D esde mi entraña sembrada de amor, asciende su sonido.
E s el sonido de esta nueva vida que crece en mi interior.
L a siento pujante, nueva, decidida. Su ritmo dice: ¡Me siento viva!
R ecorre conmigo caminos insondables.., ve sin ver en agua sumergida.
I ntimo contacto y con unción, las almas se acarician...
T oca sin tocar... Me tiene y me contiene.
M emoria individual, y de mi hondo universo, memoria colectiva.
O ye mis palabras y responde: ¡Aquí estoy, al ritmo de la vida!
La literatura es imaginarse o querer averiguar lo que está al otro lado: más allá del umbral de la habitación, detrás de la puerta entornada que nuestra mano empujará o de la puerta cerrada con una llave que tal vez nos estará prohibido buscar; al otro lado de un río, detrás de una silueta azul de montañas...
lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
COMPAÑEROS

Ves como todos los días
Se enciende la vida a tu alrededor
Risas alegría y esperanzas compartidas
Y también esta canción.
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.
Ves como cada mañana
Se abre tu ventana para que entre el sol
Hoy nacieron juntos un poeta y una flor
Y también esta canción
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.
Ves como toda la vida
Te brinda las cosas sin pedir jamás
Solo necesitas tener fe y voluntad
Y cantar una vez más...
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.
Se enciende la vida a tu alrededor
Risas alegría y esperanzas compartidas
Y también esta canción.
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.
Ves como cada mañana
Se abre tu ventana para que entre el sol
Hoy nacieron juntos un poeta y una flor
Y también esta canción
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.
Ves como toda la vida
Te brinda las cosas sin pedir jamás
Solo necesitas tener fe y voluntad
Y cantar una vez más...
Compañeros en miles de cosas
Y mil cosas para recordar
Emprender el camino elegido
Marchar adelante sin mirar atrás.

Esta canción la creamos con los compañeros de la Escuela de Recreación Municipal en el año 1978.
La hemos cantado en campamentos reunidos alrededor del fuego.
Luego la utilicé con mis alumnos de música cuando era docente de 7º grado, al terminar el año lectivo.
Lindos recuerdos que dan calor al corazón.
lunes, 13 de junio de 2011
¡¡FELIZ DÍA ESCRITORES Y ESCRITORAS!!
Hoy los remito a mi otro blog pues he puesto el porqué se festeja en Argentina el día del escritor.
Los dejo con una poesía de LEOPOLDO LUGONES en homenaje a su obra y por quien se instituyó este día. En este enlace, diferente al del otro blog encontrarán más poesías. Espero les guste.
A RUBÉN DARÍO Y OTROS CÓMPLICES
Habéis de saber
Que en cuitas de amor,
Por una mujer
Padezco dolor.
Esa mujer es la luna,
Que en azar de amable guerra,
Va arrastrando por la tierra
Mi esperanza y mi fortuna.
La novia eterna y lejana
A cuya nívea belleza
Mi enamorada cabeza
Va blanqueando cana a cana.
Lunar blancura que opreso
Me tiene en dulce coyunda,
Y si a mi alma vagabunda
La consume beso a beso,
A noble cisne la iguala,
Ungiéndola su ternura
Con toda aquella blancura
Que se le convierte en ala.
En cárcel de tul,
Su excelsa beldad
Captó el ave azul
De mi libertad.
A su amante expectativa
Ofrece en claustral encanto,
Su agua triste como el llanto
La fuente consecutiva.
Brilla en lo hondo, entre el murmurio,
Como un infusorio abstracto,
Que mi más leve contacto
Dispersa en fútil mercurio.
A ella va, fugaz sardina,
Mi copla en su devaneo,
Frita en el chisporroteo
De agridulce mandolina.
Y mi alma, ante el flébil cauce,
Con la líquida cadena,
Deja cautivar su pena
Por la dríada del sauce.
Su plata sutil
Me dio la pasión
De un dardo febril
En el corazón.
Las guías de mi mostacho
Trazan su curva; en mi yelmo,
Brilla el fuego de San Telmo
Que me erige por penacho.
Su creciente está en el puño
De mi tizona, en que riela
La calidad paralela
De algún ínclito don Nuño.
Desde el azul, su poesía
Me da en frialdad abstrusa,
Como la neutra reclusa
De una pálida abadía.
Y más y más me aquerencio
Con su luz remota y lenta,
Que las noches trasparenta
Como un alma del silencio.
Habéis de saber
Que en cuitas de amor,
Padezco dolor
Por esa mujer.
¡¡FELICIDADES AMIGOS Y AMIGAS ESCRITORES!!
Los dejo con una poesía de LEOPOLDO LUGONES en homenaje a su obra y por quien se instituyó este día. En este enlace, diferente al del otro blog encontrarán más poesías. Espero les guste.
A RUBÉN DARÍO Y OTROS CÓMPLICES
Habéis de saber
Que en cuitas de amor,
Por una mujer
Padezco dolor.
Esa mujer es la luna,
Que en azar de amable guerra,
Va arrastrando por la tierra
Mi esperanza y mi fortuna.
La novia eterna y lejana
A cuya nívea belleza
Mi enamorada cabeza
Va blanqueando cana a cana.
Lunar blancura que opreso
Me tiene en dulce coyunda,
Y si a mi alma vagabunda
La consume beso a beso,
A noble cisne la iguala,
Ungiéndola su ternura
Con toda aquella blancura
Que se le convierte en ala.
En cárcel de tul,
Su excelsa beldad
Captó el ave azul
De mi libertad.
A su amante expectativa
Ofrece en claustral encanto,
Su agua triste como el llanto
La fuente consecutiva.
Brilla en lo hondo, entre el murmurio,
Como un infusorio abstracto,
Que mi más leve contacto
Dispersa en fútil mercurio.
A ella va, fugaz sardina,
Mi copla en su devaneo,
Frita en el chisporroteo
De agridulce mandolina.
Y mi alma, ante el flébil cauce,
Con la líquida cadena,
Deja cautivar su pena
Por la dríada del sauce.
Su plata sutil
Me dio la pasión
De un dardo febril
En el corazón.
Las guías de mi mostacho
Trazan su curva; en mi yelmo,
Brilla el fuego de San Telmo
Que me erige por penacho.
Su creciente está en el puño
De mi tizona, en que riela
La calidad paralela
De algún ínclito don Nuño.
Desde el azul, su poesía
Me da en frialdad abstrusa,
Como la neutra reclusa
De una pálida abadía.
Y más y más me aquerencio
Con su luz remota y lenta,
Que las noches trasparenta
Como un alma del silencio.
Habéis de saber
Que en cuitas de amor,
Padezco dolor
Por esa mujer.
¡¡FELICIDADES AMIGOS Y AMIGAS ESCRITORES!!
viernes, 3 de junio de 2011
SONATA DE SHUBERT D 960 part 1-1
Mi piano desgrana sus notas con vergüenza
vergüenza de romper el silencio
que se escucha en la casa.
No se oyen como antes sonidos de niños,
de madre que amasa,
de cantos ni trinos.
Solo el pasar de los coches y los colectivos.
Movimiento incesante que retumba en los oídos
Y que resuena en el cuerpo.
Es un constante redoble.
Ruido… ruidos en la calle.
Hasta la dulce y simple voz que acompaña el tango
sale trémula y tímida, es mi voz, que no tiembla
pero teme la molestia del vecino.
Costumbres perdidas, mis dedos se deslizan en el piano
evocan momentos de tertulias
con familia y con amigos.
La vorágine del tiempo absorbe
a los seres en sus idas y venidas.
Trabajo, soledad, sonrisas, celulares,
trato de rescatar momentos, todo breve
diluyéndose en el tiempo.
Y el piano sigue sonando con vergüenza y pudor
interrumpiendo el silencio de la casa.
Alguien tal vez recordará esos tiempos
en que se paraba segundos bajo una ventana.
Tiempos perdidos, no los de antes, los de hoy,
perdidos en un trámite, en esperas, en paradas,
tiempos robados en los que se pierde el tiempo,
sin amor y sin palabras.
Tiempo.., tengo que acompasar el tiempo
y el piano sigue el tiempo del vals,
del tango, del minué y sigo menos tímida.
Partituras viejas, amarillas,
llegan a tiempo a mis manos.
y una maravillosa sonata
Sonata dulce, suave...
Molto Moderato...
Sonata de...
Shubert...
vergüenza de romper el silencio
que se escucha en la casa.
No se oyen como antes sonidos de niños,
de madre que amasa,
de cantos ni trinos.
Solo el pasar de los coches y los colectivos.
Movimiento incesante que retumba en los oídos
Y que resuena en el cuerpo.
Es un constante redoble.
Ruido… ruidos en la calle.
Hasta la dulce y simple voz que acompaña el tango
sale trémula y tímida, es mi voz, que no tiembla
pero teme la molestia del vecino.
Costumbres perdidas, mis dedos se deslizan en el piano
evocan momentos de tertulias
con familia y con amigos.
La vorágine del tiempo absorbe
a los seres en sus idas y venidas.
Trabajo, soledad, sonrisas, celulares,
trato de rescatar momentos, todo breve
diluyéndose en el tiempo.
Y el piano sigue sonando con vergüenza y pudor
interrumpiendo el silencio de la casa.
Alguien tal vez recordará esos tiempos
en que se paraba segundos bajo una ventana.
Tiempos perdidos, no los de antes, los de hoy,
perdidos en un trámite, en esperas, en paradas,
tiempos robados en los que se pierde el tiempo,
sin amor y sin palabras.
Tiempo.., tengo que acompasar el tiempo
y el piano sigue el tiempo del vals,
del tango, del minué y sigo menos tímida.
Partituras viejas, amarillas,
llegan a tiempo a mis manos.
y una maravillosa sonata
Sonata dulce, suave...
Molto Moderato...
Sonata de...
Shubert...
miércoles, 27 de abril de 2011
LAS MÁSCARAS
La juerga terminó.
Copas y fazos, naipes y mentiras.
Chistes repetidos y escaramuzas fallidas.
Mujeres y más mentiras.
Vuelvo un poco bajoneado a casa, es como si no quisiera llegar.
Apresuro mis pasos.
El eco en el empedrado los multiplica como si otros pasos me siguieran.
Abro la puerta.
Al subir las escaleras su hueco sonido a madera gastada y despintada parece más profundo.
No cuento los escalones, sé que son ochenta.
Llego a la puerta de mi cuarto justo cuando se apaga la luz automática.
Abro y escucho el característico ruido de los goznes.
El silencio me pesa tanto que parece que hubiera ruidos.
Entro.
Veo la casa desprolija. La siento como ajena, aunque mía…
El espejo de la entrada refleja una imagen trasnochada, casi triste.
Observo mi rostro como si fuera la primera vez.
Como si las máscaras hubieran caído una a una veo ironía y displicencia.
Sigo enfrentándome a mí mismo con el juicio descarnado del que llega al final.
El silencio lo invade todo, solo combinan sus tonos los silbidos de mi respiración que marcan el ritmo impuesto por mis pulmones fumadores.
Hasta el sombrero ladeado exagera su gesto acentuando la expresión agobiada que quiso ser irónica.
Al mirar alrededor, un desorden gris, desdibujado como mi vida, exacerba mi soledad.
Vuelvo la cara hacia el espejo, quiero sonreír y no puedo, no tengo más expresiones para utilizar.
Un gesto de sobresalto y de dolor me devuelve las sensaciones.
¡Sigo en el mundo de los humanos!
Mi cuerpo sale de su abulia y en un pequeño amago de movimiento se tensa.
Mi pecho estático aspira, profundo.
Se acentúa el silbido en mis pulmones.
El sombrero se desliza hacia el suelo como por un tobogán.
El reflejo rápido hace que mi mano se abra con bronca dejando caer el cigarrillo que quema mis dedos.
El pie, con su ritual acostumbrado, lo tritura lenta, fuerte, parsimoniosamente.
Me miro nuevamente en el espejo…
Se acabaron las mentiras.
Ahora hay una máscara de dolor en mi rostro...
Copas y fazos, naipes y mentiras.
Chistes repetidos y escaramuzas fallidas.
Mujeres y más mentiras.
Vuelvo un poco bajoneado a casa, es como si no quisiera llegar.
Apresuro mis pasos.
El eco en el empedrado los multiplica como si otros pasos me siguieran.
Abro la puerta.
Al subir las escaleras su hueco sonido a madera gastada y despintada parece más profundo.
No cuento los escalones, sé que son ochenta.
Llego a la puerta de mi cuarto justo cuando se apaga la luz automática.
Abro y escucho el característico ruido de los goznes.
El silencio me pesa tanto que parece que hubiera ruidos.
Entro.
Veo la casa desprolija. La siento como ajena, aunque mía…
El espejo de la entrada refleja una imagen trasnochada, casi triste.
Observo mi rostro como si fuera la primera vez.
Como si las máscaras hubieran caído una a una veo ironía y displicencia.
Sigo enfrentándome a mí mismo con el juicio descarnado del que llega al final.
El silencio lo invade todo, solo combinan sus tonos los silbidos de mi respiración que marcan el ritmo impuesto por mis pulmones fumadores.
Hasta el sombrero ladeado exagera su gesto acentuando la expresión agobiada que quiso ser irónica.
Al mirar alrededor, un desorden gris, desdibujado como mi vida, exacerba mi soledad.
Vuelvo la cara hacia el espejo, quiero sonreír y no puedo, no tengo más expresiones para utilizar.
Un gesto de sobresalto y de dolor me devuelve las sensaciones.
¡Sigo en el mundo de los humanos!
Mi cuerpo sale de su abulia y en un pequeño amago de movimiento se tensa.
Mi pecho estático aspira, profundo.
Se acentúa el silbido en mis pulmones.
El sombrero se desliza hacia el suelo como por un tobogán.
El reflejo rápido hace que mi mano se abra con bronca dejando caer el cigarrillo que quema mis dedos.
El pie, con su ritual acostumbrado, lo tritura lenta, fuerte, parsimoniosamente.
Me miro nuevamente en el espejo…
Se acabaron las mentiras.
Ahora hay una máscara de dolor en mi rostro...
jueves, 21 de abril de 2011
(Cactus de Pascua de Resurrección)


En este controvertido vivir diario lleno de obligaciones, exigencias, maldad, soberbia, sacrificio, amores y desamores les deseo simplemente que, por lo menos en nuestro entorno, haya:
PAZ, COMPRENSIÓN, CONFRATERNIDAD, AMOR, UNA GRAN DOSIS DE TOLERANCIA, MUCHA SERENIDAD, EQUIDAD Y BUENAS INTENCIONES, TODO EL AÑO.
Todo ello para con nosotros y para con los demás.
martes, 5 de abril de 2011
EL TERREMOTO Y LA ESPERANZA

He recibido noticias de mi amiga-hermana. Alegría y dolor se conjugan en estas líneas que transcribo.
Como verán todo no terminó con las últimas noticias de cada terremoto hay mil historias que se tejen y que continúan en un camino contradictorio entre la esperanza, la pérdida y el dolor de que no quede nada. En algunos casos ni siquiera vidas humanas que es lo realmente irreparable.
Amo y sufro pero también estoy feliz por mi amiga que es un ejemplo de resiliencia.

Querida Hermana,
Esta historia se puede aplicar a mí. En mi vida hubo muchos cambios desde que deje España.
Primero, aquí en Christchurch siempre me sentí muy a gusto, a pesar del terremoto del 4. 9. 2010.
El terremoto de hace 5 semanas fue terrible, sacudiendo la vida de todos. Los antiguos edificios emblemáticos quedaron destruídos, calles, etc. todo levantado. La casa de mi hermano, la cual no había sufrido daños la primera vez, esta vez quedo destruída. Como sabés dormimos en el coche, porque la casa se iba a desplomar.
El 14 de Febrero mi hermano me puso en una página donde se busca pareja. El día siguiente me contactó un holandés, y quedamos en tomar un café junto al mar. Quedamos tres días después para cenar en el centro de la ciudad en un sitio que quedó destruído, muy romántico, con velas, m
usica suave....exquisito.
Me invito para tres días después ir a ver delfines y ballenas en un barco, y el día anterior vino el terremoto. 22.2.2011. Ya no pudimos salir, no hubo carretera, agua, luz, teléfono ni casa. Cuando por fin pude contactar con él, dijo: ven, no duermas en el coche, necesitas ducharte y yo tengo una habitación sin utilizar.
Realmente, y puede sonar absurdo, ya nos habíamos enamorado (¿amor a primera vista?)
Hablamos, y el dijo que hubiésemos terminado juntos de todos modos, que él no iba a esperar más de dos meses en pedirme que viva con él porque me veía nerviosa (pues sí, asustadita me tenía después de no tener a nadie durante 20 anos)
El nació en Holanda y vive desde 1964 en Nueva Zelanda, se separó de su primera esposa porque era ezquisofrénica y su segunda compañera, holandesa también con la que no se casó, murió hace dos años y él se sentía muy solo y buscaba alguien desde Octubre 2010.
Ya me presentó a sus hijos, hermanos y amigos. Tiene 77 años y no los representa, sabes que yo tengo 64 ahora.
De momento estoy trabajando de noche (23.00 a 08.00) en una Residencia de ancianos. Tenemos 100 residentes, y yo trabajo principalmente en demencia, estoy estudiando para mi diploma en demencia, alzheimer, delirio y depresión. Mis jefes quieren que estudie porque creen que soy la persona ideal para demencia profunda, dicen que con mi voz suave y sosegada calmo su agresividad y los tranquilizo. Realmente conmigo nunca nadie ha sido agresivo, otros empleados no pueden decir lo mismo.
Lo único que me tiene descolocada ahora es mi permiso de trabajo. No dan permisos a mayores de 45 años y como el terremoto destruyó muchos centros de ancianos, hay un montón de gente en la calle buscando trabajo. El nuestro quedó dañado, pero no quieren cerrarlo porque no saben donde llevar a los ancianos.
No volví al centro de Christchurch y no quiero ver imágenes de la destrucción en la tele porque me hacen llorar. Christchurch nunca será la misma porque tienen que quitar todos los edificios antiguos y tardaran por lo menos 15 años en reparar los daños (tuberías de agua y desagüe, luz, etc.)
Hay miles de WC's portátiles en la calle, muchísimos no tienen agua y hay zonas donde no se construirá nunca más, por la liquidificación. Muchos dicen que se debería construir una nueva ciudad en tierra sólida, porque esto es un Senegal y las montañas alrededor no sirven porque son volcánicas, la tierra cede y hay corrimientos y en parte también se han hundido y agrietado.
Nueva Zelanda está atravesada por una falla con Australia, creo que es la del Pacífico y desde hace 50 años esperan un enorme terremoto, pero más bien en los Alpes y no en la ciudad. La cosa es que no creen que estos terremotos son de la magnitud que ellos esperaban, esperan unos mas fuertes aun.
Y aquí estoy, en medio del caos, con una persona que me ama, me calma y me coge en sus brazos cuando tengo miedo y pesadillas. Es lo mejor que me pudo haber pasado.
Bueno, querida hermana, espero que tu también encuentres la felicidad, puesto que das tanta felicidad a tantísima gente. Estoy profundamente agradecida por todo lo que me mandas en E-mails y amor.........
Bezasos
Borghild
sábado, 5 de marzo de 2011
DESPOJOS
Fina con sus piernas puro huesos y sus brazos enroscados en un abrazo consigo misma, está tirada en su cama. Mira hacia el pasillo sin ver, vagando por tiempos remotos o en la nada. El camisón de verano deja ver el pañal, su pecho casi no existe. Es una tabla apenas cubierta de piel en su última delgadez. No puedo descifrar su edad, tal vez 50 ó 60 años, al mirarla mejor veo que entre sus brazos tiene una muñeca de trapo. Sigo derecho a la habitación de Diego. Está vestido tendido boca arriba en la cama, la boca entreabierta, un parche en la cabeza producto de la caída de días anteriores. Se despertó, abre sus ojos redondos, casi sin pestañear, fijos, claros, ansiosos. Sonríe apenas. Por la comisura izquierda cae un surco de baba desde la arruga hacia la almohada.
El de la cama de al lado sentado en la silla de ruedas trata de acostarse sobre su cama. Una tabla de madera se lo impide pues las ponen a propósito para que no se acuesten. Él la toca como diciendo: “Saquen esto de aquí “
Enfrente, enfrascado en la lectura del periódico está Humberto acostado vestido. Me pregunto si lee o se esconde para no vernos o para aislarse, si el periódico será de la fecha o es su escudo, no intento averiguarlo.
Diego se incorpora para recibir el masaje. Es complicado pues no se quiere quitar la camisa a pesar del intenso calor. La desabrocho hasta la cintura, comienzo con cervicales, arrodillada sobre la cama, sigo por su espalda. Ya no llego por la abertura del cuello, entonces mis dedos masajean sobre la camisa, presionan lumbares lo justo y mis puños trabajan sobre el pañal. No puedo ponerlo boca abajo, sería más molesto para él.
Sigo por sus brazos, metiendo la mano bajo la manga corta de la camisa. Masajeo sus hombros. Luego las manos dedo por dedo hacia arriba, nuevamente hacia los hombros.
-¡Qué bueno es esto!- Dice.
Ahora masajeo sus muslos sobre el pantalón. Mis dedos rotan, mis manos amasan suavemente, frotan a los lados para calentar esos músculos debilitados. Remango el pantalón y subo por sus pantorrillas, estimulando, calentando, preparando para caminar. Las rodillas puro hueso.
-¡Qué bueno es esto!- Repite Diego.
Humberto se levanta periódico en mano y dice mirando a sus compañeros:
-“Despojos”-
Siempre dice lo mismo… Me duele. Yo quiero a mi paciente, siempre tranquilo y agradecido. No habla mucho pero tenemos conversaciones breves sobre futbol, su club favorito y su trabajo de antaño.
Cuando Humberto pasa por delante de la cama dice:
-A este le gusta que lo toquen -
Y sale hacia el corredor del pasillo.
Diego ya está preparado, así que también salimos, recorremos el pasillo varias veces. Diego tomado de la larga barra a ese efecto, adosada a la pared debajo del gran ventanal que da al patio de la planta baja. A veces bajamos.
Allí se está más fresco, hay muchas plantas y cómodos sillones, pero hoy estaba demasiado dormido cuando llegué. Sin una entrada en calor de sus músculos no confío en su estabilidad.
Nos detenemos, la ventana apenas abierta deja entrar un aire reconfortante. Diego tomado de frente con las dos manos a la barra asoma la cabeza para mirar terrazas y techos.
- Inspire, exhale, inspire, exhale… - repito yo.
Lo hace con fruición.
- Inspire y retenga. Así… Exhale -
- Ahora en punta de pies, inspire, retenga. Baje, exhale -
- Me canso…- dice.
- Vamos otra vez…Usted puede Diego - insisto
- Ahora tomado con una mano, de costado, levante una pierna -
-¡Más alto! Biéen… - lo estimulo.
Diego contesta:
- ¡Puedo hacerlo bien...!
- ¡Claro que sí…! ¿Vio qué bien? – lo animo
- Ahora otra vez de frente, aproveche a tomar oxígeno –
Sigo diciendo:
- Abra pierna a un lado… Fuerza con la izquierda… Nuevamente, otro más… -
- Ahora con la derecha… ¿ Ve que puede? - Le insisto con alegría a lo que él contesta:
- Puedo hacerlo bien. ¡Esto es bueno! -
- Vamos al comedor - le digo.
- Sin agarrarse... Derechito, mire al frente -
- No mire para abajo que aquí no hay pozos ni veredas rotas…
Ríe con ganas, se endereza y dice:
- Levantando bien las piernas -
- Eso, nada de arrastrarlas que Ud. puede - respondo.
Llegamos al comedor. Joaquín trata de caminar pero se detiene indefectiblemente al segundo paso.
Diego lo mira y me mira a mí como diciendo “Yo camino más”.
Ahora es él quien le dice:
- Levantando bien las piernas – Yo sonrío.
Joaquín lo mira pero no se da por enterado.
Renata en su silla de ruedas dice hosca e imperativa:
- Salgan de mi camino -
Nos apartamos para que pase.
A medio pasillo enganchó con su rueda derecha el trípode de Ernesto que habla con Hilda.
Él le dice a ésta que antes podía bailar tango, paso doble y vals. Hilda con su delgado torso totalmente vencido formando una “L” invertida le responde que no bailaba vals porque se mareaba y su papá le hacía dar muchas vueltas.
Ernesto desenganchó la rueda y Renata siguió hacia el fondo siempre de mal humor.
Mientras le hago reflexología en los pies a Diego observo al fondo del pasillo de donde habíamos venido a Mirta, la asistenta, que limpia sus brazos en el uniforme verde pues Bruno en otro de sus cabeceos la manchó con la espuma de afeitar. Ella maniobra para afeitarlo y él se resiste reiteradamente echando la cabeza hacia adelante.
El pasillo es largo. A la izquierda una alta pared con barra de sostén hasta la curva para el ascensor. Antes de llegar a él, la puerta de la pieza de la esquina que siempre está abierta.
Allí hay 4 camas, es una habitación grande.
Indefectiblemente a cualquier hora que vaya, distingo una señora peinándose, lo hace continuamente, los pelos entre canos parados. No hay espejo; ella sigue consecuente con su tarea siempre peinándose, digna de un cuadro impresionista.
En la pequeña curva está la ventana de la amplia habitación y el ascensor de frente. Es pequeño, un agregado en el viejo edificio, tipo chorizo de 4 plantas pues las escaleras están al fondo del pasillo al igual que una pequeña cocina que no es la principal, sino que es para merienda y desayuno que no exigen elaboración, pues los pacientes beben un vaso de leche y pan solamente.
Saliendo del comedor a la derecha, hay dos baños. Al costado, una jaula de pie donde un Cardenal saluda silbando a todo el que pase.
Luego viene la habitación donde Fina está enroscada en su cama que da a la puerta abierta. Hay otras dos camas más.
Siempre está abierto pues hace mucho calor y los ventiladores de techo apenas echan viento para remover el aire de la habitación.
Sigue otra habitación que es la que ocupa Héctor, otro extraño personaje y otros dos hombres más.
La habitación contigua es la de Diego, Humberto y el señor de la silla de ruedas. Luego hay otra habitación que es la de Joaquín, el que están afeitando y otro más que sale a caminar por sus medios.
Diego dice cada tanto: - ¡Esto es muy bueno! –
Y yo sigo con mi masaje reflexólogico podal.
Héctor hace rato que está de pie mirando la mesa, la cabeza rasurada a casi a ras. El color rojo de su pelo le da un aire extraño. Los hombros hacia adelante, la mirada fija, siempre fija, el brazo extendido señalando algo y tratando de tocar lo que le llame la atención.
En la mesa, la crema de masaje. Él se acerca hacia ella, la punta del dedo tocándola, la mirada fija pero curiosamente suave, sin agresividad, tranquilo.
- ¡Noo!, ¡No toques! - lo espetó Diego que dirigiéndose a mí explicó:
- Toca todo, agarra todo, se roba todo, lo lleva a su pieza…-
- ¡Hmmm , vos vigilá! - Contesto, mientras aparto la crema.
Humberto sigue sentado a la mesa leyendo. Interrumpe y dice monótono:
- Despojos –
Pasa la médica pequeña y joven con su blanco delantal, pelo negro recogido en una trenza que cuelga gruesa y un barbijo blanco que nunca lleva colocado colgando de su cuello.
- ¡Humbertooo! - le dice.
Éste se encoge de hombros levanta el periódico y sigue leyendo.
Sirvieron pan. Diego agarró el suyo y se puso un trozo en la boca, solo muerde con la dentadura de arriba pues la de abajo se la quitó tantas veces que la perdió. Mastica contra la lengua, el trozo se va humedeciendo y va tomando su forma, contengo las ganas de sonreír.
Voy a buscar agua. La bebe.
Él sigue insistiendo un buen rato, ya no se le ve la lengua, solo tiene el pan adherido de tal manera que tiene su forma, pero no lo puede despegar. Finalmente busco una servilleta de papel en mi bolso y le digo:
- Vamos a sacar eso que es un poco grande -
Lo envuelvo para tirarlo. No quiere. Me lo pide, lo desenvuelve con manos delicadas y algo temblorosas y lo deja sobre la mesa, al lado del pancito. Seguro piensa comerlo luego.
- “Despojos” – dice Humberto.
Trago la bronca. Doy vuelta la silla para no verlo. Diego queda de espalda a la mesa. Sigo con el masaje de pies.
- Esto es bueno – afirma Diego.
Le sonrío. Noto que le molesta el dedo gordo.
Lo miro y pregunto:
- ¿Duele? –
- Yo pateaba con este – responde.
Sonrío diciendo:
- Apuesto que hizo muchos goles –
- Si, en San Lorenzo – contesta.
Estoy frente a la mesa, Diego tiene los ojos cerrados, disfruta el masaje. Héctor se acerca pasito a pasito con el dedo extendido hacia al pan de Diego. Lo agarra. Vuelve a su lugar y lo come lentamente, corta un pedacito y a la boca, otro pedacito y a la boca, así hasta que lo termina. El pan que le pertenece está en el bolsillo de su camisa.
No me preocupa pues siempre llevo medialunas de manteca blanditas para Diego. Veo que Héctor se levanta de nuevo, pasito a pasito. Con el dedo extendido toca tímidamente el bocado con forma de lengua que quité de la boca de Diego, lo toca, lo agarra con cuidado con servilleta y todo. Vuelve a su sitio pero esta vez se queda de pie. Lleva pedacitos a su boca, y lo come todo.
No lo interrumpo, Diego no tiene nada grave y no creo que agregue problema a Héctor ya que su caso es más neuronal. Se queda mirando fijamente pero con tranquilidad los dibujos de la servilleta, siempre de pie. Me pregunto cuánto tiempo puede quedarse así y qué pasará por su cabeza.
No digo nada a Diego. Lo dejo disfrutar el masaje. Él está sano, solo tuvo dos ACV pero su salud es buena. No sé como reaccionaría Héctor si se lo quito, además mi paciente se pondría nervioso sin necesidad. Termino mi tarea, pongo el calcetín y la zapatilla a Diego.
Abre los ojos diciendo:
- Esto es bueno –
- Diego – digo suavemente:
- Traje croissants –
Le extiendo la mitad de uno y comienzo a comer la otra mitad. Este momento compartido también es necesario en la terapia.
- Te cuento que Héctor se comió tu pan - Digo suave, pero riendo.
- Y el trozo que tenías en la boca también…
Gira la cabeza y lo mira. Héctor todavía sigue mirando los dibujos de la servilleta de papel.
- Toca todo, se roba todo – me dice por lo bajo, pero no está enojado.
Nos reímos juntos. Diego entiende que Héctor está como ido.
Le pongo la servilleta delante mientras le digo:
-Mordé poquito, no te pongas trozos muy grandes en la boca…
Hace caso, come con placer.
- Tengo hambre. Como bien – me dice.
- Eso está muy bien – respondo.
Guardo todo. Acomodo a Diego en uno de los sillones. Ato la bolsita de las facturas sobrantes a su cinturón y le digo:
- La pongo aquí así no la ve y no te la quita -
Me mira cómplice y complacido por la idea. Nos entendemos bien, sin muchas palabras. Beso mediante le digo:
- Hasta el martes -
- Gracias – responde.
Oigo a Humberto que repite:
-“Despojos” –
Saludo en general, nadie responde.
No puedo contenerme y me acerco a Humberto, lo miro por sobre el periódico y le digo suave:
- Seres humanos Humberto…
Me mira ido, yo le sostengo la mirada y reitero acentuando las sílabas:
- Se-res huma-nos…
Me mira y repite imitándome:
- Seres huma-nos –
- Si Humberto, muy bien. – respondo sonriéndole.
- Seres huma-nos - repite sonriendo.
- Eso es Humberto, eso es... Chau...
Héctor sigue de pie mirado la servilleta. Paso por el baño a lavarme las manos.
Renata desde su silla de ruedas está lavando una prenda íntima en el lavatorio. No me deja lugar, aunque me pasa su jabón.
La saludo. Apenas mueve la cabeza sin hablar.
Me dirijo al ascensor. Mientras espero veo a Fina que sigue abrazando a su muñeca.
El cardenal me saluda con su silbido.
El de la cama de al lado sentado en la silla de ruedas trata de acostarse sobre su cama. Una tabla de madera se lo impide pues las ponen a propósito para que no se acuesten. Él la toca como diciendo: “Saquen esto de aquí “
Enfrente, enfrascado en la lectura del periódico está Humberto acostado vestido. Me pregunto si lee o se esconde para no vernos o para aislarse, si el periódico será de la fecha o es su escudo, no intento averiguarlo.
Diego se incorpora para recibir el masaje. Es complicado pues no se quiere quitar la camisa a pesar del intenso calor. La desabrocho hasta la cintura, comienzo con cervicales, arrodillada sobre la cama, sigo por su espalda. Ya no llego por la abertura del cuello, entonces mis dedos masajean sobre la camisa, presionan lumbares lo justo y mis puños trabajan sobre el pañal. No puedo ponerlo boca abajo, sería más molesto para él.
Sigo por sus brazos, metiendo la mano bajo la manga corta de la camisa. Masajeo sus hombros. Luego las manos dedo por dedo hacia arriba, nuevamente hacia los hombros.
-¡Qué bueno es esto!- Dice.
Ahora masajeo sus muslos sobre el pantalón. Mis dedos rotan, mis manos amasan suavemente, frotan a los lados para calentar esos músculos debilitados. Remango el pantalón y subo por sus pantorrillas, estimulando, calentando, preparando para caminar. Las rodillas puro hueso.
-¡Qué bueno es esto!- Repite Diego.
Humberto se levanta periódico en mano y dice mirando a sus compañeros:
-“Despojos”-
Siempre dice lo mismo… Me duele. Yo quiero a mi paciente, siempre tranquilo y agradecido. No habla mucho pero tenemos conversaciones breves sobre futbol, su club favorito y su trabajo de antaño.
Cuando Humberto pasa por delante de la cama dice:
-A este le gusta que lo toquen -
Y sale hacia el corredor del pasillo.
Diego ya está preparado, así que también salimos, recorremos el pasillo varias veces. Diego tomado de la larga barra a ese efecto, adosada a la pared debajo del gran ventanal que da al patio de la planta baja. A veces bajamos.
Allí se está más fresco, hay muchas plantas y cómodos sillones, pero hoy estaba demasiado dormido cuando llegué. Sin una entrada en calor de sus músculos no confío en su estabilidad.
Nos detenemos, la ventana apenas abierta deja entrar un aire reconfortante. Diego tomado de frente con las dos manos a la barra asoma la cabeza para mirar terrazas y techos.
- Inspire, exhale, inspire, exhale… - repito yo.
Lo hace con fruición.
- Inspire y retenga. Así… Exhale -
- Ahora en punta de pies, inspire, retenga. Baje, exhale -
- Me canso…- dice.
- Vamos otra vez…Usted puede Diego - insisto
- Ahora tomado con una mano, de costado, levante una pierna -
-¡Más alto! Biéen… - lo estimulo.
Diego contesta:
- ¡Puedo hacerlo bien...!
- ¡Claro que sí…! ¿Vio qué bien? – lo animo
- Ahora otra vez de frente, aproveche a tomar oxígeno –
Sigo diciendo:
- Abra pierna a un lado… Fuerza con la izquierda… Nuevamente, otro más… -
- Ahora con la derecha… ¿ Ve que puede? - Le insisto con alegría a lo que él contesta:
- Puedo hacerlo bien. ¡Esto es bueno! -
- Vamos al comedor - le digo.
- Sin agarrarse... Derechito, mire al frente -
- No mire para abajo que aquí no hay pozos ni veredas rotas…
Ríe con ganas, se endereza y dice:
- Levantando bien las piernas -
- Eso, nada de arrastrarlas que Ud. puede - respondo.
Llegamos al comedor. Joaquín trata de caminar pero se detiene indefectiblemente al segundo paso.
Diego lo mira y me mira a mí como diciendo “Yo camino más”.
Ahora es él quien le dice:
- Levantando bien las piernas – Yo sonrío.
Joaquín lo mira pero no se da por enterado.
Renata en su silla de ruedas dice hosca e imperativa:
- Salgan de mi camino -
Nos apartamos para que pase.
A medio pasillo enganchó con su rueda derecha el trípode de Ernesto que habla con Hilda.
Él le dice a ésta que antes podía bailar tango, paso doble y vals. Hilda con su delgado torso totalmente vencido formando una “L” invertida le responde que no bailaba vals porque se mareaba y su papá le hacía dar muchas vueltas.
Ernesto desenganchó la rueda y Renata siguió hacia el fondo siempre de mal humor.
Mientras le hago reflexología en los pies a Diego observo al fondo del pasillo de donde habíamos venido a Mirta, la asistenta, que limpia sus brazos en el uniforme verde pues Bruno en otro de sus cabeceos la manchó con la espuma de afeitar. Ella maniobra para afeitarlo y él se resiste reiteradamente echando la cabeza hacia adelante.
El pasillo es largo. A la izquierda una alta pared con barra de sostén hasta la curva para el ascensor. Antes de llegar a él, la puerta de la pieza de la esquina que siempre está abierta.
Allí hay 4 camas, es una habitación grande.
Indefectiblemente a cualquier hora que vaya, distingo una señora peinándose, lo hace continuamente, los pelos entre canos parados. No hay espejo; ella sigue consecuente con su tarea siempre peinándose, digna de un cuadro impresionista.
En la pequeña curva está la ventana de la amplia habitación y el ascensor de frente. Es pequeño, un agregado en el viejo edificio, tipo chorizo de 4 plantas pues las escaleras están al fondo del pasillo al igual que una pequeña cocina que no es la principal, sino que es para merienda y desayuno que no exigen elaboración, pues los pacientes beben un vaso de leche y pan solamente.
Saliendo del comedor a la derecha, hay dos baños. Al costado, una jaula de pie donde un Cardenal saluda silbando a todo el que pase.
Luego viene la habitación donde Fina está enroscada en su cama que da a la puerta abierta. Hay otras dos camas más.
Siempre está abierto pues hace mucho calor y los ventiladores de techo apenas echan viento para remover el aire de la habitación.
Sigue otra habitación que es la que ocupa Héctor, otro extraño personaje y otros dos hombres más.
La habitación contigua es la de Diego, Humberto y el señor de la silla de ruedas. Luego hay otra habitación que es la de Joaquín, el que están afeitando y otro más que sale a caminar por sus medios.
Diego dice cada tanto: - ¡Esto es muy bueno! –
Y yo sigo con mi masaje reflexólogico podal.
Héctor hace rato que está de pie mirando la mesa, la cabeza rasurada a casi a ras. El color rojo de su pelo le da un aire extraño. Los hombros hacia adelante, la mirada fija, siempre fija, el brazo extendido señalando algo y tratando de tocar lo que le llame la atención.
En la mesa, la crema de masaje. Él se acerca hacia ella, la punta del dedo tocándola, la mirada fija pero curiosamente suave, sin agresividad, tranquilo.
- ¡Noo!, ¡No toques! - lo espetó Diego que dirigiéndose a mí explicó:
- Toca todo, agarra todo, se roba todo, lo lleva a su pieza…-
- ¡Hmmm , vos vigilá! - Contesto, mientras aparto la crema.
Humberto sigue sentado a la mesa leyendo. Interrumpe y dice monótono:
- Despojos –
Pasa la médica pequeña y joven con su blanco delantal, pelo negro recogido en una trenza que cuelga gruesa y un barbijo blanco que nunca lleva colocado colgando de su cuello.
- ¡Humbertooo! - le dice.
Éste se encoge de hombros levanta el periódico y sigue leyendo.
Sirvieron pan. Diego agarró el suyo y se puso un trozo en la boca, solo muerde con la dentadura de arriba pues la de abajo se la quitó tantas veces que la perdió. Mastica contra la lengua, el trozo se va humedeciendo y va tomando su forma, contengo las ganas de sonreír.
Voy a buscar agua. La bebe.
Él sigue insistiendo un buen rato, ya no se le ve la lengua, solo tiene el pan adherido de tal manera que tiene su forma, pero no lo puede despegar. Finalmente busco una servilleta de papel en mi bolso y le digo:
- Vamos a sacar eso que es un poco grande -
Lo envuelvo para tirarlo. No quiere. Me lo pide, lo desenvuelve con manos delicadas y algo temblorosas y lo deja sobre la mesa, al lado del pancito. Seguro piensa comerlo luego.
- “Despojos” – dice Humberto.
Trago la bronca. Doy vuelta la silla para no verlo. Diego queda de espalda a la mesa. Sigo con el masaje de pies.
- Esto es bueno – afirma Diego.
Le sonrío. Noto que le molesta el dedo gordo.
Lo miro y pregunto:
- ¿Duele? –
- Yo pateaba con este – responde.
Sonrío diciendo:
- Apuesto que hizo muchos goles –
- Si, en San Lorenzo – contesta.
Estoy frente a la mesa, Diego tiene los ojos cerrados, disfruta el masaje. Héctor se acerca pasito a pasito con el dedo extendido hacia al pan de Diego. Lo agarra. Vuelve a su lugar y lo come lentamente, corta un pedacito y a la boca, otro pedacito y a la boca, así hasta que lo termina. El pan que le pertenece está en el bolsillo de su camisa.
No me preocupa pues siempre llevo medialunas de manteca blanditas para Diego. Veo que Héctor se levanta de nuevo, pasito a pasito. Con el dedo extendido toca tímidamente el bocado con forma de lengua que quité de la boca de Diego, lo toca, lo agarra con cuidado con servilleta y todo. Vuelve a su sitio pero esta vez se queda de pie. Lleva pedacitos a su boca, y lo come todo.
No lo interrumpo, Diego no tiene nada grave y no creo que agregue problema a Héctor ya que su caso es más neuronal. Se queda mirando fijamente pero con tranquilidad los dibujos de la servilleta, siempre de pie. Me pregunto cuánto tiempo puede quedarse así y qué pasará por su cabeza.
No digo nada a Diego. Lo dejo disfrutar el masaje. Él está sano, solo tuvo dos ACV pero su salud es buena. No sé como reaccionaría Héctor si se lo quito, además mi paciente se pondría nervioso sin necesidad. Termino mi tarea, pongo el calcetín y la zapatilla a Diego.
Abre los ojos diciendo:
- Esto es bueno –
- Diego – digo suavemente:
- Traje croissants –
Le extiendo la mitad de uno y comienzo a comer la otra mitad. Este momento compartido también es necesario en la terapia.
- Te cuento que Héctor se comió tu pan - Digo suave, pero riendo.
- Y el trozo que tenías en la boca también…
Gira la cabeza y lo mira. Héctor todavía sigue mirando los dibujos de la servilleta de papel.
- Toca todo, se roba todo – me dice por lo bajo, pero no está enojado.
Nos reímos juntos. Diego entiende que Héctor está como ido.
Le pongo la servilleta delante mientras le digo:
-Mordé poquito, no te pongas trozos muy grandes en la boca…
Hace caso, come con placer.
- Tengo hambre. Como bien – me dice.
- Eso está muy bien – respondo.
Guardo todo. Acomodo a Diego en uno de los sillones. Ato la bolsita de las facturas sobrantes a su cinturón y le digo:
- La pongo aquí así no la ve y no te la quita -
Me mira cómplice y complacido por la idea. Nos entendemos bien, sin muchas palabras. Beso mediante le digo:
- Hasta el martes -
- Gracias – responde.
Oigo a Humberto que repite:
-“Despojos” –
Saludo en general, nadie responde.
No puedo contenerme y me acerco a Humberto, lo miro por sobre el periódico y le digo suave:
- Seres humanos Humberto…
Me mira ido, yo le sostengo la mirada y reitero acentuando las sílabas:
- Se-res huma-nos…
Me mira y repite imitándome:
- Seres huma-nos –
- Si Humberto, muy bien. – respondo sonriéndole.
- Seres huma-nos - repite sonriendo.
- Eso es Humberto, eso es... Chau...
Héctor sigue de pie mirado la servilleta. Paso por el baño a lavarme las manos.
Renata desde su silla de ruedas está lavando una prenda íntima en el lavatorio. No me deja lugar, aunque me pasa su jabón.
La saludo. Apenas mueve la cabeza sin hablar.
Me dirijo al ascensor. Mientras espero veo a Fina que sigue abrazando a su muñeca.
El cardenal me saluda con su silbido.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Terremoto en Christchurch
Hola corazones,Aqui estoy vivita y coleando, el terremoto me pilló en casa. La casa está totalmente inhabitable y dormí en el coche de mi hermano, los tres sentados ahí, hubo temblores (y hay aun) cada 2 o 15 minutos. Un muy querido amigo me acogió en su casa y en un viaje de 20 minutos tardamos 3 horas, porque puentes sobre el rio Avon y calles llenos de socavones y grietas donde quedaron coches clavados con el morro, impiden el paso. Todo está paralizado nadie puede ir al centro de la ciudad. Dicen que tienen que demoler el centro y hacer una nueva ciudad lo que va a costar años.
Besos
Borghild
Este es el breve mensaje que envió mi amiga desde Nueva Zelanda. Conmovida por ello es que cambio la temática del blog, (aunque considero que igual entra en la categoría de relato), ya que es mi manera de solidarizarme con ella y con los habitantes que en este momento están sufriendo.
Mi respuesta fue breve, casi torpe, pues imagino que las necesidades de afecto en este momento son mayores que eso, pero quedé impresionada por lo poco que cuenta.
Querida amiga:Por lo menos nos comunicamos así! Ya me extrañaba que no enviaras noticias. Vi lo sucedido por televisión y me preguntaba si estarías en el epicentro.
Qué angustia pasar por eso y ver a tanta gente sufriendo por las pérdidas humanas y sus pertenencias más necesarias.
Me alegra muchísimo que estés bien. Si puedes mantenme informada.
Un beso enorme de tu amiga que te quiere:
Rosa María.
lunes, 7 de febrero de 2011
SOY UN LIBERTARIO
Un día de 43º a la sombra! Delirante e inquieta como si hubiera tomado escribí estos versos locos. ¿Sabrán disculpar la tontería?
Ya saben que no hay distingos queremos a los hijos feos igual que a los otros.
Mientras estoy vagando por Buenos Aires y alrededores pongo paseos y visitas en el otro blog.
Los invito a que lo vean.
Y llegó el momento... de mi poesía loca. Saludos a todos y a todas.
SOY UN LIBERTARIO
Buscar y anotar a diario.
Ampliar el vocabulario.
Motiva este ideario
que abre un mundo imaginario
siempre amigo: El diccionario.
Se deshoja el calendario
de mi vida tributario;
que es el tiempo un mercenario
que cercena cual corsario
pero no al vocabulario.
Yo sigo con mi brevario
aunque resulte arbitrario;
tal vez no sea literario
y no guste este rosario
más soy de él partidario.
Siguiendo mi itinerario
pido sean solidarios.
No llamen al comisario
y dejen su comentario
ya ven: Soy un libertario.
Ya saben que no hay distingos queremos a los hijos feos igual que a los otros.
Mientras estoy vagando por Buenos Aires y alrededores pongo paseos y visitas en el otro blog.
Los invito a que lo vean.
Y llegó el momento... de mi poesía loca. Saludos a todos y a todas.
SOY UN LIBERTARIO
Buscar y anotar a diario.
Ampliar el vocabulario.
Motiva este ideario
que abre un mundo imaginario
siempre amigo: El diccionario.
Se deshoja el calendario
de mi vida tributario;
que es el tiempo un mercenario
que cercena cual corsario
pero no al vocabulario.
Yo sigo con mi brevario
aunque resulte arbitrario;
tal vez no sea literario
y no guste este rosario
más soy de él partidario.
Siguiendo mi itinerario
pido sean solidarios.
No llamen al comisario
y dejen su comentario
ya ven: Soy un libertario.
martes, 21 de diciembre de 2010
PAZ Y AMOR EN LAS FAMILIAS Y EN EL MUNDO
Que las palabras vuelen trayendo bien,
equidad, mesura y compostura
en gobiernos y familias.
Que las palabras vuelen trayendo alegrías,
ventura, salud y advenimientos
en familias y amistades.
Que las palabras vuelen trayendo recuerdos,
gratitud, encuentros y silencios
en los que nos precedieron.
Que las palabras vuelen trayendo inspiración,
enseñanzas, poemas y sonetos
en músicos y creadores.
Que las palabras vuelen haciendo el bien...

equidad, mesura y compostura
en gobiernos y familias.
Que las palabras vuelen trayendo alegrías,
ventura, salud y advenimientos
en familias y amistades.
Que las palabras vuelen trayendo recuerdos,
gratitud, encuentros y silencios
en los que nos precedieron.
Que las palabras vuelen trayendo inspiración,
enseñanzas, poemas y sonetos
en músicos y creadores.
Que las palabras vuelen haciendo el bien...

miércoles, 24 de noviembre de 2010
DE VACACIONES
Mural en el patio del Museo Larreta en Mataderos, zona típica de Buenos Aires

Mientras nuestro reportero fotógrafo viaja, veré si lo puedo espiar desde mis propias vacaciones que serán de paseos cortos y de las cuales les contaré en mi otro blog.
En tanto (como yo no sufro mucho el calor), disfruto de este sol maravilloso que para algunos puede resultar algo fuerte.
Les deseo lo mejor.
Hasta Marzo...
viernes, 19 de noviembre de 2010
LA DECISIÓN DEL FOTÓGRAFO-(Desaparecido parte 2)
Alez Picot… de algo me sonaba. Busqué en los archivos del periódico, otro desaparecido, residía en Barcelona, pocos datos. Médico forense relacionado con algunos asesinatos célebres como el de Alex Reinar. Éste era conocido por tratar con traficantes y la mafia en el exterior, concretamente en Lille donde se lo vio por última vez antes de subir al vuelo que lo llevaría a París. Se le perdió el rastro en Marsella, donde el avión hacía escala.
Si Louman lo escribió algo significaba, algo implicaba a Picot en estas misteriosas desapariciones. También consta en los archivos que se lo vio por última vez en Marsella. Mucha coincidencia.
Puerto importante Marsella, construcción de barcos y su entrada y salida hacia España, Suiza y otras rutas de comunicación. Petroquímica, refinerías de petróleo. Estoy imaginando que más que tráfico de drogas vendría el negocio por la construcción de barcos , o tal vez las drogas se disimularían en la propia construcción de los mismos y envío camuflado a España o Suiza.
No. Seguro que el dinero iría para Suiza y lo que fuera que traficaran a otros lugares.
Tendré que buscar más puntos de contacto in situ. Unas vacaciones a Marsella no me vendrán mal, llamará un poco la atención pero algo me dice que allí puedo desatar algún nudo interesante…
Ahora mismo voy a hablar con mi jefe, me debe varias días así que... allá voy...
¡Y no me harán desaparecer, lo prometo!
Si Louman lo escribió algo significaba, algo implicaba a Picot en estas misteriosas desapariciones. También consta en los archivos que se lo vio por última vez en Marsella. Mucha coincidencia.
Puerto importante Marsella, construcción de barcos y su entrada y salida hacia España, Suiza y otras rutas de comunicación. Petroquímica, refinerías de petróleo. Estoy imaginando que más que tráfico de drogas vendría el negocio por la construcción de barcos , o tal vez las drogas se disimularían en la propia construcción de los mismos y envío camuflado a España o Suiza.
No. Seguro que el dinero iría para Suiza y lo que fuera que traficaran a otros lugares.
Tendré que buscar más puntos de contacto in situ. Unas vacaciones a Marsella no me vendrán mal, llamará un poco la atención pero algo me dice que allí puedo desatar algún nudo interesante…
Ahora mismo voy a hablar con mi jefe, me debe varias días así que... allá voy...
¡Y no me harán desaparecer, lo prometo!
sábado, 16 de octubre de 2010
DESAPARECIDO
Golpeé brevemente con los nudillos sobre la puerta del despacho. No fue un pedido de permiso, ése ya lo tenía para reabrir el caso. Sólo fue una comprobación de que esa polvorienta y gastada madera no se desmoronaría al tocarla.
Resistió, golpeé un poco más fuerte, el sol que se colaba por alguna rendija hacía bailar infinitas motas de polvo en un haz de luz.
Parecía no haber peligro, entonces empujé levemente y la puerta se abrió con unos quejidos secos dejando ver el interior. Telas de arañas, algunos bichos sin identificar que huyeron hacia su cueva y polvo cubriéndolo todo. Maderas rotas por el paso del tiempo y por restos de alguna pelea y un profundo olor seco a sucio que me hizo estornudar esparciendo minúsculos arabescos de más polvillo, llevé mi mano izquierda hacia la nariz, mientras la derecha obturaba rápida la cámara sobre los distintos planos del despacho abandonado. Pasé al pequeño cuarto de baño casi eligiendo donde pisar, este tenía un pequeño espejo torcido y una ducha minúscula con una desgarrada cortina gris. Enfoqué todo y saqué fotos a diestra y siniestra, hasta el piso fue retratado.
Salí sin cerrar. Mi crónica relataría que estuve allí, en ese despacho fantasma tantas veces utilizado por el famoso detective René Louman desaparecido hace cinco años.
Lo vi pocas veces, las necesarias para comprender que era el mejor, nunca se supo nada de lo acaecido.
Seguí sacando fotos en la recepción, tampoco me sustraje a sacar fotos del espejo. En él se reflejaba la puerta abierta del despacho y el otro pequeño espejo del baño. Salí de allí con un extraño influjo sobre mi mente, algo me decía que iba a ser capaz de resolver el caso, de encontrar al detective vivo o muerto. Estaba eufórico sin saber porqué. Seguí en mi recorrida fotografiando todo.
Ya en mi estudio y reveladas las fotos las puse a secar, luego pasé a la ducha a sacarme la sensación de polvo del pelo y el cuerpo. Sonreí a mi espejo que me devolvió la imagen de siempre, y como siempre pasé mi habano por él escribiendo René Louman y no el mío como era mi costumbre,. ¿Estaba obsesionado o era deformación profesional? No perdía esa manía cada vez que tenía un caso difícil.
La ducha fue reconfortante, demoré más que de costumbre en ella. Cuando salí el nombre de René Louman, se leía perfectamente en el espejo totalmente empañado.
Las fotos estaban nítidas, eran bastantes, siempre exagerado me dije. Había detalles difusos, el polvo cubría casi todo. Mi jefe no se quejaría pensé, tenía fotos hasta de mis zapatos. Las ingresé en el ordenador. Amplié partes interesantes acercándolas con el zoom. Fragmenté cada una de ellas minuciosamente. En el piso del baño casi debajo del espejo, un detalle en el que no reparé cuando estuve allí llamó mi atención, parecía un cilindro cubierto con tierra, bien podría ser una bala. Al pasar el zoom por el espejo observé irregularidades entre capa y capa de tierra, acercándolo más vi con asombro que eran letras apenas legibles, acerqué una por una y pude leer dificultosamente: “Alex Picot” Solté todo el aliento que había tenido retenido. Enseguida empecé a averiguar desde mi ordenador los datos del suceso. Decidí que ahora continuaría en secreto mis investigaciones y desde luego esa fotografía y muchas otras no irían a la crónica. Eran mi punta del ovillo en ese misterioso caso.
Volví a la foto, el cilindro del piso parecía ser, algo así como: ¡un habano!. Tendría que volver a esa casa, en el espejo comenzaba la solución.
Resistió, golpeé un poco más fuerte, el sol que se colaba por alguna rendija hacía bailar infinitas motas de polvo en un haz de luz.
Parecía no haber peligro, entonces empujé levemente y la puerta se abrió con unos quejidos secos dejando ver el interior. Telas de arañas, algunos bichos sin identificar que huyeron hacia su cueva y polvo cubriéndolo todo. Maderas rotas por el paso del tiempo y por restos de alguna pelea y un profundo olor seco a sucio que me hizo estornudar esparciendo minúsculos arabescos de más polvillo, llevé mi mano izquierda hacia la nariz, mientras la derecha obturaba rápida la cámara sobre los distintos planos del despacho abandonado. Pasé al pequeño cuarto de baño casi eligiendo donde pisar, este tenía un pequeño espejo torcido y una ducha minúscula con una desgarrada cortina gris. Enfoqué todo y saqué fotos a diestra y siniestra, hasta el piso fue retratado.
Salí sin cerrar. Mi crónica relataría que estuve allí, en ese despacho fantasma tantas veces utilizado por el famoso detective René Louman desaparecido hace cinco años.
Lo vi pocas veces, las necesarias para comprender que era el mejor, nunca se supo nada de lo acaecido.
Seguí sacando fotos en la recepción, tampoco me sustraje a sacar fotos del espejo. En él se reflejaba la puerta abierta del despacho y el otro pequeño espejo del baño. Salí de allí con un extraño influjo sobre mi mente, algo me decía que iba a ser capaz de resolver el caso, de encontrar al detective vivo o muerto. Estaba eufórico sin saber porqué. Seguí en mi recorrida fotografiando todo.
Ya en mi estudio y reveladas las fotos las puse a secar, luego pasé a la ducha a sacarme la sensación de polvo del pelo y el cuerpo. Sonreí a mi espejo que me devolvió la imagen de siempre, y como siempre pasé mi habano por él escribiendo René Louman y no el mío como era mi costumbre,. ¿Estaba obsesionado o era deformación profesional? No perdía esa manía cada vez que tenía un caso difícil.
La ducha fue reconfortante, demoré más que de costumbre en ella. Cuando salí el nombre de René Louman, se leía perfectamente en el espejo totalmente empañado.
Las fotos estaban nítidas, eran bastantes, siempre exagerado me dije. Había detalles difusos, el polvo cubría casi todo. Mi jefe no se quejaría pensé, tenía fotos hasta de mis zapatos. Las ingresé en el ordenador. Amplié partes interesantes acercándolas con el zoom. Fragmenté cada una de ellas minuciosamente. En el piso del baño casi debajo del espejo, un detalle en el que no reparé cuando estuve allí llamó mi atención, parecía un cilindro cubierto con tierra, bien podría ser una bala. Al pasar el zoom por el espejo observé irregularidades entre capa y capa de tierra, acercándolo más vi con asombro que eran letras apenas legibles, acerqué una por una y pude leer dificultosamente: “Alex Picot” Solté todo el aliento que había tenido retenido. Enseguida empecé a averiguar desde mi ordenador los datos del suceso. Decidí que ahora continuaría en secreto mis investigaciones y desde luego esa fotografía y muchas otras no irían a la crónica. Eran mi punta del ovillo en ese misterioso caso.
Volví a la foto, el cilindro del piso parecía ser, algo así como: ¡un habano!. Tendría que volver a esa casa, en el espejo comenzaba la solución.
domingo, 3 de octubre de 2010
EL CUMPLEAÑOS
(¡No se equivocaron de blog..!)
La bizcochona como vino al mundo:
Mis dedos retomaron el teclado, no para poesías, tampoco para cuentos, simplemente compartir en este relato íntimo, sensaciones.
Estoy escuchando una música de rock pesado que me da energía, cuando a otros los agobia a mí precisamente me “levanta”, y la escucho temprano, al levantarme.
El sol pone lo suyo para alegrar la mañana, aunque ya son a las 13,30 de este 3 de octubre de 2010.
Ilumina todo, refleja los colores de las plantas en las paredes y también el de las paredes en los cristales; algunas plantas gozan de él, otras se esconden un poco. Como en todo ser, es cuestión de gusto y tolerancia al medio ambiente.
Acabo de comer la rica pizza de humita que quedó de anoche, no desprecié la de roquefort, porciones, claro, ya que fueron los pocos restos del festejo del cumpleaños de mi hijo.
La de panceta y pimientos así como la de jamón y aceitunas negras, hicieron el recorrido completo hasta el estómago de los que vinieron, viaje que también fue para la de huevos duros y tomate, al igual que todo lo demás que se salvó de la “destrucción total”
Eso que previo hubo ensaladas varias para preparar a gusto. Realmente ricas e introductorias a las pizzas.
No le hice asco a un trozo de flan el que fue acompañado (no por mi) de dulce de leche y crema según el gusto de cada uno. Eran los restos del que preparó Valentina tan pacientemente. Ella es mi sobrina nieta.

La bizcochona como vino al mundo:
Mis dedos retomaron el teclado, no para poesías, tampoco para cuentos, simplemente compartir en este relato íntimo, sensaciones.Estoy escuchando una música de rock pesado que me da energía, cuando a otros los agobia a mí precisamente me “levanta”, y la escucho temprano, al levantarme.
El sol pone lo suyo para alegrar la mañana, aunque ya son a las 13,30 de este 3 de octubre de 2010.
Ilumina todo, refleja los colores de las plantas en las paredes y también el de las paredes en los cristales; algunas plantas gozan de él, otras se esconden un poco. Como en todo ser, es cuestión de gusto y tolerancia al medio ambiente.
Acabo de comer la rica pizza de humita que quedó de anoche, no desprecié la de roquefort, porciones, claro, ya que fueron los pocos restos del festejo del cumpleaños de mi hijo.
La de panceta y pimientos así como la de jamón y aceitunas negras, hicieron el recorrido completo hasta el estómago de los que vinieron, viaje que también fue para la de huevos duros y tomate, al igual que todo lo demás que se salvó de la “destrucción total”
Eso que previo hubo ensaladas varias para preparar a gusto. Realmente ricas e introductorias a las pizzas.
No le hice asco a un trozo de flan el que fue acompañado (no por mi) de dulce de leche y crema según el gusto de cada uno. Eran los restos del que preparó Valentina tan pacientemente. Ella es mi sobrina nieta.
La peque, cumple 4 añitos mañana, día 4. No dejó de revolver ni un minuto, pues esperaba, tal como le dije los globitos que se formarían al final y, cuando estos aparecieron, exclamó como una experta: ¡Ya está! Pero seguía revolviendo pues algunos se hacían más grandes.
Finalmente lo vertimos en la flanera acaramelada, por supuesto que antes probó un poco del caramelo, casi asombrada de que pareciera caramelo.
Valentina es dulce y al mismo tiempo rabuda, término muy gallego que define su carácter a veces difícil; es muy inteligente y de una cosa pasa a la otra con gran curiosidad.
Veo los restos del bizcochón de harina integral y común mezcladas. Hecho con aceite y el clásico yogur al que le agregué tres manzanas, cosa que lo hizo muy húmedo y sabroso, esta vez no hubo decoración, pero realmente sabíamos que era la dedicación máxima para cantar el cumple y… volver a brindar… y vuelta a las felicitaciones y deseos de éxito y salud.
Fue mi desayuno esta mañana, con buenos recuerdos junto a un té con leche sin azúcar, como es mi costumbre...
También se salvó parte del helado que esperará la media tarde cuando el calorcillo primaveral lo pida.
Jajaja… esto parece el relato de una bulímica, no es así, es para que lo compartan junto a mí y brinden con gaseosa, cerveza o lo que prefieran, todo vale como un homenaje más, ya que los cumpleaños deben festejarse así, sencillos pero en familia y con amigos, entre risas, anécdotas, recuerdos y bromas.
Está claro que en todo cumple el trabajo es extra y el después mayor, pero: ¡Nadie quita la satisfacción y felicidad de compartir! ¿Verdad?
En realidad mi hijo cumplió años el 29 de septiembre, pero a mitad de semana es difícil reunirse pues se trabaja al día siguiente.
Bendiciones y cariño para los que compartieron y comparten esto…
¡Feliz cumpleaños... Nene..!
Finalmente lo vertimos en la flanera acaramelada, por supuesto que antes probó un poco del caramelo, casi asombrada de que pareciera caramelo.
Valentina es dulce y al mismo tiempo rabuda, término muy gallego que define su carácter a veces difícil; es muy inteligente y de una cosa pasa a la otra con gran curiosidad.
Veo los restos del bizcochón de harina integral y común mezcladas. Hecho con aceite y el clásico yogur al que le agregué tres manzanas, cosa que lo hizo muy húmedo y sabroso, esta vez no hubo decoración, pero realmente sabíamos que era la dedicación máxima para cantar el cumple y… volver a brindar… y vuelta a las felicitaciones y deseos de éxito y salud.
Fue mi desayuno esta mañana, con buenos recuerdos junto a un té con leche sin azúcar, como es mi costumbre...
También se salvó parte del helado que esperará la media tarde cuando el calorcillo primaveral lo pida.
Jajaja… esto parece el relato de una bulímica, no es así, es para que lo compartan junto a mí y brinden con gaseosa, cerveza o lo que prefieran, todo vale como un homenaje más, ya que los cumpleaños deben festejarse así, sencillos pero en familia y con amigos, entre risas, anécdotas, recuerdos y bromas.
Está claro que en todo cumple el trabajo es extra y el después mayor, pero: ¡Nadie quita la satisfacción y felicidad de compartir! ¿Verdad?
En realidad mi hijo cumplió años el 29 de septiembre, pero a mitad de semana es difícil reunirse pues se trabaja al día siguiente.
Bendiciones y cariño para los que compartieron y comparten esto…
¡Feliz cumpleaños... Nene..!domingo, 19 de septiembre de 2010
POÉTICA
de JOAQUÍN GIANUZZI (click en el nombre)
La poesía no nace.
Está allí, al alcance de toda boca
para ser doblada, repetida,
citada total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas,
aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil,
una taza azul.
Vio cada cosa solitaria y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano,
otro par de ojos,
otra flauta?
No agregue.
No distorsione.
No cambie la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.
La poesía no nace.
Está allí, al alcance de toda boca
para ser doblada, repetida,
citada total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas,
aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil,
una taza azul.
Vio cada cosa solitaria y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano,
otro par de ojos,
otra flauta?
No agregue.
No distorsione.
No cambie la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.
viernes, 10 de septiembre de 2010
BIBLIOTECA

A 200 AÑOS DE LA CREACIÓN DE LA BIBLIOTECA NACIONAL ARGENTINA:
Repito esta poesía que puse hace un tiempo:
En el silencio multiparlante de los libros,
se inicia una conversación muda.
El lector, inmóvil en el sillón,
se mueve por montañas por valles y por mares.
La mágica palabra lo acompaña,
y sin decirle nada, dice todo.
Biblioteca: referencia de autor, número,
clave,intimidad, silencio y mil palabras.
domingo, 18 de julio de 2010
LA NOCHE ES OSCURA
Lo estoy mirando desde lejos, controlando sus movimientos. Él también me mira. Su aspecto es oscuro, como el mío aunque es mucho más grande, muy grande.
Estoy seguro de que le gano en rapidez, todo es cuestión de agilidad, de calcular el momento justo; exactamente antes de que llegue hasta mí.
Sigo cerca de la pared, tenso, expectante, quieto. Él ya está cerca, camina por el centro de la vereda. La noche es oscura. Nuestros ojos se cruzan, estamos a pocos pasos. Antes de que llegue salto y paso por delante de él con rapidez, no vaya a ser cosa que pase antes que yo. Lo miro desde enfrente, desafiante.
- ¡Este humano de mierda no me va a traer mala suerte! – digo mientras trepo por el árbol desnudo.
Me agazapo y oigo que murmura algo por lo bajo. No entiendo su lenguaje…
-¡ frshshsh!, ¡ miaaáaau! – le contesto. Me mira con ojos grandes. Creo que lo asusté.
Yo soy negro.
El humano y la noche son oscuros.
Me gusta la noche.
- ¡Miaaauuuuu! -
Estoy seguro de que le gano en rapidez, todo es cuestión de agilidad, de calcular el momento justo; exactamente antes de que llegue hasta mí.
Sigo cerca de la pared, tenso, expectante, quieto. Él ya está cerca, camina por el centro de la vereda. La noche es oscura. Nuestros ojos se cruzan, estamos a pocos pasos. Antes de que llegue salto y paso por delante de él con rapidez, no vaya a ser cosa que pase antes que yo. Lo miro desde enfrente, desafiante.
- ¡Este humano de mierda no me va a traer mala suerte! – digo mientras trepo por el árbol desnudo.
Me agazapo y oigo que murmura algo por lo bajo. No entiendo su lenguaje…
-¡ frshshsh!, ¡ miaaáaau! – le contesto. Me mira con ojos grandes. Creo que lo asusté.
Yo soy negro.
El humano y la noche son oscuros.
Me gusta la noche.
- ¡Miaaauuuuu! -
lunes, 5 de julio de 2010
JAQUE AL JUEZ
- El juicio se pospone para Julio dos - dijo el Juez jurando mentalmente.
- "Este jactancioso no me joroba en un jueves; justo en Julio se acaba su judicatura. Juraría que es una jugarreta para no juzgar a mi joven defendido" - pensaba el jurista.
Se acercó al Juez diciendo:
- El Sr. Juez olvida que no tendrá jurisprudencia el jueves dos de Julio.
El juez fue justo y dijo conteniendo un juramento:
- El jurado se reunirá el jueves 25 de Junio para este juicio -
-" Me jodió el jueves" - Se dijo el jurista
José Jumento, el acusado, se jactaba jubiloso diciendo por lo bajo:
- Jaque al Juez.
- "Este jactancioso no me joroba en un jueves; justo en Julio se acaba su judicatura. Juraría que es una jugarreta para no juzgar a mi joven defendido" - pensaba el jurista.
Se acercó al Juez diciendo:
- El Sr. Juez olvida que no tendrá jurisprudencia el jueves dos de Julio.
El juez fue justo y dijo conteniendo un juramento:
- El jurado se reunirá el jueves 25 de Junio para este juicio -
-" Me jodió el jueves" - Se dijo el jurista
José Jumento, el acusado, se jactaba jubiloso diciendo por lo bajo:
- Jaque al Juez.
viernes, 25 de junio de 2010
LA SOGA
Las gruesas gotas de la tormenta que aterrizaban en el techo de zinc enmudecían el ruido que producía cada martillazo en el travesaño vertical que, de un lado a otro de su habitación, montaba Pedro. Una circunferencia ovalada con un lazo corrido cerraba la soga gruesa que colgaba en el centro delmadero. Finalmente, remachó con fuerza los clavos, bajó la escalera, colocó una silla debajo de la soga y observó el círculo siniestro que hacia el nudo corredizo.
Un golpe de viento abrió la ventana y la soga se movió hacia el pasillo devolviéndose como un regulador pendular. Un trueno retumbó cercano como anunciando el éxito de la construcción de aquel aparato mortal. Había terminado su obra. Una horca. Cerró la ventana por completo.
Salió de la habitación, caminó hasta la sala donde un enorme vaso de whisky lo esperaba. Se lo tomó de un sorbo y preparó una copa de vino para Isabel a la que echó un poderoso somnífero. “No voy a utilizar la violencia en su contra, la ahorcaré mientras duerme.”
El día anterior se había graduado con honores en la Gran Academia de la Fuerza Aérea, como piloto de aviones Cazas Blackhawk; se le entregaron unos cinco pergaminos de honor que ahora observaba con desdén sobre la mesa al lado de su chaqueta militar repleta de medallas; a sus 24 años, posiblemente ningún miembro de la institución aérea había acumulado tantos galardones al éxito, la eficiencia y la dedicación a los estudios como él. Y sin embargo, seguía siendo un cadete, faltaba el diploma que lo acreditara como Oficial Primer piloto, sin la necesidad de un nuevo sacrificio.
Porque ya se había sacrificado, a su entender; una semana atrás lo habían llevado a una cárcel de torturas donde le explicaron que su examen final consistía en liquidar a un prisionero. Le mostraron a un presidiario atado a una pared y le entregaron una pistola. Disparó porque tenía que disparar. Había crecido en el vientre de la dictadura y sabia lo que una negativa significaba para él y su familia.
Pero ese crimen no estaba en su agenda, desconocía hasta ese momento esa clase de prueba de lealtad al régimen , mas ni siquiera sabía lo que aún le esperaba: “El Jefe en persona quiere hablar contigo” fue lo que le dijeron antes de que el hombre que había baleado empezara a desplomarse. Pensó que el Jefe lo felicitaría por haber sido el mejor estudiante de la academia militar y haber pasado su último “examen” y no fue así.
El Jefe le habló de Isabel, su novia desde la infancia, le dijo que ella pertenecía a los Comandos Clandestinos Pro Democracia, sus enemigos jurados, y que él necesitaba un compromiso mayor sobre su lealtad; le prometió graduarlo con sus honores, ascenderlo; enviarlo a hacer un curso de Estado Mayor para que en un par de años fuera Coronel, y en un par de años más estuviera listo para ser el General en Jefe más joven de las fuerzas armadas del país. A cambio, no le pedía gran cosa ––según el jefe, sólo liquidar a su novia. “Lealtad a una mujer o lealtad a la patria” ––finalizó de manera casi burlona.
Al escuchar tamañas palabras en la vocecita afeminada del Jefe,sintió que le temblaban hasta las uñas de las manos; sólo pudo expresar:
––Respetuosamente Señor, me permito recordarle que mi novia es hija del Comandante en Jefe del Ejército.
––De eso me encargo yo ––contestó el Jefe, dando por terminada la conversación.
Y al salir del despacho del Jefe, un general le entregó una soga: “Debes ahorcarla” ––le dijo, ––El Jefe la quiere ver colgando.
II
Sus nervios estaban tan tensos y sus pensamientos tan desordenados que el vaso de whisky le supo a agua. Preparó otro trago y de nuevo se lo tomó de un sorbo, dejándose caer con el vaso vacío en el sillón de la sala desde donde observó el corredor donde quedaba la habitación.
Sus ojos se alargaron como la lengua de algunos lagartos, al ver que el círculo que hacía la soga al final, se encontraba suspendido en medio del corredor, como si lo mirase a él. "Parece que un viento sostenido sacó la soga de la habitación y la mantiene en ese estado inmóvil" pensó. De todas maneras sintió un poco de turbación, no estaba acostumbrado a una situación tan dramática: matar a su amada para poder conducir orgullosamente un avión de la Gran Fuerza Aérea.
Se movió hacia la habitación con un sellador y taponó cada orificio de la ventana; se había asustado un poco con esa imagen de la soga como si lo observara. Regresó al mueble y de nuevo miró al corredor y otra vez vio la soga, esta vez danzando como el péndulo de un reloj.
––¡Maldita soga! - se dijo.
Tomó el teléfono y empezó a marcar. La madre de Isabel le contestó que ella había salido hacia la casa, que quizás no había llegado debido a las calles anegadas por el temporal. No había ajustado bien el auricular cuando escuchó el ruido como de una silla rodando, un golpe fuerte como de huesos rotos y un gemido como de una mujer que provenía de la habitación, sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Salió caminando discretamente hacia la habitación. Lo que vio lo dejó pasmado: la silla efectivamente había rodado por el suelo y la soga estaba inmóvil, tan tensa que pareciera que alguien invisible colgaba de ella, especialmente porque el círculo se había cerrado casi al tamaño del cuello de una persona.
Se quedó con los ojos fijos al pequeño círculo del final de la soga e instintivamente movió sus brazos como si fuera a tocar a alguien invisible que estuviera colgando. Afuera, los truenos y relámpagos parecían enloquecer la noche.
El ruido del timbre de la puerta le dio un susto tan enorme que tropezó con la silla, giró en redondo y se golpeó el hombro contra la pared. El timbre siguió sonando, pero al tratar de pararse el dolor en el hombro era tan intenso que no podía apoyar los brazos. Sabía que era ella. Hizo un esfuerzo para pararse y cayó de espaldas con los ojos mirando al techo. El timbre dejó de sonar. En ese momento un rayo estropeó la energía eléctrica. La oscuridad se apoderó del recinto.
El enorme resplandor de otro rayo traspasó las pequeñas rendijas de la ventana que se quedaron sin sellar. Pudo ver, con los ojos tan agrandados que parecieran salir de sus órbitas, que la soga iba creciendo lentamente buscando su cuello. Trató de moverse y no pudo por lo que se agarró con ambas manos el cuello. El resplandor de otro rayo le dio la oportunidad de ver a su novia, totalmente empapada, en la puerta de la habitación, con una linterna encendida en su mano izquierda y un par de paquetes orlados en papel de regalos en la mano derecha. Los regalos de su graduación.
–Mi amor, ¿que haces en esa postura? ––preguntó Isabel, extrañada, aunque intuyó que se había caído por la oscuridad.
Luego, lo ayudó a pararse, lo llevó en hombros hasta el sofá, le quitó la camisa, le vendó el hombro lesionado, mimó su frente, le preparó un trago de whisky doble, y tomó la copa que él había preparado para ella. Cuando Pedro observó que Isabel se llevaba la copa a la boca, suplicante gritó un “no” que pudo haberse comparado en estridencia con el trueno que reventó cerca de la casa en ese momento.
–¿No, qué? ––preguntó ella, sorprendida.
–No nada, contestó Pedro.
Era tarde, ella había bebido todo el contenido de la copa.
–La horca –dijo él, ansioso, como si preguntara, mientras Isabel paladeaba el vino.
–¿Cuál horca? -preguntó de nuevo Isabel.
–La horca en la habitación, en mi habitación, cielo. ––insistió Pedro, ¿no la viste?
–No sé de que hablas, amor, no vi horca ni nada que se le parezca, dijo Isabel moviéndose hacia la despensa a buscar los utensilios para preparar la mesa. En la tercera división del armario, Isabel observó una extraña soga de color verde claro. Se quedó examinándola como cavilando si podría utilizarla en algún decorado de la mesa, mas dio un paso atrás porque percibió que la soga se había movido y levantado la parte delantera como hacen las serpientes cobras.
En ese momento la casa fue estremecida por un trueno que al parecer retumbó en las cercanías, y un segundo después, otro estampido que a Isabel le lució más cercano, como si hubiese detonado dentro de la casa. Examinó la soga de nuevo y se dio cuenta que había sido una sensación vaga, una ligera mala impresión. Recogió algunos utensilios, incluyendo un viejo vino y fijó la dirección de sus pasos hacia la sala.
La sangre brotaba a borbotones de un enorme círculo abierto en la sien derecha de Pedro, quien reposaba en el sillón como si estuviera dormido; en los dedos de su mano derecha, que aún se movían levemente, se escapaba de a poco la pistola. En el suelo un bolígrafo, y en su mano izquierda un papel con sus trazos:
“La soga era del color que brota de mis sienes, Isabel; yo la pinté de verde para que doliera menos.”
Joan Castillo
JOAN CASTILLO, fue y es mi amigo, digo fue porque ya no está en presencia sino en espíritu entre los que disfrutamos de sus letras.
Este SU relato es un homenaje a su memoria.
No te olvidaré amigo, donde estés seguirás con tu pasión por las letras, que estés feliz y en paz.
Un golpe de viento abrió la ventana y la soga se movió hacia el pasillo devolviéndose como un regulador pendular. Un trueno retumbó cercano como anunciando el éxito de la construcción de aquel aparato mortal. Había terminado su obra. Una horca. Cerró la ventana por completo.
Salió de la habitación, caminó hasta la sala donde un enorme vaso de whisky lo esperaba. Se lo tomó de un sorbo y preparó una copa de vino para Isabel a la que echó un poderoso somnífero. “No voy a utilizar la violencia en su contra, la ahorcaré mientras duerme.”
El día anterior se había graduado con honores en la Gran Academia de la Fuerza Aérea, como piloto de aviones Cazas Blackhawk; se le entregaron unos cinco pergaminos de honor que ahora observaba con desdén sobre la mesa al lado de su chaqueta militar repleta de medallas; a sus 24 años, posiblemente ningún miembro de la institución aérea había acumulado tantos galardones al éxito, la eficiencia y la dedicación a los estudios como él. Y sin embargo, seguía siendo un cadete, faltaba el diploma que lo acreditara como Oficial Primer piloto, sin la necesidad de un nuevo sacrificio.
Porque ya se había sacrificado, a su entender; una semana atrás lo habían llevado a una cárcel de torturas donde le explicaron que su examen final consistía en liquidar a un prisionero. Le mostraron a un presidiario atado a una pared y le entregaron una pistola. Disparó porque tenía que disparar. Había crecido en el vientre de la dictadura y sabia lo que una negativa significaba para él y su familia.
Pero ese crimen no estaba en su agenda, desconocía hasta ese momento esa clase de prueba de lealtad al régimen , mas ni siquiera sabía lo que aún le esperaba: “El Jefe en persona quiere hablar contigo” fue lo que le dijeron antes de que el hombre que había baleado empezara a desplomarse. Pensó que el Jefe lo felicitaría por haber sido el mejor estudiante de la academia militar y haber pasado su último “examen” y no fue así.
El Jefe le habló de Isabel, su novia desde la infancia, le dijo que ella pertenecía a los Comandos Clandestinos Pro Democracia, sus enemigos jurados, y que él necesitaba un compromiso mayor sobre su lealtad; le prometió graduarlo con sus honores, ascenderlo; enviarlo a hacer un curso de Estado Mayor para que en un par de años fuera Coronel, y en un par de años más estuviera listo para ser el General en Jefe más joven de las fuerzas armadas del país. A cambio, no le pedía gran cosa ––según el jefe, sólo liquidar a su novia. “Lealtad a una mujer o lealtad a la patria” ––finalizó de manera casi burlona.
Al escuchar tamañas palabras en la vocecita afeminada del Jefe,sintió que le temblaban hasta las uñas de las manos; sólo pudo expresar:
––Respetuosamente Señor, me permito recordarle que mi novia es hija del Comandante en Jefe del Ejército.
––De eso me encargo yo ––contestó el Jefe, dando por terminada la conversación.
Y al salir del despacho del Jefe, un general le entregó una soga: “Debes ahorcarla” ––le dijo, ––El Jefe la quiere ver colgando.
II
Sus nervios estaban tan tensos y sus pensamientos tan desordenados que el vaso de whisky le supo a agua. Preparó otro trago y de nuevo se lo tomó de un sorbo, dejándose caer con el vaso vacío en el sillón de la sala desde donde observó el corredor donde quedaba la habitación.
Sus ojos se alargaron como la lengua de algunos lagartos, al ver que el círculo que hacía la soga al final, se encontraba suspendido en medio del corredor, como si lo mirase a él. "Parece que un viento sostenido sacó la soga de la habitación y la mantiene en ese estado inmóvil" pensó. De todas maneras sintió un poco de turbación, no estaba acostumbrado a una situación tan dramática: matar a su amada para poder conducir orgullosamente un avión de la Gran Fuerza Aérea.
Se movió hacia la habitación con un sellador y taponó cada orificio de la ventana; se había asustado un poco con esa imagen de la soga como si lo observara. Regresó al mueble y de nuevo miró al corredor y otra vez vio la soga, esta vez danzando como el péndulo de un reloj.
––¡Maldita soga! - se dijo.
Tomó el teléfono y empezó a marcar. La madre de Isabel le contestó que ella había salido hacia la casa, que quizás no había llegado debido a las calles anegadas por el temporal. No había ajustado bien el auricular cuando escuchó el ruido como de una silla rodando, un golpe fuerte como de huesos rotos y un gemido como de una mujer que provenía de la habitación, sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Salió caminando discretamente hacia la habitación. Lo que vio lo dejó pasmado: la silla efectivamente había rodado por el suelo y la soga estaba inmóvil, tan tensa que pareciera que alguien invisible colgaba de ella, especialmente porque el círculo se había cerrado casi al tamaño del cuello de una persona.
Se quedó con los ojos fijos al pequeño círculo del final de la soga e instintivamente movió sus brazos como si fuera a tocar a alguien invisible que estuviera colgando. Afuera, los truenos y relámpagos parecían enloquecer la noche.
El ruido del timbre de la puerta le dio un susto tan enorme que tropezó con la silla, giró en redondo y se golpeó el hombro contra la pared. El timbre siguió sonando, pero al tratar de pararse el dolor en el hombro era tan intenso que no podía apoyar los brazos. Sabía que era ella. Hizo un esfuerzo para pararse y cayó de espaldas con los ojos mirando al techo. El timbre dejó de sonar. En ese momento un rayo estropeó la energía eléctrica. La oscuridad se apoderó del recinto.
El enorme resplandor de otro rayo traspasó las pequeñas rendijas de la ventana que se quedaron sin sellar. Pudo ver, con los ojos tan agrandados que parecieran salir de sus órbitas, que la soga iba creciendo lentamente buscando su cuello. Trató de moverse y no pudo por lo que se agarró con ambas manos el cuello. El resplandor de otro rayo le dio la oportunidad de ver a su novia, totalmente empapada, en la puerta de la habitación, con una linterna encendida en su mano izquierda y un par de paquetes orlados en papel de regalos en la mano derecha. Los regalos de su graduación.
–Mi amor, ¿que haces en esa postura? ––preguntó Isabel, extrañada, aunque intuyó que se había caído por la oscuridad.
Luego, lo ayudó a pararse, lo llevó en hombros hasta el sofá, le quitó la camisa, le vendó el hombro lesionado, mimó su frente, le preparó un trago de whisky doble, y tomó la copa que él había preparado para ella. Cuando Pedro observó que Isabel se llevaba la copa a la boca, suplicante gritó un “no” que pudo haberse comparado en estridencia con el trueno que reventó cerca de la casa en ese momento.
–¿No, qué? ––preguntó ella, sorprendida.
–No nada, contestó Pedro.
Era tarde, ella había bebido todo el contenido de la copa.
–La horca –dijo él, ansioso, como si preguntara, mientras Isabel paladeaba el vino.
–¿Cuál horca? -preguntó de nuevo Isabel.
–La horca en la habitación, en mi habitación, cielo. ––insistió Pedro, ¿no la viste?
–No sé de que hablas, amor, no vi horca ni nada que se le parezca, dijo Isabel moviéndose hacia la despensa a buscar los utensilios para preparar la mesa. En la tercera división del armario, Isabel observó una extraña soga de color verde claro. Se quedó examinándola como cavilando si podría utilizarla en algún decorado de la mesa, mas dio un paso atrás porque percibió que la soga se había movido y levantado la parte delantera como hacen las serpientes cobras.
En ese momento la casa fue estremecida por un trueno que al parecer retumbó en las cercanías, y un segundo después, otro estampido que a Isabel le lució más cercano, como si hubiese detonado dentro de la casa. Examinó la soga de nuevo y se dio cuenta que había sido una sensación vaga, una ligera mala impresión. Recogió algunos utensilios, incluyendo un viejo vino y fijó la dirección de sus pasos hacia la sala.
La sangre brotaba a borbotones de un enorme círculo abierto en la sien derecha de Pedro, quien reposaba en el sillón como si estuviera dormido; en los dedos de su mano derecha, que aún se movían levemente, se escapaba de a poco la pistola. En el suelo un bolígrafo, y en su mano izquierda un papel con sus trazos:
“La soga era del color que brota de mis sienes, Isabel; yo la pinté de verde para que doliera menos.”
Joan Castillo
JOAN CASTILLO, fue y es mi amigo, digo fue porque ya no está en presencia sino en espíritu entre los que disfrutamos de sus letras.
Este SU relato es un homenaje a su memoria.
No te olvidaré amigo, donde estés seguirás con tu pasión por las letras, que estés feliz y en paz.
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