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domingo, 27 de junio de 2021

LA LEYENDA DEL ROMERO

     Dicen que cuando la sagrada familia huyó a Egipto con María llevando en sus brazos al niño Jesús, las flores del camino se iban abriendo a medida que pasaban por ellas.

      El Lila alzó sus ramas orgullosos y emplumados, el lirio abrió su cáliz.

      El Romero sin pétalos ni belleza, entristeció lamentando no poder complacer al niño. Cansada, María se detuvo al borde del río y mientras el niño dormía, lavó su ropa pequeña.

     A continuación miró alrededor, buscando un lugar para extenderlas.

      El lirio quebrará con el peso y el lila es demasiado alto. Las puso entonces sobre el romero y él suspiró de alegría, agradeció de corazón la nueva oportunidad y las mantuvo al sol durante toda la mañana.

    ¡Gracias, amable romero! -  Dijo María, de aquí en adelante ostentarás flores azules para recordar el color del manto que estoy usando. Y no son sólo flores que te doy en agradecimiento, pero todas las ramas que han sostenido la ropa del pequeño Jesús serán aromáticas.

     "Bendigo hoja, tallo y flor, que a partir de este instante tendrán el aroma de santidad y aportarán alegría"

      


     Al tocar sus hojas... Su olor te lleva a lo más profundo de tu memoria..

      Es antiséptico, antiespasmódico, aromatizante, depurativo, ayuda a la digestión, diurético, contra la caspa y caída del cabello.

      Además puedes sahumar tu casa para limpiar energías negativas y con unas tres ramas de Romero se limpia el cuerpo pasando al ras y golpeando en las articulaciones, elimina el dolor expulsa la energía tóxica.  

martes, 24 de noviembre de 2020

EL REY NKONGOLO

 

NKONGOLO

 

El cielo se calmó. El sol asomado en alguna parte daba forma a un amplio Arco Iris. Era espectacular. Tanto en su largo como en su ancho desplegaba sus vistosos colores sobre las Cataratas de Tissitat.

 Las abundantes lluvias aumentaron el caudal ocre del Nilo Azul, formando saltos espectaculares que la pequeña Minia miraba fascinada desde lo alto.

             Estirada cuan larga era sobre la exuberante vegetación, Minia se dejaba invadir por el descomunal ruido, sumergiéndose  en  el placer del espectáculo total, con todos sus sentidos. Percibía los olores de las distintas especies de árboles y arbustos y también del agua cargada de sedimentos y minerales. Y aún así le hubiera gustado sumergirse hasta lo más profundo. “Sabía” que alguna vez estuvo allí y sentía deseos de volver al seno de esas aguas turbulentas.

             Llevaba el pelo brillante y negro en diminutas trenzas estiradas hacia atrás, su frente amplia formaba un óvalo perfecto hasta el mentón.  Ojos nariz  y boca, profundamente negros, eran  exuberantes como la propia vegetación.

             Observaba hipnotizada hacia la profundidad: el Tisoha  (ó “humo de agua” como le llamaban los lugareños) lo invadía todo.

             Esperaba  el gran momento, ella sabía que el misterio estaba en las aguas. ¿O tal vez en el Arco Iris? Sus ojos fijos, muy abiertos, desafiaban la luz del sol sin cerrarse.

             Un trueno poderoso interrumpió su estatismo, el Arco Iris estalló en más colores, algo se enroscó en él que se estiró y se estiró en una larga cola sumergiéndose en las aguas; era Chinawezi que resurgía. Su potencia elevaba chorros que formaban infinitos Arco Iris. Minia quería agarrarlos  y estiraba al máximo sus brazos  renegridos que brillaban más que nunca con el vapor reinante

            Chinawezi reparando en ella comenzó a moverse en desordenado espiral, su potencia serpentina dejó libre al Arco iris y con la misma fuerza elevó su cabeza al cielo desafiando al sol sin parpadear. Minia estiraba aún más su negro cuerpo. Sentía como Chinawezi la envolvía con húmeda suavidad y la estrujaba con sabiduría y decisión.

Siete anillos la aprisionaban con firme levedad, siete divisiones de la creación que iban dejando sus huellas sobre el cuerpo de Minia que se estiraba y se estiraba con la misma serpentina forma de Chinawezi.

 Los ojos de Minia siguieron mirando fijamente al Sol; luego su cabeza se introdujo en el cielo, su ofidio cuerpo sinuoso mostraba sobre las escamas el dibujo de siete  anillos negros y brillantes  en perfecta simetría. Su larga cola se sumergió en las aguas estrepitosamente. Ella misma era la gestora de múltiples Arco Iris. Sacudió con su energía ancestral la aguas subterráneas y hubo un remolino de mutuo reconocimiento.

             Luego todo se calmó. La naturaleza recobró su ritmo. Las Cataratas del Tissitat volvieron a saltar y caer con la estrepitosa cadencia de siempre.

            El ciclo se había cumplido y  Minia volvía a sus orígenes.

            Chinawezi  poco a poco fue regresando a su raíz de serpiente cósmica,  a fundirse nuevamente en los colores del Gran Arco.

             Entonces volvió a ser el rey: Nkongolo, el Rey Arco Iris.


ROSA MARÍA FAVALE MACÍAS

martes, 1 de diciembre de 2015

LA YERBA MATE

Eduardo Galeano

La luna se moría de ganas de pisar la tierra.

Quería probar las frutas y bañarse en algún río.
Gracias a las nubes, pudo bajar. Desde la puesta del
 sol hasta el alba, las nubes cubrieron el cielo para que nadie
advirtiera que la luna faltaba.
Fue una maravilla la noche en la tierra. La luna  paseó por la selva
del alto Paraná, conoció misteriosos aromas y  sabores y nado
largamente en el río. Un viejo labrador la salvo dos  veces. Cuando el jaguar iba a clavar sus dientes en el cuello de la  luna, el viejo
degolló a la fiera con su cuchillo; y cuando la luna  tuvo hambre la llevo a su casa. "Te ofrecemos nuestra pobreza",  dijo la mujer del
labrador, y le dio unas tortillas de maíz. 
 


A la noche siguiente, desde el cielo, la luna se asomó a la casa de
sus amigos. El viejo labrador había construido su  choza en un claro
de la selva, muy lejos de las aldeas. Allí vivía,  como en un exilio,
con su mujer y su hija.
La luna descubrió que en aquella casa no quedaba nada que comer. Para ella habían sido las últimas tortillas de maíz.
 Entonces iluminó el lugar con la mejor de sus luces y pidió a las nubes  que dejasen caer, alrededor de la choza, una llovizna muy especial.
Al amanecer en esa tierra habían brotado unos árboles desconocidos.
Entre el verde oscuro de las hojas, asomaban las flores blancas.
Jamás murió la hija del viejo labrador. Ella es la  dueña de la yerba
mate y anda por el mundo ofreciéndola a los demás.
La yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y
 hace hermanas a las gentes que no se conocen. 






UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER

 https://www.instagram.com/reel/DSQj3VTjjX0/ CABALLOS SALVAJES Excelente película con la actuación de HÉCTOR ALTERIO.      Poco para decir q...