! -

Y se puso a revolotear sobre su cabeza como diciéndole que lo siguiera. Robertino lo hizo así y aunque ahora tenía un poco de frío, se armó de valor.
Se acordó de su mamá y pensó:
-Estará enojada –
También se acordó de su papá que cuando se lastimaba le decía que tenía que ser valiente. Entonces Robertino siguió corriendo más rápido.
Volvieron a pasar por el campo con mucho pasto que le llegaba hasta la nariz, y se metió en el arroyo, que ahora estaba más frío...
Otra vez atravesaron el campo con pozos y troncos de árbol caídos, y se volvió a lastimar las rodillas.
En el cielo ya había estrellas y estaba un poco oscuro, pero él veía muy bien a su blanco amiguito con la colita roja que seguía cantando con su piquito azul:

-¡ Pío, pío..., pío,pío..., pío pá...! - para animarlo

Y al fin vió las luces de su casa y también a sus padres buscándolo entre los árboles. Los otros pajaritos marrones, grises y negros dormían porque no se los veía por ningún lado.

-Me van a poner en penitencia... y me lo merezco - pensó Robertino

Pero no, su mamá y su papá corrieron a abrazarlo cuando lo vieron.
Robertino lloraba, un poco por el miedo que había pasado, un poco por la alegría de verlos y otro poco porque la rodilla le dolía bastante.
Mientras tomaba una rica sopa, les contó lo sucedido. Entonces fueron todos hasta la ventana a ponerle unas galletitas de premio a Azulín. Les pusieron de las dos: de chocolate y de miel.
Con el tiempo Azulín no volvió, Seguramente estaría en el bosque con su familia, pero por las dudas Robertino siempre ponía galletitas en la ventana.

Y colorín colorado..., mientras los pajaritos marrones, grises y negros, se las comían y Pelito de Sol dormía hace un buen rato...

¡Este doble cuento con canción se ha terminado!

sábado, 5 de enero de 2008

LAS PRIMAS-HERMANAS




Vivían en la misma casa, en tiempos donde el entretenimiento era la radio y tanto Papá Noel como los Reyes Magos escribían cartas contestando los pedidos de los niños.
Rosa Clara nació en Noviembre, tenía la tez aceitunada y sus ojos eran oscuros brillantes e inteligentes, con cejas que parecían delineadas por un artista, negras igual que el pelo lacio y brillante. Fue desde pequeña independiente y decidida.
Rosa María nació en Diciembre. Más pequeña, tenía la tez clara y llevaba el pelo castaño oscuro con largos bucles que se sostenían atrás con un moño blanco para evitar que se enmarañara por lo rizado. En la carita resaltaban sus ojos redondos y marrones. Era tranquila y observadora.
Ella hablaba menos que su prima hermana, que llevaba la voz cantante en todo. Las dos se adoraban, además desde pequeñas se vestían casi igual salvo variantes en detalles y color.
Iban juntas siempre, y curiosamente compartían gustos, juguetes y comidas en una armonía que maravillaba a la familia.
Llegaban otra vez los Reyes y la carta era escrita por los padres. A los cinco años las pequeñas respondían como todos los niños con una larga lista al clásico: ¿“Qué querés que te traigan los Reyes Magos”?


Rosa Clara pidió varias cosas: - Una muñeca, un juego de cocina, una pelota, un triciclo y un vestido de Blanca Nieves. Se vislumbraba en ella un carácter fuerte y con convicciones firmes, porque aún poseyendo una gran sensibilidad, siempre se las ingeniaba para obtener lo que quería.


Rosa María dijo: -Una mesa con una silla, cuadernos, pinturitas, un piano y una muñeca grande. Más soñadora que su prima, le gustaban los cuentos y tenía ciertas dotes artísticas.


Los padres, hermanos entre sí, comentaban que este año habría conflictos cuando los Reyes trajeran los regalos, pero escribieron lo que las primas habían pedido.
Como todos los chicos ellas hablaban con gran expectación sobre si vendrían a no vendrían y si les traerían todo.
Rosa Clara siempre estaba corriendo e investigaba todo juguete que se pusiera en sus manos, le gustaba recitar poesías y tocar el piano. En cambio Rosa María siempre estaba pintando, cantando y tratando de bailar en puntas de pie.
Pero las dos se complementaban muy bien pues no había motivos de pelea entre ellas.
Al fin llegó el día y las dos se fueron a dormir poniendo sus zapatos cerca de la puerta. No comprendían mucho el ritual, pero les daba gracia hacerlo. Antes la gente se acostaba temprano así que no hacía falta decirles que fueran a la cama pronto .
Cada una en su habitación se quedó dormida esperando la sorpresa del día siguiente.
¡Y llegaron los Reyes Magos..!


Por la mañana las primas abrieron los paquetes. Estaban tan contentas, que casi ni desayunaron. Fueron corriendo al patio común para mostrar los regalos, aunque, según la carta de Baltasar que su papá les leyó: “No les trajeron el vestido y el piano porque no los habían encontrado”
No les importó. Cada una en lo suyo, echaban una mirada rápida a la otra con el interés lógico por tanto juguete junto.
Lo primero que hizo Rosa María fue sentarse en su sillita blanca con flores de colores en el respaldo del asiento, la mesa del mismo color se llenó de lápices. La muñeca atravesada en sus rodillas parecía ser su regalo secundario y ya estaba dibujando.
Rosa Clara jugaba con la cocina poniendo las pequeñas ollas de aluminio sobre las hornallas. No podía dejar de mirar la sillita de su prima, le encantaba con su alto respaldo y tanta flor sobre el blanco brillante. Con su muñeca en brazos se dirigió a ella: - Mi muñeca se llama Chiquita…- le dijo acercándose y haciéndola bailar delante de Rosa María. Ésta no contestó, entretenida con su cuaderno y sus pinturitas.
Rosa Clara dijo tocando los dibujos de la silla: - ¡Qué lindo..!
La otra le contestó: - Es un perro... No se enteró de que no hablaba del dibujo sino de la silla. Rosa Clara muy decidida fue a buscar el triciclo: - ¡Mirá que lindo mi triciclo! - y tocó el timbre que sobresaltó a su prima.
- ¿Querés el triciclo…? preguntó rápida.
- No- Dijo Rosa María poniendo la muñeca sobre la mesa. Ésta fue a parar al suelo.
Rosa Clara la levantó y poniéndolas juntas comprobó que era bastante más grande que la de ella
- ¿Cómo se llama?- preguntó
- Se llama Nena
- ¿Querés que les dé la comida?
- Si – Contestó Rosa María bufando porque la interrumpía.
- Pero necesito la silla – sugirió la otra tocando el respaldo de flores multicolores.
- Estoy dibujando… - contestó su prima.
- Pero… ¡mirá qué lindo es mi triciclo…! Te lo cambio por la silla… - insistió Rosa Clara tocando varias veces el timbre.
Rosa María miró a su prima que ya la estaba fastidiando, ella sabía que podía ser muy insistente y que cuando se le metía algo en la cabeza no descansaba hasta conseguirlo. Pero aún así le contestó:
- Te presté la muñeca, basta…
-¿Y si cocinamos las dos?
- No quiero - fue la respuesta. Ella también era tozuda y quería que su prima lo entendiera.
Entonces Rosa Clara le tiró de los rulos, el moño se deshizo. Rosa María se levantó y le dio un empujón. Al caer su prima, las dos muñecas quedaron en el piso despatarradas igual que la "mamá".
Rosa María al ver las muñecas en el piso las señaló y le dijo para recalcar la diferencia de tamaño: - Mi Nena es más grande que la tuya-
Rosa Clara no dijo ni mu, se levantó rápido y fue a agarrar la silla. Ya le enseñaría a su prima quien mandaba allí. Rosa María tironeó para que la soltara. con tanta fuerza, que su prima fue a dar nuevamente al piso.
Se sentía triunfante, le había dado a su prima una lección. Volvió a sentarse y comenzó a dibujar como si nada hubiera pasado, ya había demostrado que no se dejaría quitar la silla. Pero Rosa Clara se levantó rápido y , con los negros ojos echando chispas, sacudió la silla desde atrás. Lo hizo con tanta fuerza que Rosa María fue a dar al piso de nariz. Comenzó a llorar.
Rosa Clara trajo entonces el triciclo y haciendo sonar el timbre repetidamente para acallarla o tal vez para que no se oyera su llanto le dijo: - Tomá, no llorés, te lo presto.
- No quiero, agarrá las muñecas - dijo Rosa María mandoneándola y señalando con su pequeño dedo a Chiquita y Nena que seguían en el piso mientras seguía llorisqueando. Los ojitos de las dos se enfrentaban con decisión. Ninguna quería ceder en su pelea por la silla que ahora mostraba las cuatro patas para arriba.
Rosa María se levantó, la agarró con decisión y se sentó junto a su mesa. Su prima levantó las muñecas casi resignada yendo hacia la cocinita.
Mirando de reojo a su prima que todavía sollozaba mientras seguía dibujando su dichoso perro, se le ocurrió otra estrategia para lograr lo que quería. Empezó a hacer que lloraba por lo bajo:
- ¿Porqué no tenés las nenas vos mientras yo cocino? ¡Pobrecitas están llorando! dijo escondiéndose detrás de las dos, siempre haciendo que lloraban mientras las sacudía un poco.
Rosa María miró a “Chiquita y a Nena”, le daban lástima. Movió la cabeza y levantándose las tomó en brazos y comenzó a pasearlas. Seguía llorando un poco, igual que su prima, solo que ella lo hacía por el golpe y la rabia y la otra en nombre de las “nenas”.
Al ver la silla libre Rosa Clara la puso rápidamente delante de la pequeña cocina sentándose contenta y triunfante para hacer la comida pero sin dejar de simular sollozos.
Rosa María acunaba las muñecas yendo y viniendo. Cada tanto le daba patadas a la pelota que iba y volvía de la pared a su pie. Cada movimiento era certero y fuerte.
Así continuaron un rato, hasta que uno de los pelotazos fue a dar a la cocinita…
Rosa Clara juntaba todo mientras lloraba de verdad.
Rosa María sacudía las nenas que también lloraban. Fue entonces cuando los padres se asomaron al patio para ver porqué había tanto alboroto, pero creyendo que todo era un simulacro de las niñas siguieron con sus tareas.

Y esta amigos míos es una de las historias de las inseparables primas-hermana
Rosa María ...........................Rosa Clara

UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...